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Borges: Ecos de Un Nombre, un recorrido por la vida del célebre escritor argentino

Borges: Ecos de Un Nombre, un recorrido por la vida del célebre escritor argentino

A 40 años de su fallecimiento, el Centro Cultural Recoleta inauguró Borges: ecos de un nombre, una monumental exposición poliédrica de 800 metros cuadrados que desacraliza al mito para devolverlo a su dimensión más humana y textual. La renovación se completa con dos potentes apuestas dedicadas a la contracultura de los años 70 y al videoarte satírico actual.

Un Borges joven recibe a los visitantes en el vestíbulo; un Borges adulto los despide en la salida. En el medio, unos 800 metros cuadrados de la emblemática Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta se transformaron en un dispositivo vivo, un “libro abierto” que invita a perderse y encontrarse.

El 40° aniversario redondo de la muerte del mayor escritor argentino se cumplirá el domingo 14 de junio. Poco antes, el Recoleta, en conjunto con la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, inauguró la Borges: ecos de un nombre, una importante exhibición que se podrá visitar hasta fines de agosto.

Lejos de las puestas tradicionales basadas puramente en la interpretación de artistas visuales, esta megamuestra asume un compromiso estrictamente literario y objetual. “Queríamos una exposición más relacionada con la literatura que con las artes visuales. Tratar de objetos, manuscritos y volver un poquito al Borges escritor, que es nuestro favorito”, explicó Maximiliano Tomas, director del CCR y cocurador de la muestra junto a Rodrigo Alonso y Daniel Fischer.

El diseño del espacio, desarrollado por el artista visual Pablo Lema, funciona como un laberinto borgeano: estructuras en forma de hexágonos que evocan los alveolos de la Biblioteca de Babel y estratégicos juegos de espejos que hacen que la obra estalle y se duplique ante los ojos del espectador.

Un tabique central divide la experiencia en dos mundos: de un lado, la línea histórica y la vida pública; del otro, la ficción y la intimidad. Es precisamente en ese sector privado donde la muestra regala sus mayores impactos emocionales.

Gracias a la cesión de los cinco sobrinos de María Kodama (actuales herederos de su obra, con Mariana y Victoria a la cabeza del proyecto), se logró reconstruir de manera idéntica la habitación de Borges en el departamento de la calle Maipú al 900, donde vivió más de 40 años junto a su madre. Cada objeto expuesto es real.

Al observar la austeridad extrema de su pequeña cama, sus libros y la ausencia de grandes lujos, el mito monumental se humaniza. “Tratamos de abarcar todos sus intereses para que cada uno pueda disfrutar su propio Borges, pero también se buscaba desacralizarlo. Mucha gente lo tiene como una persona muy refinada o lejana, y acá descubrís que fue un hombre, más allá de un gran escritor”, señatraer laron los organizadores durante la recorrida de prensa.

Para los buscadores de tesoros literarios, la sala es un festín de archivos poco vistos: se exhibe el manuscrito original de Las ruinas circulares, ilustrado por el propio autor; la carta natal de Borges diseñada por su amigo Xul Solar; un retrato de María Kodama pintado por Norah Borges e incluso documentos de la censura de la época.

Además, la muestra cuenta con una sala de cine que proyecta las películas sobre las cuales él escribió y una completísima sala de lectura equipada con las biblias de su biblioteca personal, pensada para que las nuevas generaciones tomen contacto directo con sus textos.

El punto tecnológico más comentado y disruptivo de la exhibición es un holograma hiperrealista de Borges, desarrollado a lo largo de varios meses por un estudio de diseño y animación profesional utilizando herramientas avanzadas de inteligencia artificial. No se trata de una animación estándar, sino de un avatar de altísima fidelidad que recupera su voz real, extraída de archivos de diferentes épocas.Al acercarse, el espectador se encuentra con el escritor de paso cansino, aunque más erguido de lo que uno lo recuerda en sus últimos años, hablando sobre la argentinidad, los laberintos o el fútbol, con aquella misma cadencia mansa tan característica.

En uno de los pasajes más conmovedores, el avatar recita fragmentos de su Poema de los dones y reflexiona sobre la ceguera: “Precisamente uno de los colores de los que nos faltan a los ciegos es el negro o el rojo… Yo, que tenía la costumbre de dormir en la oscuridad, tengo que dormir en ese mundo de neblina vagamente luminosa… Yo hubiera querido reclinarme en la oscuridad”.

Minutos después, su voz artificial sentencia una de sus citas más icónicas: “Siempre me he imaginado el paraíso como una biblioteca”.

La muestra está pensada tanto para los lectores versados como para aquellos jóvenes que se acercan a su universo por primera vez. Logra el milagro de bajar del bronce a la figura inalcanzable para devolvernos al Borges de carne y hueso: el poeta de los patios, los zaguanes y los antiguos balcones de casas bajas de Buenos Aires.

Adriana Muscillo/Especial para Clarín

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