
No sólo el Monumental piensa en su techo. River arrancó el 2026 construyendo el suyo y el arquitecto, esa mente pensante, creativa, indispensable para dirigir la obra y resolver cualquier contratiempo, no puede ser otro que Juan Fernando Quintero. Por la zurda del #10, primero con un tiro libre delicioso y después con una definición de primera con el selló de los cracks, River destrabó un partido en el que le faltaba la puntada final para desnivelar, aun estando 11 vs. 10. Una segunda victoria al hilo para seguir sumando confianza y que despertó en los hinchas, los que volvieron a casa después de 87 días, las ganas de despedir al equipo con aplausos, un ambiente auspicioso y con clima de ilusión, diferente al de aquellos silbidos en 2025 en la última vez en Núñez, también contra Gimnasia.
Ladrillo a ladrillo, River edifica. La decisión de DT de repetir la formación por primera vez desde mayo del año pasado fue el primer indicio de querer plantar cimientos sólidos para empezar a elevar la estructura. Y la roja infantil que se llevó Panaro por un planchazo innecesario tiró a la basura los papeles de Zaniratto y allanó el camino de un River que se cansó de acumular chances para llevarse el premio del gol, ítem a corregir y contexto que dejó a un solo ganador posible. Porque mientras Facundo Colidio lidia con su irregularidad, la que lo lleva a desnivelar como en la asistencia del 2-0 y también a tomar malas decisiones en situaciones sencillas, y Seba Driussi, más allá del evidente esfuerzo y desgaste, sigue peleado con el gol, fue JFQ el que tuvo el número ganador. Primero, tomándose revancha del primer tiro libre que le sacó Insfrán y después entrando a la carrera como delantero, haciendo fácil lo que a sus compañeros para coronar una actuación lograda por su talento y también por tener cerca a Tomás Galván, ese socio inesperado con el que se va entendiendo cada vez mejor.
El “y dale, River, dale” que coreó la hinchada para despedir a los jugadores es otra inyección de crecimiento para un equipo que empieza a recuperar su identidad. Al margen de la roja innecesaria por exceso de ímpetu, que opacó algo su actuación, Matías Viña fue un tractor por la izquierda, con llegada al arco rival, y despliegue para volar a la par del incansable Gonzalo Montiel, una imagen que se repitió en varias secuencias, siendo clave los relevos tanto de Fausto Vera -levantó con respecto a Barracas Central- como de Ánibal Moreno, ese #6 que juega como #5 y que ya es patrón del medio como si llevara décadas en la primera de River.
Con Quintero dueño del equipo, sumando cada vez más minutos, otra virtud de este inicio de River pasa por la última línea. A pesar de que Lautaro Rivero no transmitió la confianza de siempre, con algunos cruces a destiempo y una impresión en salida que no es propia de su calidad, fue Lucas Martínez Quarta el caudillo que ordenó, que mandó a la tropa hacia a arriba y que se animó hasta llegar cara a cara con Insfrán, acción que no terminó en gol, pero que fue reconocida por todo el Liberti.
Créase o no, cuando los planetas se alinean a favor, todo sale bien. Y River disfruta hasta de su arquero. La lesión de Franco Armani, que parecía un problemón, fue solucionado por un Santiago Beltrán al que, si bien le llegan poco, brinda seguridad en sus intervenciones esporádicas y que en caso de repetir contra Rosario Central llegará al Gigante con tres arcos en cero.
6/6, dos victorias merecidas, chau racha negativa en el Monumental tras cinco meses sin ganar y otro paso adelante en la reconstrucción. Síntomas positivos de un River que va hacia su techo.
Hector Salerno/ole.com.ar

En un atractivo y cambiante juego, Estudiantes le ganó 2-1 a Boca porque aprovechó mejor su momento en la calurosa y húmeda noche de La Plata. También porque fue muy superior en el lapso que le fue favorable. Así, un Boca emparchado y con varios juveniles sufrió el primer traspié en el Apertura.
