
Boca está endiablado. Se sobrepone a todo. Transita un momento en el que todas las apuestas le salen bien. Compra liras turcas y su valor explota. Invierte en bienes raíces y el mercado inmobiliario crece a tasas chinas. Planifica un fin de semana en la Base Marambio y hay sol con 30 grados de temperatura. El equipo del Vasco Arruabarrena tuvo varios lapsos del partido ante Independiente en los que no la pasó bien, pero en la agonía del encuentro, cuando el sol ya se había escondido detrás de la platea Erico, Jagger Herrera capturó un centro de Villa, enmudeció a los 45.000 hinchas del Rojo que colmaron la cancha y devolvió al Xeneize a la cima de la tabla anual.
Ni el desgaste físico por la acumulación de partidos, ni la ausencia de Blanco, ni la incomodidad con la que jugó en Avellaneda, ni el marco imponente de un estadio colmado pudieron frenar a un Boca que gana incluso cuando no tiene sus mejores producciones. Un equipo que venía de consumar un Maracanazo ante Vasco da Gama en Río de Janeiro, para llegar a la final de la Copa Sudamericana, y que también da batalla con firmeza en el Clausura y la Copa Argentina.
Fue un examen muy duro para el Xeneize. Y lo sacó adelante. Los retos, los reclamos, las permanentes indicaciones con gestos ampulosos que Leandro Paredes les hizo a sus compañeros fueron el reflejo más fiel de lo incómodo que jugó Boca en Avellaneda. Independiente le impidió al equipo de Arruabarrena explotar su potente arsenal ofensivo durante casi todo el partido. Lo presionó en la salida, en la zona de gestación y, con mucho ímpetu, logró equilibrar la diferencia de recursos que existe entre dos equipos que transitan presentes diametralmente opuestos. Los marcados contrastes por la actualidad de ambos equipos no se vieron plasmados en un desarrollo que, hasta el final, no tuvo dueño.
El plan de Viera, quien en la previa sorprendió al sacar al subcapitán, Rey, para apostar por el arquero uruguayo Mele, fue atorar al Xeneize para impedirle tener la pelota y cortar sus circuitos de juego. Con Paredes y Velasco fastidiosos, la pelota le llegó poco a Merentiel en la primera etapa. En el segundo tiempo, Independiente comenzó a envalentonarse y se soltó un poco más. Apostó por la velocidad de Palais y Montiel, quien estuvo errático en la resolución. Y la pelota empezó a llegarle con más claridad al Chimy Ávila. Pero desde la partida de Ávalos el Rojo no tiene un centrodelantero natural y lo padece.
A medida que Independiente se animó a más, con Marcone como su motor y Meza como su principal generador de juego, Arruabarrena advirtió que el local comenzó a dejar espacios. Por eso mandó a la cancha a Villa y Valencia para tratar de aprovechar esos huecos. El Rojo tuvo situaciones y llegó con asiduidad, pero no resolvió bien en los metros finales. En el fútbol, perdonar es un pecado capital que suele pagarse muy caro. Y más ante adversarios con la jerarquía que tiene Boca.
El Xeneize perdió por momentos el medio, jugó fastidioso, no logró hacer imponer su juego. Pero está en un momento en el que tira una moneda al aire y le sale para su lado. Independiente, en cambio, es la contracara: lleva seis partidos sin ganar en condición de local, con dos empates y cuatro derrotas, algunas de ellas muy dolorosas.
Esta vez, el público no reprobó tanto a sus futbolistas porque notó entrega. Pero con eso no le alcanza al Rojo. Al Xeneize, que está dulce, le salen todas. En Avellaneda, Jagger puso la música: sonó Simpatía por el Diablo. Pero el Diablo no bailó: el paso del final lo tiró Boca.
Favio Verona/Edición impresa de Olé/ole.com.ar

Costoso, sufrido, cerrado, peleado, luchado. Con momentos en los que supo sufrir y corría detrás de la pelota. Con otros en los que le puso garra y hasta pudo haber goleado. En definitiva, un clásico. Y no es para nada menor el que le ganó River a un Racing que quedó eliminado, pero que no jugó como tal: justo antes de Boca, de ese encuentro que ya se palpitó en las tribunas del Monumental, sacó chapa y dio una demostración de que en esas paradas complicadas también puede responder.
Es cierto que no fue la noche más lucida de River. Que no pudo replicar esa actuación brillante de principio a fin de la semana pasada contra Belgrano. Pero el mérito de haberse sacado de encima un derbi bravo, en el que la Academia disputó su mejor fútbol del semestre y hasta pudo haber convertido, tiene un gran mérito: bancó la difícil, mostró carácter y consiguió tres puntos de una manera en la que generalmente le costó durante el semestre.
Porque si bien la imagen que queda es la de unos muy buenos últimos 25’, en los que podrían haber caído uno o dos goles más, el trámite fue bastante parejo y bravo. Digno de esos choques entre estos dos equipos en los que se definían cosas grandes. Y ahí, el planteo de Chirola Romero por momentos se impuso e incomodó: con un mediocampo muy nutrido y respaldado por un más que correcto Kranevitter, mordió arriba y forzó los errores en la salida de los dirigidos por Ponzio (también bien el chico Tello), lo que le permitió no tener que ser demasiado creativo para jugar en campo contrario.
Lo que le faltó a Racing fue la otra parte: qué hacer con la pelota. Así fue como le pateó poco a un irregular Beltrán (mezcló un par de errores con atajadas de su sello) y abusó de centros que generalmente rechazó la primera cabeza que aparecía. Lo que pesó fue nada menos que la diferencia de jerarquía que había de un lado y del otro: mientras Correa se volvió a lucir con toques distintivos, una asistencia y un gol anulado de interpretación vía VAR y Lucas Beltrán mostró nuevamente mucho sacrificio y asociación de juego, a la visita le entraron mal los cambios y se pinchó.
Sin embargo, pese a la incomodidad y a los infortunios, River lo sacó adelante. Porque se sobrepuso a la dolorosa y tempranera lesión de Aníbal Moreno, la mayor preocupación rumbo al superclásico (entró bien Silva, que jugará en la Bombonera). Porque tuvo solidez en Otamendi y Rivero (enorme muestra de carácter y), además de buenas subidas en Ortega. Y porque Ponzio acertó desde el banco en el segundo tiempo al dejar a Correa como único delantero y formar una línea de cuatro volantes, con Andrada más pegado a Silva.
Un triunfo de esos que llenan de confianza e inflan el pecho antes de una semana trascendental, además de sumar puntos clave para cerrar la fecha en el cuarto puesto de la zona y estirar algún sueño aislado en la anual. Del otro lado, el cierre de un 2026 para el olvido: Racing perdió sus últimas chances matemáticas de playoffs, no ganó ningún clásico en el año y no disputará copas después de 12 temporadas.
Antes de Boca, una Súper victoria. La semana que viene, River tendrá su chance…
Gastón Pestarino/Edición impresa de Olé/ole.com.ar
OTROS RESULTADOS
Aldosivi 1 – Belgrano 0
Rosario Central 2 – Huracán 0
Barracas Central 2 – Estudiantes (Río Cuarto) 1
Central Córdoba 0 – Vélez 5
LOS PARTIDOS DE HOY
19.00 – Unión vs. Estudiantes (La Plata) – ESPN Premium
21.15 – Instituto vs. Deportivo Riestra – TNT Sports
MG Radio 24 Villa Pueyrredón