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The Brian Jonestown Massacre toca esta noche en el C Art Media

The Brian Jonestown Massacre toca esta noche en el C Art Media

“Buenos Aires es una ciudad que amo. Tiene una pasión sólo comparable con la italiana”, afirma Anton Newcombe, cantante y guitarrista de The Brian Jonestown Massacre, tras conectarse al zoom. Y lo dice sinceramente, porque, amén de conocer la capital argentina, si algo detesta el frontman de la banda de rock estadounidense es la hipocresía y los desacuerdos. Al punto de que es capaz de resolver los problemas con sus compañeros in situ, a las piñas si es necesario, tal como pasó en 2023 en un show en Australia. De esa noticia se hicieron eco los noticieros locales, que hasta entonces nunca le habían prestado atención a la banda, ni siquiera en los dos desembarcos porteños que habían hecho previo a ese papelón. Y eso que sólo bastaba ver el fabuloso documental Dig! (2004), con el que se hicieron conocidos mundialmente, para saber de esas peleas…

Poco luego del estreno de esa película, el músico californiano decidió mudarse a a Berlín, desde donde atiende a esta entrevista. Una que, en paralelo se convierte en un tour, pucho en mano, por Prenzlauer Berg, uno de los barrios con más onda de la capital alemana. “Es realmente hermoso”, confirma el artista que este martes 2 regresará a esta orilla del Río de la Plata, a dos años de su última actuación, para presentarse en el mismo lugar que lo recibió en aquella ocasión, C Art Media (Av. Corrientes 6271), a partir de las 20. Quienes no estarán en esta vuelta serán los integrantes de la banda Winona Riders, debido a que en actualmente se encuentran llevado adelante su primera gira por Europa. “En ese momento estaban ganando popularidad. Son buenos chicos. Estoy muy orgulloso de ellos y de lo que están haciendo”, dice Newcombe.

Luego de que el quinteto argentino se encargara de la antesala de esa fecha, nació un idilio entre ambos. De hecho, el artista norteamericano, más allá de las palabras elogiosas para con ellos, comparte los flyers de sus shows en su perfil de Instagram. El grupo de Morón se encargó indirectamente de esparcir el legado de BJM entre zillennials y los últimos milénicos. Esto se puede evidenciar en sus recitales, a los que sus fans acuden luciendo remeras cuyo estampado alude a sendas bandas. Y es que su música está notablemente influida por la neopsicodelia, el rock anfetamínico, las atmósferas etéreas y las guitarras con distorsión, reverb y flanger.

El nombre del proyecto nacido en San Francisco surge de la mezcla entre Brian Jones, guitarrista de los Rolling Stones fallecido en 1969 en circunstancias aún confusas, y la masacre de Jonestown, localidad guyanesa que sirvió de escenario en 1978 para el asesinato de toda una secta apocalíptica estadounidense. Tomando en cuenta que su banda nació en 1990, a Newcombe no deja de sorprenderle el impacto que tiene su música en la nueva generación de artistas y público. “No esperaba nada de esto, mi único objetico era no parecerme a un rockstar”, explica con ademán gentil quien, junto a sus colegas, actuó durante cuatro horas en su primer asalto a esta urbe, en 2016. “Mi objetivo era hacer que la gente quisiera tocar música, porque hubo algunas personas que me hicieron querer tocar música”.

-Entonces lograste tu objetivo.

-Si no aprendés música de tu familia, debe haber algo que te inspire a tocar música. Y los rockstars para mí son inaccesibles porque son talentosos. Nunca podrás ser como Paul McCartney y mucho menos como Jimi Hendrix. Es demasiado, es demasiado. En cambio, cuando ves a una banda de punk rock, seguramente podrás decirte a vos mismo: “Yo también puedo hacer esto, puedo tocar la guitarra”. Lo que me dijeron los chicos de Winona Riders sobre lo que les pasó con mi música me llena de llena de orgullo. Sin embargo, por más que ambos grupos tienen a un integrante que toca panderetas y maracas, nuestras músicas son distintas. No siento que esté influidos por mí. De todas formas, siento que el futuro de la música y la cultura están en Sudamérica. Y eso me emociona, porque están volviendo mierda todo para cambiarlo por algo mejor y con identidad. Estoy al tanto de lo que pasa allá porque conozco a gente de Chile, Perú, Brasil y Colombia que me mantienen informado, o las propias bandas me envían su material. Me sueño es comprar una casa en la Patagonia para disfrutar desde allá de lo que está por venir.

