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Katja Alemann debuta hoy con Shambhala en el Centro Cultural Rojas

Katja Alemann debuta hoy con Shambhala en el Centro Cultural Rojas

De todas las facetas de Katja Alemann, sin dudas la de actriz es la más conocida. Pero primero en su vida artística estuvo la música. «Empecé tocando el piano, desde niña, la guitarra; después seguí con canto, también toqué el saxo en algún momento. Ahora mi pobre saxo no anda muy bien», cuenta e imita el pésimo sonido que ahora le saca al instrumento, con la espontaneidad que la caracteriza. También estudió música en Alemania durante la dictadura, junto con Psicología, algo que fue muy «importante» en la «formación» de su «identidad». «Siempre me gustó la interdisciplina y estuve a favor de eso. Ahora es más común, antes estaban muy cerrados los estamentos. Tengo formación en danza, teatro, pintura, música», dice esta mujer de 67 años que se define como «anfibia» -una etiqueta que le queda muy bien por varias razones- y que está presentando Shambhala, unipersonal que condensa bastante de lo que sabe hacer.

«Yo venía con diferentes formaciones musicales cantando mis canciones. Hice varios shows en diferentes lugares y de repente mi amigo Gabriel Chame me dijo ‘Pero Katja… ¡a vos no te conoce nadie como música! Dejá de romper las pelotas. Hacé un espectáculo y cantá adentro del espectáculo’. Entonces le hice caso», revela Alemann a Página/12 sobre el origen de Shambhala, una obra en la que monólogos se entrecruzan con canciones. Estrenada en 2024 en la sala Dumont 4040, estuvo de gira por la Provincia de Buenos Aires y ahora llega al Centro Cultural Rojas, en el marco del ciclo «Lo que Suena» (este jueves 31 y los sábados 23 y 30 de agosto a las 21, en Corrientes 2038).

Un día, Alemann tocaba el piano e improvisaba voces con un amigo, Mintcho Garrammone, cuando de golpe empezó a cantar «shamba, shamba». El la siguió, incorporando coros. Así apareció la palabra «Shambhala», aunque ninguno de los dos sabía que el término realmente existía ni qué quería decir. Luego supieron que aparecía en antiguos textos del budismo tibetano y del hinduismo. «Es como el paraíso, el Shangri-La. El reino de la felicidad, el lugar sagrado de la felicidad colectiva. Me encantó como línea argumental para la dramaturgia, para ir desarrollando a partir de ahí», dice la artista.

De eso, de la felicidad colectiva, trata su unipersonal. «Trabajo mucho sobre cómo lograrla y ver qué es lo que la impide. Paso revista por todo lo individual que es la mente, y nuestra forma de pensar e informarnos hasta el dinero, el poder, el medio ambiente y al final el amor, que también es importante porque lo mueve todo», describe Alemann. Por el contexto, cobra protagonismo su monólogo político. Refuerza la idea de que este espectáculo es un «manifiesto«. «A este gobierno le bajo mi pulgar absolutamente por todos lados, de todas las maneras, y me parece una desgracia que haya sucedido siquiera. Todavía ni siquiera me recupero de eso», expresa. En su canal de YouTube, bajo el título de «Si yo fuera Presidente», también empezó a hacer monólogos políticos sobre temas que investiga. El primero y único por ahora está dedicado a la deuda externa.

¿Cuántas Katjas hay hasta el momento? Sex symbol, tapa de Playboy, icono del under porteño de los ’80, socia y pareja de Omar Chabán en los inicios de Cemento, actriz en grandes escenarios de la calle Corrientes, figura en programas televisivos emblemáticos y compañera de escena de estrellas de la TV. Ahora, entregada a su pensamiento político, activa y celebrada en redes sociales. Alemann, quien hace 21 años vive en Tigre y cultiva su propia huerta, parece reinventarse con cada década.

-¿Cómo se lograría la felicidad colectiva?

-Para empezar, en la conciencia sobre cómo somos manipulados para estar a favor o en contra o generar la grieta esta famosa a través de la cual nos dominan. Después, tengo algunas alternativas que propongo, pero para eso tienen que venir al espectáculo. Tengo propuestas muy concretas y además la gente participa.

-Aparte de estudiarla desde chica, ¿qué lugar tiene la música en tu vida?

-Siempre fue parte de mi vida y todos los espectáculos que hago de mi creación son musicales. El primero fue Puma y Espuma, en Cemento (1985). Hice inclusive un disco que produje yo, en el ’91, ’92, y anduve de gira por el interior. Nunca lo comercialicé. Lo hice en ese momento para hacer shows y para ir pasando en la radio, pero no tenía atrás una discográfica. Esta es la primera vez que tengo una discográfica atrás, Típica Records; por eso las cuatro canciones del espectáculo se pueden encontrar en todas las plataformas. Es la primera vez que le estoy dando un formato comercial a mi música.

-¿Por qué nunca le habías dado ese formato?

