
Perdonar, en el fútbol, es un pecado capital que suele pagarse con el peor de los castigos. A Estudiantes lo perdonaron con la amnistía, una medida que le permitió comenzar el Torneo Apertura con las figuras del equipo campeón del Clausura. Independiente también lo perdonó cuando parecía tener el partido encaminado para sentenciar el 2-0. Y el que no perdonó fue, justamente, el Pincha, que no tuvo piedad de los errores fatales que cometió el equipo de Avellaneda, que por fallas muy puntuales se vio privado de conseguir una victoria en su primer partido oficial en el año.
Al final, el que tuvo que pedir perdón fue Montiel, quien con el partido 1-1 se hizo expulsar de forma insólita al no poder controlar sus impulsos, reaccionar de forma infantil y meterle un manotazo evitable a González Pirez. El reciente ganador del premio Puskás, que había comenzado bien la noche, empañó su actuación. Y también la del conjunto de Quinteros, que tras la roja debió modificar su estrategia.
Independiente tuvo un buen primer tiempo. Administró la pelota e hizo ancha la cancha mediante la proyección de dos laterales con más desborde que marca como Godoy y Zabala, y encontró desequilibrio con el picante Montiel. A Ávalos y Cabral les costó entrar en contacto con la pelota, pero entre ambos gestaron la jugada del gol que abrió el encuentro. Una acción inaceptable para la ortodoxa escuela pincharrata: el grito derivó de un lateral de Godoy, el delantero paraguayo la peinó y el 10 entró libre de marca para hacer explotar un estadio que albergó a cerca de 40.000 hinchas con la ilusión renovada.
La alegría le duró un suspiro a Independiente. El local salió a jugar el complemento sin modificaciones, pero con la marca de la almohada en el rostro. Los de Quinteros entraron dormidos y Estudiantes, un conjunto con jerarquía para resolver, confirmó lo mismo que demostró durante todo el semestre pasado: nunca hay que darlo por muerto. Habían pasado sólo 12 segundos cuando Medina exhibió toda su categoría con un gran pase profundo para asistir al juvenil Fabricio Pérez, quien marcó el empate. Apenas tres minutos más tarde, Montiel se hizo echar. Y luego llegó otro golpe cuando Lomónaco tuvo que salir con una molestia física.
El aspecto positivo para Quinteros, dentro de todo lo malo, fue que el equipo se repuso a los mazazos. No se derrumbó ante un adversario muy peligroso, que cuenta con recursos para hacer tambalear a cualquiera. Y que además buscó ganar el partido con el ingreso del picante Cetré. Independiente se adaptó bien a las circunstancias adversas. Redefinió su plan con celeridad, con los ingresos de Millán y Malcorra primero, y de Fedordo, Mazzantti y Pussetto después. Se fortaleció defensivamente sin tener que replegarse del todo. Y tuvo algunas aproximaciones al arco rival.
Estudiantes es un equipo muy serio, con categoría, una identidad consolidada y un buen banco de relevos. El Rojo, que busca romper una sequía de 23 años sin títulos a nivel local, dio algunas buenas señales. Hubo varios síntomas positivos. Al igual que Montiel, Independiente aún debe madurar para no reincidir en errores que, de reiterarse, le pueden costar muy caro.
Favio Verona/ole.com.ar
LA EFECTIVIDAD DE LANÚS MARCÓ LA DIFERENCIA
San Lorenzo salió a jugar un partido eléctrico, quizá apostando por la masiva juventud de su equipo pero la realidad es que le costó mucho enchufarse. Lanús tampoco fue un canto al fútbol, de hecho padeció bastante los primeros minutos y buena parte del complemento, en varias ocasiones por intentar hasta el hartazgo salir jugando desde dentro del área chica… Su virtud: fue efectivo.
Encontró los espacios gigantes en la defensa del equipo de Damián Ayude y supo capitalizarlos. Jugó buena parte del partido a meter pelotazos a la espalda de la línea defensiva azulgrana, que tenía a los laterales (Herrera y Rodríguez Pagano) muy lanzados y los centrales quedaban muy expuestos contra el grandote Rodrigo Castillo.
Fue justamente el goleador del Grana el que abrió la cuenta y de esa manera, porque aprovechó el desajuste del fondo cuervo y definió con categoría ante la salida desesperada de Orlando Gill. Encima en cuestión de cinco minutos todo pareció desplomarse para San Lorenzo. Primero Salvio tuvo el segundo entrando por el segundo palo pero el arquero alcanzó a desviarla e inmediatamente después, de ese córner, llegó el cabezazo de Carlos Izquierdoz para el 2-0.
San Lorenzo no tenía respuestas, aquellas buenas conexiones de Cerutti con el pibe Facundo Gulli del inicio se diluyeron muy rápido y el intento de Alexis Cuello de sorprender a Losada por arriba había quedado muy lejos en el partido. Le costó encontrar juego en la primera mitad y uno de los ejemplos más claros fue Matías Reali, que no pudo concluír ninguna jugada en el primer tiempo y no salió a la cancha en el segundo.
Hubo lavado de cabeza en el entretiempo po rque el local salió de otra manera al complemento y además se benefició porque Lanús, que cedió espacio y pelota. De todos modos, San Lorenzo fue más empuje que ideas y le costó generar situaciones claras de gol.
Llegó al descuento luego de que Cuello intentara un centro que dio en el brazo de un defensor y fue él mismo quien cambió penal por gol. Después fueron intentos en vano, principalmente con remates de lejos que se fueron alto: del propio Cuello, de Gulli, de Rodríguez Pagano, de Tripichio…
Todo ese énfasis sin claridad de San Lorenzo se contrapuso con la categoría de Marcelino Moreno, quien se metió al área con pelota dominada, desparramó a Rodríguez Pagano y definió con sutileza ante un arquero ya prácticamente sin chances.
Hubo tiempo para más: para mucho más. P orque Cuello (el mejor de SL) se jugó la heróica por vez mil y sacó un remate esquinado que se coló contra el palo derecho para poner al CASLA a uno del empate. A partir de ahí (salvo una contra de Moreno que tapó Gill), el CIclón entró en modo scrum contra el área de Lanús. Y estuvo cerca, principalmente en una jugada de Herazo en la que toda la cancha pidió penal por una mano de Izquierdoz, pero Dóvalo y el VAR hicieron caso omiso.
El partido que al principio pintaba para un cachetazo a cualquier ilusión que podía tener Boedo terminó dejando mejores sensaciones: poco juego, sí; pero un alma enorme que lo llevó a San Lorenzo a estar ahí nomás del empate.
Diego Paulich/ole.com.ar
OTROS RESULTADOS
Talleres 2 – Newell´s 1
Independiente Rivadavia 2 – Atlético Tucumán 1
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