Si su segunda visita al país se produjo gracias a la salida de su último disco de estudio, The Future Is your Past (2023), en este reencuentro con el público argentino el grupo viene sin ninguna novedad musical. ¿Pero qué puede superar al deseo de un artista de salir de la agenda para seguir cultivando el devaneo con la audiencia de otro país? Uno en el que además encontraron sentido de pertenencia. De todas formas, este recital coincide con el 30° aniversario de su álbum debut, Methodrone, uno de los discos emblemáticos del shoegaze (subgénero del rock alternativo, creado en los ’90 y basado en el trabajo atmosférico de las guitarras). A pesar de la conmemoración y del lugar que ocupa en la historia del rock, a lo largo de este año no hicieron nada alegórico a ese disco.

“No soy sentimental. Estamos tocando casi todos los discos. Es lo mejor”, justifica el artista de 58 años. “Creo que no hay una manera perfecta de hacer las cosas. También veo que hay bandas que se suben a ese tren de los aniversarios porque no tiene ideas nuevas. Estoy listo para hacer más música. Tenemos tantas canciones que, si les damos salida, sería un buen día para mí”. No obstante, aunque hoy goza de un gran respeto, en el momento que vio la luz ese material fue ignorado. “Muchos jóvenes no conocen al primer Brian Johnstone Massacre. No tienen idea de cómo fueron esos años para nosotros. Primero que todo, armé este proyecto porque no encontré bandas para unirme. Nadie hacía la música que quería hacer. Tuve que enseñarle a mis amigos cómo se tocaba. Así que el principal recuerdo que tengo de esa época es la dificultad”.

-¿Tan mal lo pasaste?

-Yo era tan diferente y extraño en ese tiempo… Estaba muy loco. Hice copias en casete de esas canciones para enviarlas a los sellos disqueros y revistas especializadas. Sólo enviaba a las del área de San Francisco, pero no les ponía mi dirección. No me importaba nada. Cuando escuchaban esa música, la respuesta era: “¿Qué mierda tan rara es esto?”. Y en los recitales todo el mundo nos decía que éramos geniales o que estábamos de la cabeza. Entonces apareció gente que empezó a querer tener injerencia en lo que hacíamos. Nos decían lo que teníamos que hacer. Eso no estuvo bueno, nos iba a arruinar. Así que se convirtió en una gran batalla entre las personas con las que toqué música. La verdad es que hoy no es muy diferente. Ahora que lo pienso, siempre fue lo mismo. Hasta Alan McGee se interesó en nosotros.

-¿Alan McGee, el descubridor de Oasis?

-Ese mismo. No sólo a Oasis, también descubrió a My Bloody Valentine y a Primal Scream. Y antes había fundado el sello Creation Records. Era un capo total. Su sello nos quiso firmar en 1992, antes de que saliera Methodrone. Mis guitarristas tenían que venir conmigo a Inglaterra para una reunión con ellos y Me dijeron que nos les copaba hablar con alguien adinerado. Finalmente, fuimos a Grecia y nos gastamos todo en drogas. Tuvimos tiempos locos, realmente locos.

-Pero al final nunca transaste con el mainstream. Ahora que las multinacionales tienen el 360 de la industria musical, incluyendo el manejo de los artistas, ¿cuánto se puede resistir a tanto control?

-Trabajo con un grupo de gente para la que es fácil todo lo que hacemos porque yo mismo me encargo de todo. Cuando cedés tu manejo o proponen manejarte, lo que el artista espera es que le hagan ganar mucho dinero. O esperan también a que lo hagan famoso o a que lo hagan llenar estadios. Pero nunca quise tener nada que ver con ese tipo de manejos. Sé que está todo difícil y ya no hay tantas bandas tocando como antes, lo que me parece malísimo.

-Quizá por esa actitud anti todo es que los llaman “banda de culto”.

-Nosotros tocamos en los mismos lugares que Paul Weller y todos los demás chicos, y también tocamos en todos los países del mundo. Así que se vayan a cagar los que creen que somos un grupo de culto. No me importa lo que digan las personas. No me importa lo que haya pasado luego de que saliera ese documental. No me importa lo que diga nadie. Me importa mi propia vida.

