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Ricardo Hornos ganó otro Premio Tony y Broadway se rinde a sus pies

El productor argentino conquistó Broadway.

Nuevamente, el productor, director y guionista Ricardo Hornos participó de un triunfo en los Tony, esta vez por Leopoldstadt, de Tom Stoppard, dirigida por Patrick Marber. La obra logró cuatro premios -mejor obra, dirección, actor de reparto (Brandon Uranowitz) y diseño de vestuario- de los seis a los que aspiraba y es un éxito de cartel en Broadway. Es el quinto Tony que recibe Hornos, involucrado en la producción de la puesta.

La obra recorre 50 años de historia. Comienza en los años ‘20, en la zona de Leopoldstadt, en Viena, y es un retrato de una familia judía perseguida por el nazismo.

En una entrevista telefónica con Clarín, este exitoso productor señala: “Me encantó lo que sucedió en los Premios Tony con Leopoldstadt. Venía como favorita, porque había tenido una gran temporada en Londres; además, porque era la última obra de Tom Stoppard, el dramaturgo más importante vivo, con 85 años”.

Y continúa: “Cuando la escribió, dijo que era su obra final, que con ella terminaba su carrera, pero después fue tanto el cariño y reconocimiento que generó la obra, que dijo que quizás escribiese una más”.

Sobre dio las razones del éxito de Leopoldstadt, Hornos dice: “Es una obra que hoy en día, con las realidades políticas y geopolíticas que estamos viviendo todos, tiene absoluta vigencia. Desde la guerra en Ucrania hasta lo que pasó semanas atrás con el jugador de fútbol Vinicius Jr, del Real Madrid, en España…”

Y agrega: “Sigue habiendo brotes racistas y la obra nos recuerda los errores del pasado. Y en Leopoldstadt quedan en evidencia de manera contundente. El premio es un plus, porque el reconocimiento ya lo tenía: le fue muy bien en Londres y en Broadway también. El Tony pone más luz sobre el tema”.

La obra venía de Londres armada por Stoppard y con dirección de Patrick Marber (autor de Closer). Participan nada menos que 38 actores. “Tiene raíces autobiográficas. Stoppard, durante 40 a 50 años de su vida, no supo de su origen judío. Descubre sus raíces recién cuando se enteró de que sus padres pudieron escapar de Checoslovaquia en los años ‘30; sólo tres miembros de su familia de 40 lograron sobrevivir”.

El padre de Stoppard, Eugen Sträussler, murió en la Segunda Guerra Mundial, como prisionero de los japoneses. “La madre de Stoppard se casó con un diplomático inglés, se cambió el apellido y dejó bajo un manto de silencio su origen, hasta que Tom lo conoce. Y de esta historia surge la obra”, explica Hornos.

Leopoldstadt es su quinto premio Tony: como productor sólo puede ganar uno por ceremonia. Los anteriores fueron por El curioso incidente del perro a medianoche (2015), Angels in America (2018) y Hadestown (2019) y Company (2022),

“Este último año me estuve recuperando después de dirigir En la mira, con Nicolás Francella, el Puma Goity y Emilia Attias, una película que se estrenó en 2022, que me llevó dos intensos años y fue la octava producción nacional más vista en la Argentina. Hoy está en HBO”, cuenta.

– ¿Qué proyectos tiene después de su quinto Tony?

-Tengo proyectos para hacer cine, televisión como guionista y director. Y como productor tengo varias obras que siguen en cartel y aún más después de este premio. También tengo en vista para el año que viene una obra que se estrenó en Londres, y casi con seguridad voy a producir en un teatro de Madrid. En Buenos Aires, acabo de estrenar Para mí, para vos, con Soledad Villamil, Laura Oliva y Boy Olmi, cuya adaptación hice para teatro. Me gusta mucho escribir y también adaptar, y estoy con otra obra norteamericana que se estrenará en Buenos Aires en el segundo semestre, Pequeñas grandes cosas. Hay bastante trabajo por delante.

Hornos explica que para competir en los Tony hay que cumplir con diferentes etapas. “Primero, la corrida para estrenar antes de la fecha límite para entrar en los Tony. Este año tuve dos posibilidades: además de Leopoldstadt, también estuve involucrado en The Sign in Sidney Brustein’s Window, una obra que tiene 30 años, con Oscar Isaac (Star Wars) y Rachel Brosnahan (La maravillosa Mrs Maisel) como mejor reposición. Esta obra llegó con la lengua afuera a calificar. La nominaron, pero no hubo el suficiente tiempo para que la vieran y no fueron nominados ninguno de los dos protagonistas, cuando podrían haber estado claramente. Las reglas son que los 800 y pico de votantes tienen que ver todas las obras de una categoría para poder votar, y aquí faltó tiempo”.

Y continúa: “Después salen las nominaciones; es algo muy importante para la producción y las obras porque la publicidad se pone en primer lugar. Son unas siete semanas en las que se invierte mucho dinero en la promoción de las obras nominadas, todas con la estatuilla por delante”.

Este años la ceremonia tuvo una curiosidad: se hizo en el United Palace, un cine construido en los años ‘20, ubicado en el Washington Heights, en el norte de Manhattan, una zona alejada de Times Square y los teatros de Broadway. Se trata de un edificio histórico que fue comprado por una iglesia evangelista, que lo alquila para espectáculos y eventos.

“Por lo general se hacía en el City Hall, con un aforo para seis mil personas, o en el Beacon, que tiene una capacidad para dos mil. Este año fue toda una novedad, aunque no estaba preparado para recibir a todo ese público con 30 grados de temperatura. Fue una decisión muy bien recibida, un edificio fastuoso con mucho espacio. En fin, salvo el calor, una noche agradable”, cuenta Hornos.

El empresario subraya: “La ceremonia tiene dos situaciones en paralelo: por un lado, los premios que salen en la transmisión televisiva. Por otro, en los intervalos publicitarios se entregan premios considerados menos relevantes, como mejor orquestación o mejor partitura original”.

“Luego llegan las múltiples fiestas. La oficial, que suele ser en el Plaza Hotel; otra, la más exclusiva, en una suite del Hotel Carlyle; también están las que organiza cada obra. La primera vez que gané un Tony, con toda la adrenalina, pasé por casi todas las fiestas, subiendo a un taxi, bajando de otro… Pero el domingo me fui a casa. Estaba cansado”.

César Pradines/Especial para Clarín

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