-En los ’90 estaba a full armando el espectáculo con toda la cuestión y apareció el ofrecimiento de Amigos son los amigos. Primero dije que no, porque estaba muy concentrada en hacer todo esto con la música. Y me dijeron, «No, pero ¿cómo? ¡Tenés que hacer eso! ¿Cómo vas a dejar de hacer eso? Después haces el otro coso». Y bue. Y ahí la vida, que nunca es así. Nunca es que hacés algo para después hacer lo otro. Eso no funciona. Voy a contar una anécdota: en la época en que yo estaba ya a full tratando de salir adelante con la música tuve una oferta de ser como la voz femenina latinoamericana de los boleros. Era una oferta muy importante. Yo quería cantar mis canciones -la caprichosa, ¿no?-, pero ellos querían que yo cantara boleros. Tenía los nenes muy chiquitos. Y en un momento dije «¿Y si me meto en esto y me va bien? ¿Cómo sería mi vida si me va bien?» Y dije: «Esto no es para mí». Porque gira, hoteles, estar todo el día… O sea, no lo hice por este motivo interno mío. Además, meterte con un contrato y con «bliblibli». No es que después decís «Ay, no, ahora no, me doy cuenta de que no quiero». Está bueno prever, ver qué decidís, qué vida querés, cómo querés vivir. Sinceramente, le huí siempre a la fama.

-Es cierto: podrías haber sido más famosa.

-Sí, sí, sí, sí. Es más, mucha gente me lo recrimina: «vos, que podrías haber sido no sé qué, mirá en lo que te convertiste» (risas).

-Y vos respondés: «encontré mi felicidad, mi Shambhala».

-Claro. Encontré el Shambhala. Fue como mi destino en la vida de alguna manera. Viendo esto con el diario del lunes… porque en el momento yo no era consciente de esto. Simplemente no hacía las cosas porque no quería hacer eso, pero muchas veces tomé esa decisión de no entrar en una coyuntura que me podría haber llevado al éxito importante.

-¿Por qué le huías a la fama?

-¿Viste lo que es ser famoso? ¡No, no, no! Lejos de mí. No tengo la personalidad, soy muy privada. A mí me gusta salir a la calle, todo el mundo me habla, me comenta y me tratan bárbaro, pero no sería así si yo fuera recontra famosa onda… las grandes ligas. No podés sentarte a comer, no podés salir a la calle, no podés hacer nada; tenés que estar todo el tiempo custodiado. Yo soy feliz así, en la batalla, diciendo «ahora voy a hacer mi Shambhala». Tengo que salir a hacer prensa y decirle a todo el mundo «vengan, vengan, vengan».

-¿Cambiaste fama por libertad?

-Hice siempre lo que quise. Agradezco a la vida y a mí haber podido siempre hacer lo que quiero, lo cual no ha sido fácil. Porque cuando vos decís que no a cosas que de repente te pueden dar mucho dinero estás diciendo que no a una posibilidad que después no está. Es un precio que uno paga. Hay cosas a las que les dije que no que hubieran sido como un hito, un cambio en mi vida. Cuando me llamó Guinzburg para hacer La noticia rebelde me insistieron, me llamaron dos veces, fui a reuniones con ellos y les dije «me voy a Brasil a filmar». Me fui, pero se cayó el Embrafilme, que es como el Incaa en Brasil, en medio del rodaje. Esto en el ’86. Quedé varada sin un peso, porque en ese momento las cuestiones cambiarias eran jodidísimas y habían cerrado las casas de cambio. O sea, no llegaba plata de afuera al Brasil. Me quedé medio boyando, esperando que se retomara el rodaje, pero nunca se retomó en ese momento. El director (Noilton Nunes), que es amigo mío, terminó la película en 2007. Hizo el documental de la película que no pudo hacer (A Paz É Dourada). Era sobre la vida de Euclides Da Cuhna. Yo hacía de Ana de Assis, un personaje muy polémico en el Brasil. Había una escena en donde yo montaba arriba de un búfalo blanco, desnuda, con una antorcha, cruzando uno de los puentes que este ingeniero escritor había hecho. Esa escena es memorable. Está en la película. Aventuras de la vida. Si hubiera hecho La noticia rebelde, imaginate.

-Hubo momentos en que tuviste mucha exposición, igualmente.

-Yo empecé con La señorita de Tacna y después seguí trabajando con muchos actores, como Gasalla. Después hicimos lo del Einstein con Omar. Bueno, qué sé yo, en el under seguía trabajando, yo era… ¿cómo se dice? Anfibia. Sigo en el under, fiel al under. No… igual hoy ya el under no existe como tal. Hoy es más bien toda la escena alternativa de teatro, que está buenísima. La verdad es que acá son impresionantes los espectáculos que hay, hermosísimos. Así que es un orgullo para mí estar en esa fauna. En este espectáculo hago todo. Desde que pinté los telones hasta que me maquillo,  compuse la letra y la música, canto, performeo, escribí todos los textos, lo produje. Si no hago las cosas yo, no hay otra persona que las vaya a hacer por mí. Por ejemplo: no conseguí director porque de los que me interesaban cada uno estaba en la suya, tenían sus laburos y no podían. Igual era un espectáculo muy personal, un manifiesto mío, entonces era difícil dárselo a dirigir a alguien.

