Steve Hackett hará The Best of Genesis el domingo 29 en el Arena de Villa Crespo

Steve Hackett hará The Best of Genesis el domingo 29 en el Arena de Villa Crespo

Cuando The Beatles comenzó a transformarse en un fenómeno de masas, los que no se dejaron seducir por su ritmo avasallante se quedaron a esperar que la burbuja explotase. Nunca lo hizo: atravesó las estaciones, los meses, los años, las modas, las décadas y hasta el cambio de milenio. Obviamente, fueron un fenómeno único.

Cuando el rock progresivo -como el Genesis de Peter Gabriel, Phil Collins, Mike Rutherford y Steve Hackett- cayó en desgracia, los punks creyeron que no había retorno de ese abismo… hasta que ellos mismos cayeron en él y, como el rock sinfónico, resurgieron. Hay músicas imperecederas.

Genesis fue un grupo tan grande en los ‘70, que cuando se fue su cantante, Peter Gabriel, se pensó que sucumbirían y sus fans se dividieron entre los que se peleaban por extender el certificado de defunción, y los que esperaban un milagro. Felices los creyentes, porque Genesis continuó con Phil Collins como cantante.

Sin embargo, dos años más tarde, cuando se fue el guitarrista Hackett, no hubo tanto ruido. Pero fue un punto de quiebre en el que Genesis se fue encaminando hacia un camino de masividad.

Hackett hizo una prolija y variada carrera solista. Hoy, que aquella banda es un recuerdo, Hackett se ha transformado en el portador de aquella antorcha, reviviendo la mejor época de Genesis. Y la gira que vuelve a traerlo a la Argentina (domingo 29 en el Movistar Arena) se llama The Best of Genesis.

“Durante la pandemia -cuenta Hackett-, la única forma de comunicarme con la gente era preguntarles cuáles eran sus canciones favoritas de aquel período. Y esa es la base del show que vamos a presentar. La lista de temas está basada en gran medida por ese intercambio con los fans; ellos son los que mandan. Mi visión es que estoy ahí para entretener a la gente, no para educarla. Quiero ofrecer algo que los haga felices”.

Una vez más, Hackett eligió al grupo argentino Genetics para que lo acompañe en la proeza de revivir las grandes composiciones de Genesis, pero esta vez irán con él en toda la gira.

“La elección fue muy simple continúa el guitarrista-, son músicos excelentes y conocen la música a la perfección. Además, me interesa mucho el factor humano. Daniel Rawsi, por ejemplo, es un hombre renacentista: es cirujano oftalmólogo y un baterista extraordinario. Me fascina la gente híbrida, que puede unir el arte y la ciencia, la medicina y la música. Todavía tengo mi banda en Inglaterra, pero financieramente es muy costoso ir a Latinoamérica con todo el grupo y la experiencia con Genetics ha sido excelente”.

El año pasado se cumplieron 50 años de The Voyage of the Acolyte, primer disco solista de Hackett, y en 2026 el medio siglo lo cumplió hace pocas semana A Trick of the Tail, mítico álbum de Genesis en el que Phil Collins se estrenaba como cantante.

“Phil Collins es un hombre de muchos recursos; él venía de una escuela de teatro, había sido cantante, bailarín y actor, y además resultaba que tocaba la batería. Eso resultó de mucha utilidad cuando se fue Peter Gabriel, ya que Phil podía dar un paso al frente y hacer un trabajo fenomenal como maestro de ceremonias, liderando al grupo en el escenario de un modo muy diferente al de Peter, que era más teatral. Los músicos más camaleónicos del rock en aquel momento eran David Bowie y Peter Gabriel. Phil, en cambio, era más centrado, pies sobre la tierra, pero muy completo”.

Genesis no tenía idea de que el valioso recurso que buscaba cuando Gabriel se fue estaba dentro de la banda: probaron unos treinta cantantes y cuando encontraron uno que les gustó, le dieron un tema que estaba fuera de su tonalidad. Pero además de encontrar un cantante, Genesis debía hallar una nueva dirección.

“Cuando Peter se fue, nos pusimos a trabajar como una banda instrumental, componiendo nuevo material, y rápidamente tuvimos música para un disco completo. Empezamos con las audiciones hasta que un día Phil dijo: ‘Déjenme intentarlo’. Él no quería ser el cantante; pensaba que tocar la batería era mucho más respetable, y además los zapatos de Peter eran muy difíciles de llenar. Pero él quiso hacerlo bajo sus propios términos: salía con un mameluco de trabajo, mientras que los demás usaban disfraces de todo tipo”.

Tras la partida de Hackett en 1977, Genesis se redujo a trío y con el disco And Then There Were Three (Y entonces quedaron tres), que contenía el tema Follow You, Follow Me, y se fue encaminando hacia la masividad.

“El éxito que tuvo Genesis posterior a mi partida tuvo que ver con un cambio de formato; con la llegada de MTV las reglas cambiaron y todo se volcó hacia los simples, el álbum dejó de ser lo principal, y el grupo respondió a eso. Muy bien, por cierto”.

Hackett es un hombre apasionado, pero de bajo perfil. Fue el precursor del tapping, una técnica que permite tocar con gran velocidad sobre el diapasón usando ambas manos; ya lo usaba en Selling England By The Pound (1973). “Vamos a tocar lo suficiente de ese disco, aunque la favorita de los fans es Supper’s Ready, y estoy seguro de que la vamos a tocar aunque sea larga (22 minutos)”.

¿Qué hace que el rock sinfónico continúe atrayendo al público? “La música tiene un poder sanador, tan grande como cualquier medicina -arriesga Hackett-; hay gente que nos viene a ver porque no se siente bien, está deprimida, y sale reconfortada. El subtexto de la música es el de sanar a las personas, darles energía. La música puede ser algo transformador para elevar el espíritu; tiene un impacto positivo en el cuerpo humano”.

Continúa: “Yo trabajaba con Genesis hace 55 años; ya no soy joven y la música tampoco, pero sucede algo más: aquella música se vuelve clásica. Sobrevive a los participantes originales y a los compositores. Hoy ves bandas de secundaria tocando Genesis; se volvió parte del programa para quienes aprenden a tocar porque es música bien escrita y exigente”.

Y concluye: “Ya no se trata de mí o de los otros muchachos: se trata de la música en sí. Ha cobrado vida propia y la gente la lleva en el corazón desde hace muchos años. Incluso a John Lennon le gustaba lo que hacíamos. Una canción perfecta es como un mundo en sí mismo: existe por sí sola, pero está fuera del tiempo en el que fue concebida. No sabría decirte por qué funciona esa alquimia y esa magia; nadie lo sabe realmente”.

Sergio Marchi/Especial para Clarín

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