
Cosa rara la que le pasa a Boca con las copas. Ya va un largo tiempo que aquellas noches que se abrían por cuestión de tiempo y donde los trámites solían ser un compás de espera para saber si la ventaja final sería de dos, tres o más goles quedaron en el olvido. Y va más allá de la particularidad de que este 3-1 ante Recoleta se haya jugado en la cancha de Huracán y no en la Bombonera, porque la nueva matriz internacional (se entiende, en partidos con lógica ventaja en los papeles) se venía repitiendo casi como una constante en los últimos años, sea cual fuere el rival y la instancia.
Aunque esta vez, por obra y gracia del andamiaje que viene instalando el Vasco Arruabarrena, el agraciado ingreso de Sebastián Villa en el complemento y pese al cansancio por haber jugado el tercer partido en seis días (además de las dudas que le generó verse en desventaja en el comienzo mismo del partido), la ventaja que se lleva a Paraguay para la revancha del próximo martes tiene mucho olor a decisiva.
Pero como quedó dicho, el inicio fue más a tono con esa mala costumbre de no imponerse como antaño y la primera señal de alerta en este caso ocurrió antes del minuto de juego, cuando nada menos que Leandro Paredes perdió una pelota infantil en su propio campo y tuvo que cometer una falta que pudo ser tarjeta amarilla. Apenas cuatro minutos después, un mal retroceso y un error de Di Lollo le dejaron una pelota suelta a Pedro Ríos, que con ayuda de un rebote en Lozano puso el 1-0 para el visitante con algo de complicidad del arquero Montero.
A partir de ahí, empezó otro partido. Con Boca dominando, sí. Y llegando, pero también con los nervios de la ocasión jugando su parte. A la vista quedaba con cada contra solitaria de Recoleta, que por más que fueran aislados pudieron lastimar, sobre todo uno sobre la media hora de juego en el que el propio colombiano le atoró el segundo a Aldo González.
Ya para entonces, habían sido cuatro las chances claras de Boca para empatar el partido, justo antes de una media vuelta de Merentiel en el área que precedió a dos milagros en una sola secuencia en la que un cabezazo al palo del uruguayo y un remate al travesaño del reconvertido Milton Delgado dejaran en claro que los merecimientos del equipo de Arruabarrena eran suficientes para que el resultado sea injusto.
El primer tiempo se diluía con la sorpresa a cuestas cuando una torpeza de Wilfrido Baez (por un codazo a Flores que fue roja a instancias del VAR) dejó a su equipo con 10. Pero lo que terminó de romper el partido fue la decisión del Vasco de mandar a la cancha a Villa, quien -afilado por la suplencia que lo aqueja en este comienzo de ciclo- entró decidido a resolverle los problemas de claridad a Boca. Y enseguida fue 1-1 por un pique seguido por centro atrás que Merentiel le bajó a Ascacibar para que el Ruso siga con su infalible racha de un gol por partido. Y otra vez Villa, con un doble centro le acertó a la cabeza de Delgado para que el pibe marque su postergado primer gol en Primera y le devuelva el alma al cuerpo a todo Boca.
Quedaba tiempo para el tercero, un fierrazo de afuera del pibe Flores tras una buena asistencia de la Bestia. Y los goles perdidos (muchos más) en el final -además de haber terminado 11 contra 9 por otra expulsión rival- dejaron la absoluta sensación de que el resultado fue corto. Sin embargo, lo más promisorio que se llevó la última noche en el Ducó (acaso redentoria por eso de volver a imponerse con autoridad), es que Boca tiene con qué, y parece que empieza a saber también cómo.
Gonzalo Suli/Edición Impresa de Olé/ole.com.ar
INDEPENDIENTE RIVADAVIA SE TRAJO UN EMPATE DEL MARACANÁ
Para Independiente Rivadavia, escribir otra página en su historia no significaba únicamente ganar otra vez en el Maracaná. Para la Lepra, plantarse de igual a igual, tener hambre de gloria y hasta significarle un peligro al Fluminense, ya son un triunfo que no se computa como una victoria en el marcador. Y eso fue lo que hizo el equipo mendocino. Porque más allá de no haberse traído de Río de Janeiro una ventaja en el global, el conjunto de Alfredo Berti sabe que del otro lado hay un rival que no pudo doblegarlo tanto en su casa como en Mendoza, sea en la fase de grupos o ahora en los octavos de final.