-¿Qué te impulsa a hacerlo?

-A pesar de no ser famosa, la gente me respeta mucho. Me doy cuenta de eso por la calle. Me tratan como a una reina. Hago muchas cosas: sigo filmando, hice la serie, la película, la otra película, pero pensaba que tenía que estar a la altura de ese respeto. Ofrecer algo a cambio. Empecé a pensar qué podía hacer con mayor envergadura. Empecé con todo esto en el 2022, 2023, pero estrené en agosto de 2024. Y ya era esta situación en la que estamos ahora… Fui afinando la puntería para incluir un poco de todo esto que nos sucede hoy en día. El monólogo político tiene repercusión porque lo digo desde un lugar no partidario. Es muy descriptivo de lo que que pasa en el día de la fecha. Uno tiene que tomar posición. ¿Para qué servimos los artistas? Servimos para tomar posición en cada época que nos toca vivir.

-¿Qué lectura hacés de este contexto?

-Creo que para hacerse poderosos necesitan construir un enemigo. Construyeron este enemigo que igual ya vienen construyendo desde antes, porque la derecha siempre construyó el enemigo del peronismo. Proscribirlo, matar a toda la gente en la Plaza, en la Revolución Libertadora, fusiladora, endeudadora… Pasaron cosas muy graves, los 30 mil desaparecidos, todo por estar en contra del peronismo, todo por evitar que llegue a gobernar. Pero es inextirpable de la Argentina, que es un país peronista con 40 por ciento de gorilas. Ahora estoy preparando el segundo monólogo para YouTube sobre soberanía fluvial, por donde se fugan todas nuestras riquezas. Es como pensar el país que queremos construir entre todos. Quiero alentar a la participación ciudadana. Por eso también hago Shambhala: porque incita a lo mismo. Empecemos a participar. A estar realmente bien informados y a participar porque si no esta gente hace cualquier cosa. Rematan el país por chirolas, porque todos además entre ellos se reparten el botín; está más a la vista que nunca. Y son todos recursos estratégicos de los que el Estado tiene que tener el porcentaje mayoritario. La Argentina es de los argentinos. Entonces nosotros nos tenemos que hacer cargo.

-Un asesor de Milei llegó a decir que el problema de la Argentina es que está poblada de argentinos.

-Sí, que ciertos argentinos son el problema de la Argentina. Todos esos cipayos, vendepatria: no hay concepto de soberanía en este gobierno. Es como si fuéramos una especie de narcoestado a repartirse entre los que quieran. Estamos en una situación gravísima y vamos a pagar el precio. La gente cree «ay no, porque los K», porque le metieron ese chip en la cabeza y no hay manera de sacárselo. Uno puede hacer críticas para todos lados, pero los nuevos votantes no se acuerdan de Néstor y Cristina porque no vivieron esa época en la que había circulante, la gente tenía plata, podía mejorar su casa, comprarse un auto, ir de viaje. Estas cosas hacen a la felicidad de la gente. Tener acceso a cierto bienestar. Eso es importante. Ahora estás todo el día laburando para llegar a fin de mes y no te queda mucho tiempo para pensar en la felicidad, la participación ciudadana o la mar en coche. Estás abocado a ganar el mango desesperadamente y punto. Todo pasa en esta vida. Y esto también va a pasar. Lo importante es qué hacemos con esto. Tener la claridad de cuáles son las batallas que hay que dar es el debate que está faltando.

El ataque a la cultura

-¿Qué análisis hacés del ataque del Gobierno a los artistas y los organismos culturales, como el Instituto Nacional del Teatro?

-La batalla cultural es importante para ellos porque saben que nosotros, los artistas, no estamos de acuerdo con las políticas que llevan a cabo, que no somos pelotudos a los que van a llevar de las narices. Entonces tienen que estigmatizarnos como zurdos, corruptos, ensobrados y todas las cosas horribles que dicen para que la gente deje de creer en lo que dicen los artistas. En general, los artistas son los que más credibilidad tienen, porque son justamente los que son conocidos y tienen capacidad de de comunicación. Lali dijo solo dos palabras («qué peligroso, qué triste»), y se le tiró encima toda la jauría de trolls y todo el aparato mediático y de redes que tiene armado este gobierno. Es más caro lo que le pagan a esa gente que todo el INTA, el ARSAT, la ciencia, la tecnología… el presupuesto de todo junto. Entendemos bien cuál es el objetivo, el mecanismo, la forma que tienen de operar.

María Daniela Yaccar/Página 12-Espectáculos

 

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