
Desde el 5 de noviembre de 2025, día en que se consagró campeón de la Copa Argentina, Independiente Rivadavia vive un presente ideal. Para esta temporada, Alfredo Berti decidió sostener la base del plantel campeón y retocar apenas algunos detalles, una apuesta que ya ofrece resultados históricos: en Mendoza goleó 4-1 a Deportivo La Guaira, alcanzó su tercera victoria consecutiva en la fase de grupos de su primera Copa Libertadores y quedó a un paso de los octavos de final. Si en la próxima fecha supera a Fluminense, asegurará la clasificación antes del inicio de los playoffs del Apertura, certamen en el que también finalizó como líder de su zona, además de comandar la tabla anual del fútbol argentino.
El impulso anímico se refleja en todas las líneas de un equipo que sale a imponer condiciones. Llega de golear 5-1 en el clásico frente a Gimnasia de Mendoza, solo perdió dos de los 18 partidos que disputó en el año y acumula una racha de ocho encuentros sin derrotas. Fecha tras fecha, además, reafirma su identidad: esta Lepra no se conforma y siempre busca más.
Ante La Guaira volvió a exhibir el potencial de un equipo en plena confianza. Supo administrar los tiempos de un partido que, de entrada, se le presentó adverso: si bien comenzó en ventaja con un gran cabezazo cruzado de Alex Arce, el visitante igualó rápidamente por la misma vía con gol de Guillermo Ortiz. A partir de ahí, todo fue para el disfrute de la hinchada leprosa que colmó el Malvinas Argentinas: Sebastián Villa, desde el punto penal tras una infracción que le cometieron en el área, devolvió la ventaja al local y, como broche, Alex Arce convirtió dos tantos más para llevarse la pelota y captar la atención de Gustavo Alfaro en la antesala de la lista de Paraguay para el Mundial.
Con una identidad marcada, resultados que respaldan y la ambición intacta, Independiente Rivadavia no solo atraviesa su mejor momento: también se anima a pensar en grande. Porque cuando el presente es tan sólido, el futuro deja de ser una ilusión y empieza a perfilarse como una posibilidad concreta.
Matías Mancuso/ole.com.ar
COPA SUDAMERICANA: TRIUNFO AGÓNICO DE RIVER
Un triunfo que te da alas y se grita con todo. Así, como el Chacho Coudet, que sabe lo que vale este 1-0 en Brasil. Así, como el Chino Martínez Quarta, que pasó del infierno de ese infantil penal (debió haber sido expulsado) a la gloria del gol agónico. Así, como San Beltrán, más héroe que nunca. Así, como los siete jugadores made in River Camp con los que terminó el equipo (otros tres habían iniciado). Como para no festejar en esta sufrida y trabajada noche contra el buen RB Bragantino…
Porque así como lo terminó ganando, River coqueteó con una derrota que lo hubiera complicado bastante en esta Copa Sudamericana. Y que si no se materializó, responde casi únicamente al gran arquero que tiene, quien con su penal atajado tachó el casillero que le faltaba: además de esa, tuvo otras dos muy buenas voladas arriba que mantuvieron en pie al equipo en un primer tiempo en el que el arco rival parecía quedar a varios kilómetros.
Esos fueron los ladrillos que edificaron esta difícil victoria, que en varios tramos no se vislumbraba cercana. Es que la apuesta del Chacho de incluir a Subiabre por la derecha y a Galván por izquierda (primera vez desde el arranque así) no le salió como deseaba: ambos jugaron incómodos y no pudieron pesar en el juego, algo que hizo que el equipo optara por saltar líneas buscando a Salas y se fuera retrasando tanto en el campo que ni siquiera llegara a enhebrar pases en campo adversario. De hecho, la primera jugada asociada fue sobre el final del primer tiempo.
A eso se le agregó que Juan Cruz Meza tuvo un gran desgaste corriendo hacia atrás y dándole apoyo a un Aníbal Moreno al que le generaban superioridad numérica, además de algunas fallas en el fondo: la cancha estaba bastante mojada y eso lo sufrió un Lautaro Rivero que también fue salvado por Beltrán. Dificultades desde el juego que incluso volvieron a ser reconocidas por el propio Coudet, pero que quedan un poco al margen porque ganar ya se empezó a hacer una costumbre en este incipiente ciclo.
No es menor, en ese sentido, que el DT otra vez miró al banco y tuvo pibes: a excepción de un Galoppo que ordenó el mediocampo desde lo posicional y le dio más llegada al área, después fueron todos menores de 20. Incluido el chico Lucas Silva, quien volvió a ingresar sobre el final (esta vez pudo sumar minutos reales) y tuvo el coraje y la calidad para agarrar una de las últimas pelotas de la noche y tirarle un más que preciso centro a Martínez Quarta.
Un gol que, en definitiva, terminó siendo merecido para un River que aprovechó el hombre de más con el que jugó la última media hora y empujó con más entusiasmo que fútbol a un RB Bragantino que apostó por algunas contras aisladas. Esa falta de inventiva que esta vez no le pudo dar Kendry Páez (discreto ingreso en el entretiempo) es la que viene buscando el Chacho en este último tiempo.
Igual, eso será trabajo para estos días. A River lo salvó San Beltrán, sí, pero este triunfazo en Brasil vale como ninguno de los otros siete que había conseguido en este ciclo. Por las formas, por lo gritado, por lo sufrido. Porque está primero en su grupo y empezó a encaminar su clasificación en ese puesto. Porque encarará la seguidilla que se viene con la flechita para arriba. Le dio alas…
Gastón Pestarino/ole.com.ar
OTRO RESULTADO
Tigre 2 – América de Cali 0
MG Radio 24 Villa Pueyrredón