
Sónico, grupo plurinacional con asiento en Bélgica cuyo propósito es mantener vigente la obra del compositor y músico Eduardo Rovira, sigue firme en su rumbo. Hoy, tras diez años de bordar la huella del atrevido compositor lanusense, la agrupación acaba de lanzar Rovira 100, disco grabado en Buenos Aires y publicado en el mundo. “Registrar este material en la Argentina fue un acto de justicia simbólica hacia un compositor que todavía tiene mucho por decirle a su propio país”, advierte Ariel Eberstein, contrabajista del grupo que completa el otro argentino Alejandro Schwarz en guitarra, el francés Lysandre Donoso en bandoneón, el estadounidense Stephen Meyer en violín y el belga Ivo De Greef en piano.
La grabación y edición de Sónico 100 no solo coincide con los 100 años que Rovira cumpliría si viviera, sino también con un año poblado de luces para el quinteto, cuyo cenit pasó por las pobladas presentaciones de abril pasado en el Centro Cultural Kirchner y el Teatro Colón. “Haber recuperado, transcrito y puesto en circulación un repertorio que estaba literalmente perdido ha sido el gran logro de estos diez años que llevamos como grupo”, refrenda Eberstein. “Apostar por un compositor prácticamente ausente del canon por supuesto ha implicado nadar contra la corriente. Hemos tenido dificultades de financiamiento, escepticismo inicial, programadores que no sabían dónde ubicar la propuesta y públicos que llegaban sin referencias. Pero, claro, trabajar con Rovira implica aceptar la incomodidad, la marginalidad relativa y el riesgo permanente”.
Rovira 100, quinto álbum en estudio de Sónico, revisita en concreto las dos últimas obras del maestro fallecido en 1980: la epónima, grabada originalmente por su creador en 1969, y Que lo paren, seis años posterior a aquella. Ambas completan la cosecha roviriana de Sónico cuyo origen se remonta a 2018 mediante La otra vanguardia. Luego llegaron Inédito e inconcluso (2020); el sintomático Piazzolla-Rovira: The Edge of Tango (2021) y Six, Seven, Eight, publicado en 2024. Y continuará con la grabación de otro volumen de The Edge of Tango, para completar la trilogía iniciada en 2021. “Las razones por las que invertimos tiempo, energía y recursos en la obra de Rovira son múltiples. La principal, sin dudas, es su música. Rovira dejó una producción tan radicalmente innovadora como poco conocida. Aún después de diez años de trabajo intenso, seguimos convencidos de que queda mucho por descubrir sobre ella”, asegura el contrabajista.
-En este caso, recalaron en Sónico y en Que lo paren. ¿Qué destacan estética y conceptualmente de ambas obras y cómo las trajeron al presente? ¿A qué le llaman “mirada actual”, teniendo en cuenta lo actual de Rovira?
-La elección de trabajar a partir de ambas responde en primer lugar a una lógica bastante habitual en la música académica: uno no empieza por las obras más icónicas de un compositor sin antes haber recorrido su universo creativo. Eso es exactamente lo que venimos haciendo desde 2015: construir un camino de escucha, interpretación y comprensión progresiva de un lenguaje. Pero al mismo tiempo, nos interesaba mostrar que no existe un solo Rovira. Su obra es profundamente ecléctica y eso se percibe con claridad en los distintos formatos que exploró, cada uno con un color propio y con un lenguaje musical específico. Estos dos discos funcionan pues como un díptico ideal para evidenciar esa multiplicidad.
-¿Cómo se evidencia esta multiplicidad puntualmente en ambas obras?
-En Sónico, Rovira dialoga de manera directa con su tiempo. Aparecen con fuerza elementos del jazz, del rock y también del folklore argentino, integrados en una sonoridad que era decididamente moderna para fines de los años ‘60. Además, Rovira electrifica por primera vez en la historia del tango el bandoneón, incorporándole un pedal para modificar el sonido en una búsqueda casi impresionista. Ese gesto no es un mero efecto: abre un territorio expresivo completamente nuevo, ampliando radicalmente las posibilidades tímbricas del género. En Que lo paren, en cambio, Rovira se mueve en otro registro, porque es una obra de lenguaje camarístico, universal, depurado, casi ascético en la que él parece condensar toda su trayectoria en una escritura “de collage”… ideas que se suceden de manera imprevisible, cambios abruptos y contrastes constantes. Es una música que nos mantiene en vilo, siempre al borde de lo inesperado, y que —vista en perspectiva— anticipa un tango que todavía está por venir.
-Hay algo ahí vinculado a cierta dificultad, si se quiere: ¿cómo revisar “con mirada actual” una música que no solo era actual en su momento sino que, como acabás de sugerir, lo sigue siendo ahora?
-Es que cuando hablamos de una mirada actual no nos referimos a actualizar a Rovira desde afuera ni a corregirlo. Su música ya era —y sigue siendo— contemporánea. Nuestra tarea consiste más bien en ponerla en tensión con la escucha de hoy, trabajar con rigor histórico sin museificarla y asumir que esas obras todavía nos interpelan. La actualidad de Rovira no se construye: se revela cada vez que su música vuelve a sonar.
-¿Será por eso que difunden los conciertos que hacen sobre él como una “celebración de lo desconocido”?
-En parte, sí. Desde Sónico siempre intentamos dar contexto a lo que hacemos. Nos interesa que el público no solo escuche la música de Rovira sino que también pueda descubrirla de manera amplia, entendiendo que es el resultado de un período histórico muy específico, con tensiones, búsquedas y rupturas propias de su tiempo. Esa contextualización es clave para que la obra no aparezca como una rareza aislada sino como parte de un movimiento mucho más complejo. Igual, la idea de celebración de lo desconocido va un poco más allá. También tiene que ver con ese cambio de narrativa que venimos planteando desde hace años. Esa apertura no busca diluir a Rovira sino todo lo contrario: situarlo en una constelación, devolverle su lugar dentro de una generación que pensó el tango como un campo de experimentación y no como una forma cerrada. Celebrar lo desconocido, entonces, no es solo rescatar obras olvidadas sino también recuperar la idea de que la historia del tango moderno fue y sigue siendo mucho más rica, diversa y colectiva de lo que solemos imaginar.
-¿Por qué fue grande Rovira, más allá de lo dicho?
-Porque se atrevió a experimentar sin buscar el aplauso inmediato. Su trabajo no respondió nunca a una lógica de validación rápida ni de éxito coyuntural.
Página 12/Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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