
Ahí está Leo Messi. Acomoda la cinta de capitán, le saca algunos hilos que le habían quedado. Se le hace largo ese cooling break que lo deja dos minutos sobre la línea de cal, al lado del cuarto árbitro, esperando para pisar una cancha después de 17 días y sumar su 199° partido con la Selección. Quizás, en su cabeza ya tiene lo que hará en tan solo un rato después: lejos de entrar a medir su físico contra Islandia, en apenas dos minutos marcó la enorme diferencia.
La secuencia fue tan increíble como verlo en cancha. No sorprende, pero sorprende. Con una inflamación en el isquiotibial izquierdo producto de una sobrecarga que ya es parte del pasado, ingresó a los 24’ del segundo tiempo en reemplazo de Giuliano Simeone y tuvo un impacto directo. Porque en la primera pelota que tocó, cuando apenas tenía un puñado de segundos en cancha, generó el penal dejando mano a mano a Lautaro Martínez con un pase deluxe, luego de recibir centralizado y poco más adelante de la mitad de la cancha. Control y tomá y hacelo. Como si fuera fácil.
Y, como los 88.043 hinchas en la cancha deseaban, con total lógica fue a hacerse cargo del tiro. Esta vez, en su amplio menú de opciones para patear, eligió pegarle fuerte y al ángulo, imposible para un arquero que no pudo repetir lo de su compatriota Halldórsson en Rusia 2018: fue su 117° gol con la Selección, que además le permitió desplazar a Ángel Labruna como el jugador más veterano en convertir con el equipo nacional (38 años y 350 días vs. 38 años y 282 días). Solo 120» separaron el festejo de su entrada.
Rápido y con muchas ganas de volver a jugar (su último encuentro había sido el 24 de mayo, contra Philadelphia Union), aprovechó las ventajas en la marca que había empezado a brindar Islandia y se siguió mostrando muy conectado con el juego. Porque así como a los 37’ le puso un preciso tiro libre al Cuti Romero que por el medio no llegó a conectar ningún compañero, cuatro minutos después tuvo un rol activo en el tercer tanto de la goleada amistosa.
Tras una gran jugada colectiva que venía desde campo propio, recibió sobre la derecha con bastante soledad, aceleró y le puso punch para que todo terminara en festejo: le metió un gran pase a un De Paul con el que se conoce de memoria y le tiró una gran diagonal y, a continuación, Almada anotó debajo del arco.
El 10 volvió, y lo hizo on fire. Todo listo, Leo…
Redacción Olé/ole.com.ar
MG Radio 24 Villa Pueyrredón