No debe existir en el mundo un fútbol más emocional que el argentino. Una acción, un gol en el más certero de los casos, puede cambiar el rumbo de un juego en un segundo. Solo desde lo psicológico se puede explicar el vuelco que hizo Boca a partir del primer gol de Santiago Núñez: los de Claudio Úbeda pasaron de realizar un digno duelo a pedir que culminara la primera parte para no ser goleado. Solo por las atajadas de Agustín Marchesín no se fue al descanso con más de dos goles en contra.
Y justo falló Boca ahí donde se hace fuerte: en la pelota parada. De dos córners desde la izquierda pegó Estudiantes. En el primero, Santiago Núñez le ganó el cuerpo a cuerpo a Ayrton Costa tras un centro de Gastón Benedetti; en el segundo, Leandro González Pirez, el zaguero con pasado en River, se impuso a Lautaro Blanco para con un frentazo poner el 2-0.
Úbeda tuvo que armar un rompecabezas para plantar el equipo en La Plata. Con Edinson Cavani, Miguel Merentiel, Milton Giménez y Lucas Janson lesionados, el atacante de referencia fue el juvenil Iker Zufiaurre (20), que debutó desde el inicio. Otro que dijo presente después de mucho tiempo fue Kevin Zenón, que había sido titular por última vez el 20 de junio ante Bayer Múnich por el Mundial de Clubes. Además, Williams Alarcón reemplazó al fatigado Ander Herrera. Pero Boca comenzó bien, con ambición y buena circulación de pelota. Es verdad que no generó grandes chances, aunque jugó cerca del arco que defendió Iacovich. La más clara fue un disparo de Alarcón que se fue por arriba.
Todo se desmoronó a los 28 minutos, cuando Núñez le ganó a Costa para el 1-0. El zaguero zurdo de 26 años, a quien en la semana había elogiado con justa razón el presidente Juan Román Riquelme, tuvo un choque para el olvido. Además de perder la marca, estuvo muy errático con la pelota. Estudiantes se llenó de furia y de fútbol luego del tanto de Núñez. Y pasó por arriba a Boca hasta el final con el aliento de su gente como motor. Marchesín le atajó un mano a mano a Guido Carrillo y otro a Eric Meza. Antes descolgó del ángulo un disparo lejano del mediocampista Ezequiel Piovi. Nada pudo hacer el ex Lanús en el potente cabezazo de González Pirez.
Lo más preocupante de Boca fue la actuación de Paredes. Se le plantó encima Medina y nunca pudo sortear esa marca. Encima, el ex Boca le ganó la espalda en varias situaciones. Fue una de las figuras.
En el complemento se quedó demasiado Estudiantes, no le funcionaron los cambios, y Boca mostró una leve reacción sobre el final. Fueron interesantes los ingresos del delantero Gonzalo Gelini (19) y del mediocampista Tomás Aranda (18), ambos con buenos rendimientos en la Reserva. También hay que destacar otro mano a mano que tapó Marchesín a Carrillo.
Lo metió en un arco Boca a puro empuje con la frescura de los chicos. Gelini inquietó a pura velocidad y Aranda evidenció buen pie. Descontó Ezequiel Zeballos después de que la bajara Gelini por el segundo palo.
Al duelo le quedaron 10 minutos y, si bien Boca no pudo igualarlo, dejó una mejor imagen. Esos últimos instantes le dejan otro sabor a Úbeda porque estuvo tan cerca de ser goleado como de empatarlo.
Las conclusiones, igual, no pueden ser buenas para Boca, que inició con buenas intenciones y terminó acorralando a Estudiantes. Pero al lapso que jugó muy mal lo padeció y pudo recibir muchos goles. Solo Marchesín los sostuvo.
Así, en un encuentro caliente con mucho fervor en las tribunas de UNO, Estudiantes fue un justo ganador. Y Boca dio un paso atrás respecto de la primera fecha.
Maximiliano Uría/Clarín-Deportes
OTRO RESULTADO
Racing 1 – Rosario Central 2
MG Radio 24 Villa Pueyrredón