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Wos armó un show conceptual, presentó Descartable y conquistó Racing

Un Valentín Oliva cada vez más rockero deslumbró a los 40.000 espectadores que coparon Racing.

Wos se convirtió en el primer artista de música urbana en dar un recital en un estadio de linaje tan rockero como el de Racing Club, escenario de conciertos históricos de Los Redondos o La Renga.

Para los rockeros más ortodoxos, la llegada a ese templo de Valentín Oliva no debe ser vista como una herejía: debe ser considerado un músico de rock, más allá de su origen en el freestyle.

Y uno de los mejores, porque desde que dejó el circuito de batallas de gallos armó una banda poderosa y recorrió el circuito soñado por todo rockero: Groove, Obras, Luna Park, Argentinos Juniors… y Racing, además de los festivales (Lollapalooza, Cosquìn) y las giras. Siempre ascendente.

En la noche del sábado, ante 40 mil personas, Wos presentó su nuevo álbum, Descartable, y dio una nueva demostración de su desbordante talento, energía y carisma. No armó un simple compilado de éxitos, sino que mostró un show ambicioso, conceptual y sofisticado, con invitados de lujo.

Un escenario imponente: muy ancho y alto, con una escenografía de chapas y chimeneas en los extremos, que daban la impresión de una fábrica retrofuturista. Y la pantalla de video, aun apagada, era de un tamaño comparable a toda la boca del escenario.

A las 21:45, se apagaron las luces y comenzó a sonar Nuevas coordenadas y se vieron las siluetas de los músicos en la pantalla gigante, mientras apareció Wos a solas en el medio, con el pelo teñido de rojo. Recién al final aparecieron las dos guitarras y el bajo.

La ovación tras el primer tema marcó el clima de la noche, con una adhesión incondicional. Pero Wos traía una apuesta: no presentó una seguidilla de hits, sino que armó una dinámica llena de climas y claroscuros, subrayando tanto sus sus letras explosivas como las más introspectivas.

No buscó el impacto tan habitual en esta época de emociones fugaces (“descartables”, como el título de su disco), sino que se jugó por tomarse el tiempo para brindar cada canción con el ambiente ideal. Si otros artistas toman el camino contundente y multicolor de los Rolling Stones, Wos buscó una ruta recorrida por figuras como Roger Waters, con sutilezas y momentos casi cinematográficos en blanco y negro.

Pasado el impacto del primer tema, los operarios industriales trajeron las tarimas del baterista Tomás Sainz y el tecladista Francisco Azoral, que se sumaron en el poderoso tema 7/8 y la emblemática Andrómeda del 2018. Ya estaban en escena Natasha Iurcovich en el bajo, Ivanna “Chipi” Rud en guitarra y más adelante Mariano “Tiki” Cantero en percusión.

El midtempo de Contando ovejas y la épica balada Melón vino (ya con Facundo “Evlay” Yalvé como invitado en guitarra) dieron un respiro a tanta energía. Con Lleno de zafiros hubo subtítulos con la letra, y después de un corto con imágenes de fábrica apareció Wos en el extremo izquierdo para escupir la letra de Puaj a todo freestyle, con un trío de vientos sumándose al funk que culminó con un solo de bajo.

Fresco contó con luces de colores, los vientos y un solo de teclados, mientras que Niño gordo flaco trajo a Ca7riel haciendo rap en la pasarela que se metía entre las primeras filas, además de lucirse con un incendiario solo de guitarra entre los fuegos artificiales. Fue cuando se lo vio más suelto y sonriente a Wos, que en otros temas estaba más serio, quizás concentrado en toda la puesta.

El bloque cerró con lo que Wos llamó “un mantra de expresión de deseo”: el enérgico y arrollador Que se mejoren, con más explosiones y llamaradas, además de tener al cantante entre la gente.

Rumbo a la primera hora de recital, los operarios llevaron un árbol al medio del escenario y llegó un pasaje más introspectivo con Estímulo y el hit mundialista Arrancármelo, tocado junto a Evlay en la pasarela.

Siguieron Morfeo, Okupa (con gran solo de Chipi), Que se haga tarde y un momento de improvisación de percusión con señas, con Wos dando indicaciones a la usanza de su padre, Alejandro Oliva, de La Bomba de Tiempo, aunque aquí sumó onomatopeyas rítmicas de beatbox. Desembocó en un freestyle con menciones al Cilindro y la luna de Avellaneda.

Uno de los momentos más rockeros fue la versión de Luz delito, con su riff ricotero, enganchado con el rock pesado de Buitres. La presencia de Ricardo Mollo en la pantalla iluminó Culpa.

Tras la introspección de Caída libre, la gran pantalla mostró otro invitado virtual: el mismísimo Indio Solari, que apareció en fotos durante Quemarás. Hubo una ovación general de todo el estadio.

Ya acercándose el final, después de Ermitaño hubo dos invitados en vivo: Dillom en Cabezas cromadas y la mexicana Natalia Lafourcade en La niebla.

El último tramo fue arrollador: Púrpura, Cambiando la piel, Melancolía, La cochería y Canguro. Casi dos horas y media con una recorrida completa por tres álbumes, varios singles y seis años de carrera. Sin dudas el inicio de una nueva etapa de gloria.

Marcelo Fernández Bitar/Clarín-Espectáculos

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