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Colapinto conmovió Buenos Aires y el público argentino merece F1

Colapinto conmovió Buenos Aires y el público argentino merece F1

Parecía que ya no entraba una emoción más. Después de la primera salida del Fórmula 1 y el paseo con la Flecha de Plata, Palermo estaba lleno, cargado, vibrando. Pero faltaba algo. Lo que muchos habían ido a buscar desde temprano, desde distintos puntos del país, apretándose contra las vallas o ganando lugar en tribunas, plazas y balcones.

Y llegó.

En la última pasada, Franco Colapinto soltó todo. Fue la salida más intensa, la más agresiva, la más parecida a eso que la gente ve por televisión y sueña con volver a tener en el país.

El rugido del Fórmula 1 con V8 fue atronador. Un chillido constante, agudo, salvaje, que rebotaba entre los edificios de la Avenida del Libertador y que, amplificado por los parlantes, atravesaba el cuerpo. No era solo un sonido: era una experiencia. En la recta de apenas 700 metros -entre el Monumento a los Españoles y la zona de Dorrego- el argentino pisó el acelerador todo lo que pudo.

No había mucho margen. Pero alcanzó para mostrar de qué está hecho un Fórmula 1.

El recorrido se repitió como un ritual mecánico: salida desde boxes a la altura de Sinclair, mano hacia el Monumento, hasta Casares, donde clavaba un semitrompo para volver a encarar. Después, rumbo a Sarmiento, más giros, más humo, más show… y otra vez la recta para acelerar. Ida y vuelta. Una coreografía perfecta entre piloto y máquina.

Ahí estuvo la esencia.

El auto chillando, las ruedas intermedias (amarillas) dibujando líneas negras en el asfalto y Colapinto llevando el V8 al límite, como si el motor le pidiera más. Mucho más. Durante 14 minutos -la salida más “seria”- el bonaerense combinó velocidad, precisión y espectáculo. Trompos constantes, donas cada vez más cerradas, saludos con la mano izquierda mientras manejaba con la derecha y un control total del auto.

Ya se parecía más a lo que la gente ve por TV. A lo que extraña. A lo que quiere de vuelta.

La reacción fue inmediata: una explosión en las tribunas, en los espacios públicos y hasta en los balcones de edificios de cientos de miles de dólares, donde algunos privilegiados siguieron la acción desde arriba, como Guillote Coppola, mezclados visualmente con la multitud que copó cada rincón disponible. Más allá de la billetera, todos disfrutaron lo mismo.

El cierre fue impactante.

Colapinto empezó a girar cada vez más fuerte, en trompos cada vez más violentos, hasta llegar a uno final, descontroladamente controlado, pensado para que lo filmen todos: el público, los drones y las pantallas gigantes. Incluso se permitió girar sin manos por un instante, en una postal que recorrió todo el circuito.

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Y entonces, el fuego.

Desde la parte trasera del auto salieron llamas, producto de la exigencia extrema del motor. Un detalle que en la Fórmula 1 es técnico, pero que en la calle se convierte en espectáculo puro. La reacción fue inmediata: los mecánicos saltaron con los matafuegos, mientras el público, lejos de preocuparse, lo vivía como el broche perfecto.

Esos mismos mecánicos que tienen una gran anécdota para contar: después de que acelerara el Mercedes bordó, con techo, auto de seguridad, ellos pasaban en cuatriciclo y monopatín chequeando la pista, y al ver los colores celeste y rosa, de Alpine, la gente los ovacionaba. Famosos por unos minutos, lo muschachos…

Faltaba el final de la acción en pista, pero no del día.

Porque la jornada había tenido de todo. Desde la primera salida histórica -la primera de un F1 en Argentina en 14 años tras la exhibición de Daniel Ricciardo en el 2012- hasta el paseo con la Flecha de Plata, la réplica del Mercedes-Benz W196 que manejó Juan Manuel Fangio en sus títulos de 1954 y 1955. Un viaje en el tiempo, pero en plena Buenos Aires, con Colapinto saludando a cara descubierta y emocionando a todos.