-Hace algunos años, en un medio inglés dijiste que muchas personas te hicieron ver como a un perdedor cuando no lo eras. ¿A qué te referías?

-Bueno, es algo más largo que ese recorte. A veces, la gente no sabe de qué hablando. Yo hago todo en la banda, desde la movilidad hasta el armado del equipo. Con la música financió todo. La gente piensa que lo que hago está mal. Cada banda que has escuchado vendió su música sin recibir lo que merecía. Al menos las personas en la Argentina tienen dignidad. Esas personas que no tienen dignidad se vendieron a cambio de un mal negocio y lo hicieron porque son estúpidos. No saben leer un contrato.

-Desde hace unos pocos años se habla del regreso del shoegaze, lo que parece una ironía porque muchos de los creadores del género siguen en actividad. ¿Cómo es tu relación con las tendencias?

-Que me digan “neo psicodelia”, “shoegaze” o “indie” nunca significó nada para mí. Todo se debe a varias revistas inglesas en las que cada semana salía un género nuevo o el rockstar del momento. Y en el medio escribían sobre la rivalidad entre artistas o publicaban chimentos. Subían y bajaban artistas sin piedad. Entonces, la gente, sobre todo el público universitario, quedó maravillado por estos jóvenes que tocaban la guitarra sin sacar la mirada de sus zapatos (el término “shoegaze” germinó a partir del imaginario de que los violeros al tocar miraban los cordones de sus zapatillas). Eso es el shoegaze, así que no significa nada. Lo mismo pasó con la palabra “psicodelia”, que a lo largo de los años quiso decir muchas cosas diferentes. Ahora la llaman “neo psicodelia” y es lo que en los años ’90 llamábamos “indie rock”. Cuando salió Adele, recuerdo que dijeron que cantaba indie rock. No sé en qué pensaban los que dijeron eso porque ella estaba en el sello discográfico más grande del mundo. Hoy ya no sé qué es el indie. Me parece que todo está al revés. Hago música porque siempre me gustó experimentar. Me gusta Cocteau Twins o la propuesta de mis amigos de Slowdive, pero no intenté hace lo mismo que ellos. El post punk me mostró que la música podía tener otro lenguaje, diferentes maneras de hacer lo mismo. Así llegué al krautrock, a la psicodelia y al LSD.

-A propósito de las drogas, vos nunca tuviste al momento de referirte a ellas sin prurito, pero la doble moral se instaló cada vez más fuerte en la música. ¿Cuál es tu opinión sobre eso?

-Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial son muy sensibles al tema de las drogas, aunque en Berlín me parece que legalizaron la marihuana, entonces te dejan tener unas pocas plantas. Este lugar es de locos. Ellos dicen que todos están interesados en la música techno. ¿Quién va a un club y baila durante cuatro días? Decime. Uno escucha lo que desea creer. Nunca hice apología de las drogas, no dejo que nadie se drogue en el micro cuando estamos de gira.

-El título de tu último disco (en español quiere decir “Tu pasado es tu presente”) invita al escucha a que no corte o niegue la historia, lo que cada vez es más frecuente. La nueva generación de público confía en la distorsión a la que invitan las redes sociales.

-Ese disco es una consecuencia de la Covid 19 y toda esa mierda. Me inspiró a hablar conmigo mismo y con otras personas sobre lo que estaba pasando. Así que creo que eso fue lo que terminó dando vida a esas canciones. Lo hicimos para mantener una actitud mental positiva y creo que ahora, más que nunca, necesito volver a hacerlo.

-¿Cómo se ve desde Alemania lo que pasa en tu país y el avance de la ultraderecha en Europa?

-Vi venir esta mierda, no sólo en Alemania, sino también en la Argentina y Chile. Ustedes vivieron y viven en carne propio lo que es la derecha y el fascismo. Cuando estás sentado en una mesa con tus amigos o con tu familia siempre está esa división ideológica. Hay que aprender a convivir con eso, lamentablemente. Nos enseñaron a ser como Hitler, a creer en estas cosas, ¿sabes? Durante la pandemia me di cuenta de que en mi país son más fachos de lo que pensaba. Todo el mundo tiene un arma en su casa, todo el mundo sabe lo que está pasando: sacaron los tanques a la calle, están deportando a los inmigrantes. Todos los días pasa una mierda más peligrosa que la otra.

Yumber Vera Rojas/Página 12-Espectáculos

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