Con una zaga central (Iván Villalba y Sheyko Studer) que sabe cuándo chocar y cuándo jugar, un Leonard Costa que constantemente juega con los dientes apretados, un Matías Fernández que siempre genera la sensación de peligro y un Álex Arce comprometido con el trabajo “sucio”, el Azul del Parque tiene una columna vertebral que permite competirle a un rival que, si bien no fluye colectivamente, tiene jerarquía individual de sobra.
Claro está que aún falta la vuelta e internamente el mensaje es de tranquilidad ante una serie que, sin dudas, puede llevársela cualquiera. Sin embargo, en estos tres enfrentamientos entre CSIR y el Flu quedó claro que, para Independiente, en su primera expedición internacional, el saco no le quedó para nada grande.
El desarrollo del partido siempre contó con una cuota grande de roce y disputa por la pelota. Y en ese ámbito se sintieron cómodos los de Berti y compañía. Incluso Maxi Salas, que fue titular, está sumando sus primeros entrenamientos recién con su nuevo club y necesita una adaptación lógica, fue titular en un contexto más que pesado y no desentonó. De hecho, el ex River fue el primero en exigir al experimentado arquero brasileño Fabio.
En una semana se sabrá si Independiente Rivadavia continúa en esta aventura llamada Libertadores o si le toca despedirse. De todos modos, sobra aclarar que la Lepra superó por mucho las expectativas.
Redacción Olé/ole.com.ar
ESTUDIANTES LAMENTÓ EL EMPATE EN SU CASA
Pinchó pero no cortó. Y por eso el sabor es doblemente amargo… A Estudiantes, que venía de dos derrotas en fila y mostrar una imagen muy floja en sus últimos partidos del torneo local, se le escapó un partido increíble, de esos que son difíciles de olvidarse: le ganaba bien a Universidad Católica, por la ida de los octavos de final de la Copa Libertadores, pero le patearon una sola vez y se lo empataron. Así, deberá ganar en Chile para seguir alimentando la ilusión de la quinta.
“Este equipo va a dar la cara el martes”. Eso había anticipado el Cacique tras la dura derrota 2-0 ante Riestra, por el Clausura. Y la frase del DT charrúa, de entrada, no fue humo: antes de los cuatro minutos, el León (que venía de cuidar a los titulares el fin de semana) ya le ganaba a los Cruzados gracias a la fortuita combinación de dos pibes del club: tras un remate que se desvió de Fabricio Pérez, quien apareció fue Joaquín Tobio Burgos para poner el 1-0 parcial.
Arriba en el resultado desde prácticamente salió desde el túnel, los locales cuidaron el resultado, hasta casi el final del compromiso en La Plata. A tal punto, que Fernando Muslera, quien volvió al arco tras superar un cuadro febril, intervino muy poco durante buen tramo del cotejo. Con Tiago Palacios como manija, ELP mereció más goles. Al menos uno más… Si el Pincha queda eliminado en Chile, dentro de una semana, los hinchas se van a acordar de la chance insólita que se perdió Pérez, con el arco vacío, en el inicio del segundo tiempo.
Como la visita no inquietaba, se dio el escenario perfecto para el redebut de J oaquín Correa: tras 12 años en el exterior, uno de los hijos pródigos volvió a su casa. Al ex delantero de la Selección, que venía de alternar en Botafogo, estuvo cerca de convertir de cabeza en la primera pelota que tocó. Además, también se dio el estreno de Baltasar Rodríguez, uno de los refuerzos que el Cacique pidió para el segundo semestre de la temporada: ingresó por Palacios, que salió con un chichón enorme en la cabeza y encendió las alarmas.
Pero si los locales no se fueron con una sonrisa fue, en parte, por la mala fortun a. Los chilenos, que no habían hecho nada, se encontraron con el empate de casualidad: Fernando Zampedri sacó un zapatazo que no llevaba mucho riesgo, pero un desvío hizo que la pelota termine en un ángulo del arco de Muslera…
Estudiantes arrancó una de las semanas clave del segundo semestre sin poder salir de la mala racha. En este sandwich de copa-clásico-copa, se le escapó la primera final. Con la sangre en el ojo deberá levantar este sábado ante el Lobo, otra vez en UNO. Y en siete días, en Santiago de Chile, buscar la clasificación a los cuartos de final. A todo o nada…
Redacción Olé/ole.com.ar
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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