Y ahora, el cierre con otra imagen fuerte: despues de acercarse a su anciana abuela, en un sueño cumplido para ambos, ella viendo por primera vez a su nieto en vivo como piloto, Colapa se subió arriba de un bus descapotable, con su amigo Bizarrap, recorriendo el circuito y despidiéndose de la gente. Una última vuelta, y otras más, lenta, hablando para el micrófono de Juan Fossaroli, quien lo siguió todo el día a sol y a sombra, pero igual de significativa. Saludando, agradeciendo, cantando con la gente, moviendo el brazo como en la Bombonera, él que es de Boca, y generó que Paredes y Merentiel llegaran hasta Palermo.

Y de nuevo, quizá desafiando al protocolo, Colapinto se bajó, saludó a la gente, se acercó para nuevas selfies- Diez puntos el joven pilarense.

Así Colapinto devolvía el cariño de miles que lo acompañaron durante toda la jornada. Tal vez, incluso, en una de las últimas veces en el año que se lo vea tan cerca del público argentino.

Colapinto cumplió su sueño. Lo había dicho. Y en el camino, se lo hizo cumplir a medio millón de personas que, celular en mano, retrataron cada segundo: el ruido, el humo, los trompos, el fuego.

Así se fue de la pista, dejando algo más que marcas en el asfalto, dejó a Palermo vibrando, caliente, con la piel erizada. Y con una sensación clara: esto no alcanzó.

Ahora queda otro sueño, más grande. Que la Fórmula 1 vuelva de verdad a la Argentina.

Ojalá.

Sergio Stuart/ole.com.ar

LA EMOCIÓN DE FRANCO COLAPINTO

Franco Colapinto hizo vibrar a Buenos Aires. A bordo del Alpine E20 y de la icónica Flecha de Plata de Juan Manuel Fangio, el piloto cautivó a los miles de presentes que se acercaron a la avenida Del Libertador. Con trompos y mucha velocidad, el pilarense se lució en su Road Show y, ya sobre el final del evento, mostró toda su emoción.

«Son unos capos. Los amo a los argentinos, son los mejores fans del mundo y está bueno demostrarlo así porque estamos mostrando a la F1 que merecemos volver al calendario y tener una fecha», se ilusionó Colapinto, quien sueña con volver a subirse a un monoplaza en Buenos Aires pero corriendo de manera oficial.

En cuanto a sus sensaciones, el piloto se mostró muy emocionado: » Personalmente, fue un gran día, lo disfruté un montón y es un sueño hecho realidad. Muy feliz de disfrutar con toda la gente, que me estuvo bancando desde hace tanto tiempo».

Y claro, también sorprendió con su última muestra con el Lotus, donde se la pasó haciendo trompos sin manos y hasta termino incendiando el motor: » ¡Lo hice sin manos! Y con acelerador, papá. Es la primera vez que hice trompos y encima ahí adentro. La rompimos. El Fórmula 1 tiene mucha potencia y es muy divertido hacerlos. El problema es que se me gastaba mucho la goma y no tenía más grip. Se quemó el auto, ja. Ahora vuelve a casa. Me dijeron que lo cuide, traté de hacerlo pero al final me calenté un poquito, ja», contó con su clásico buen humor.

Luego, hizo un balance de este día tan especial: «Es increíble lo que generó, me pone muy feliz y demuestra lo que somos los argentinos. Nunca pensé que iba a vivir algo así. Es un placer haber traído este show. Estoy cayendo de a poco. Es una locura la cantidad de gente que vino. Soy un agradecido, pocos tienen la chance de hacer un evento así en su país. No me lo voy a olvidar más».

Y otra vez, se ilusionó con la vuelta del Gran Premio de Buenos Aires: «¿500 mil personas vinieron? Es récord. Si hacemos un Gran Premio lo llenamos y hacemos récord. Si en un día ya juntamos 500 mil personas… El récord era de Silverstone con 500 mil pero en tres días. Les agradezco a todos, es increíble. Veo a gente colgada de todos lados, ja», agregó un Colapinto emocionado, tratando de caer mientras observaba toda la locura que él mismo generó en este día histórico para el automovilismo nacional.

Así y todo, el pilarense ya se enfoca en lo que será el Gran Premio de Miami, el próximo fin de semana: «Me voy recargado para Miami. Toca enfocarse en eso y tratar de hacer lo mejor. Siempre buscamos dejar a Argentina en lo más alto y ojalá que Miami sea un gran finde», cerró.

Redacción Olé/ole.com.ar

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