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Alexander Zverev y su primer Grand Slam: alzó el trofeo de Roland Garros

Alexander Zverev y su primer Grand Slam: alzó el trofeo de Roland Garros

“Pasé por lesiones, desengaños, derrotas. Fui perdedor a veces también, en los momentos importantes. Pero ahora soy campeón de Grand Slam, es lo que cuenta”. Alexander Zverev espero mucho tiempo para poder decir en voz alta esa última oración. Y finalmente consiguió el triunfo que lo habilita a llamarse a sí mismo de esa manera. El alemán por fin conquistó su primer título “grande” al vencer por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5-7) y 6-1 al italiano Flavio Cobolli en la final de Roland Garros. Y tras años eclipsado por los gigantes del circuito y batallando fuera de la cancha con problemas personales, con 29 años se sacó una pesadísima mochila de encima y escribió su nombre en la lista de ganadores de los torneos más importantes del tenis profesional.

La victoria tuvo un sabor doblemente especial, porque llegó en una cancha en la que había vivido dos de los momentos más feos de su carrera. Sobre el polvo de ladrillo del Philippe Chatrier, había sufrido una durísima lesión en las semifinales de 2022, cuando dominaba a Rafael Nadal, el rey absoluto en esta superficie. Y también allí, en 2024 dejó pasar una ventaja de dos sets a uno ante Carlos Alcaraz, el nuevo titán de las canchas lentas, en su segunda final en una cita de este nivel.

“Esta cancha es tan especial para mí. Tuve los mejores momentos de mi vida en estas canchas. Y también el peor. Estaba acostado en esta esquina hace 4 años con siete ligamentos rotos y dos huesos fracturados. Perdí una final de Grand Slam acá hace dos años. Pero ahora es un final feliz”, recordó, emocionado hasta las lágrimas, tras recibir esa Copa de los Mosqueteros que tanto se le había hecho desear.

El título del Abierto de Francia, el 25° de su trayectoria profesional, es una especie de redención de un tenista tenaz y controvertido, que irrumpió muy joven en el circuito con unas condiciones físicas excepcionales para la práctica del tenis y un talento fuera de lo común, un revés excepcional y un servicio temible, pero al que le costó hacerse un lugar en la elite en plena hegemonía del Federer, Nadal y Djokovic.

Nacido el 20 de abril de 1997 en Hamburgo, Zverev se crió con una raqueta en la mano. Es el segundo hijo de Irina y Alexander, dos jugadores rusos de carreras bastante modestas, que emigraron a Alemania en 1991, después de la disolución de la Unión Soviética. Ambos transmitieron su pasión por la raqueta a sus hijos, Sascha y su hermano mayor Mischa, ex 25° del ranking mundial.

Con 18 años rompió la barrera del top 100, al año siguiente entro al grupo de los primeros 50 y con 20 ya estaba entre los mejores diez del mundo. Ese ascenso estuvo acompañado por grandes resultados. En 2016, con 19 años, ganó su primer título en San Petersburgo, superando a Stan Wawrinka, que había llegado al torneo con el recuerdo fresco de su coronación en el US Open. Al año siguiente, dio el golpe al conquistar el primero de sus siete Masters 1000, en Roma, y venciendo a Djokovic. Y en 2018 se recibió de “Maestro” al imponerse en la final de las ATP Finals en Londres, festejó que repitió tres temporadas más tarde en Turín.

Mientras su reputación sufría por las acusaciones de violencia doméstica de dos ex novias -una, lo llevó a la Justicia y terminó aceptando un acuerdo económico- y por sus actitudes reprochables en las canchas -quejas constantes y algunos raquetazos y momentos de ira-, su carrera fue quedando marcada por su incapacidad de triunfar en las grandes citas. Lo contuvieron el eterno Big 3, primero, y, cuando ese trío empezó a declinar, una Next Gen tan ambiciosa como talentosa liderada por Jannik Sinner y Carlos Alcaraz. En 2022, él reveló que esas frustraciones tenían también que ver con una diabetes que le diagnosticaron de niño y que le obliga a inyectase insulina en los partidos más largos.

En París, la temprana eliminación de Sinner y la ausencia por lesión de Alcaraz lo habían dejado como el máximo favorito. Y esta vez el alemán supo gestionar la presión, los nervios y la ansiedad -con bastante esfuerzo ante Cobolli- para romper su maldición.

La cuarta fue la vencida por Zverev, que había dejado escapar tres finales de Grand Slam. En un Philippe Chatrier en el que había llorado de tristeza varias veces, esta vez lloró de alegría.

Clarín/Deportes

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