Peter Hammill, el ex Van der Graaf Generator, publicó Tears in Time

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Faltan días para que Peter Hammill cumpla 78 años. En su ayer -que también es hoy- hay una banda que rompió moldes entre fines de los ´60 y principios de los ´70 como Van der Graaf Generator, una efímera agrupación posterior llamada “K” y un profuso devenir solitario que completa y amplifica ambas. Hay discos en el largo pasado que son inolvidables. Enigmáticos. Eclécticos. Intrépidos. Fool`s Mate o Pawn Hearts, por aquí, Patience por allá, In Camera o The Noise más allá. Pero sobre todo hay un tipo sólido, de culto, indomable en su forma de crear, que toca de todo, y canta como se le canta, que es una oscura maravilla.

La noticia es que el guerrero nunca detiene su marcha, y en ese trance acaba de lanzar al mundo en todos los soportes un nuevo disco. Se llama Tears in Time. Dura 46 minutos. Llega cinco años después que el anterior llamado In Translation. Es el número 37 entre todos los que ha sacado desde los albores de la década del `70. Conserva en él su mirada intransigente, de áspera belleza, tanto como un caudal vocal intacto, aunque suma un intenso lirismo atravesado por memorias de años. Los temas que lo pueblan son once grabados entre 1991 y 2026, todos para sacarle el jugo, por cierto. El más antiguo se llama “So Much Water”, y coincide con el período en que el londinense grabó The Fall of the House of Usher y Fireships. Coincide y se nota, por ética y estética. La pieza más “accesible” se llama “Heavy Weather” y es por una razón sencilla: Hammill mantiene en ella cierta impronta new wave –a su manera- para intentar contar el mundo en que vive. “Red Flags (In The Sunset)” puede ser tal vez leído en similar clave, aunque más signado por un enérgico rock and roll.

Entre los que más amistan con su lar oscuro, tormentoso –porque así debe ser- aparecen la guitarrera “Angle of the Curve” y con más bruma aún “Tabula Rasa”, un tema que deja a quien lo escucha al borde del abismo. En parecida senda transitan los ecos misteriosos y los pianos sombríos de “The Half of It”, la melancólica belleza que distingue a “On the End”, junto a “You`ll Never Know” digno ejemplo de sus etapas más minimalistas al mando del piano.

“Acabo con una obra terminada que conozco todo, pero no sé cómo la tomará la gente, ni cómo encaja con lo que he hecho antes”, ha dicho el multiinstrumentista y compositor, una vez resuelta la faena en general. En particular, ha puesto el acento en la pieza que cierra el disco. Su nombre es “And When He Ran”, y refiere a la muerte de Bentley, el perro de Hammill, y un derredor que reflexiona y acepta los efectos del paso del tiempo. “A veces tienes que escribir una canción porque eso es lo que haces, pero al principio no estaba seguro de si siquiera la haría pública. Pero es algo que mucha gente habrá experimentado. Se trata del reconocimiento y la aceptación de la inevitabilidad de las cosas: es duro, pero está bien. Todavía queda un recuerdo de este espíritu de vida que se desliza por los campos”, ha dicho también Hammill sobre la postrera canción, cuyo dolor y aplomo deja entrever la música. El tono maduro replica asimismo en “The Wheels”, pieza rebosante de cuerdas, que reflexiona sobre esas heridas de la vida que vuelven siempre, cíclicas.

Cristian Vitale/Página 12-Espectáculos

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