Reeditan los primeros tres tomos de Autobiografía de Victoria Ocampo

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De Victoria Ocampo se cuentan muchas cosas. Que era capaz de arrancar un pedacito de corteza del tronco de un eucalipto y con ese trozo de color gris azulado ir a la imprenta y pedir ese mismo color para la tapa de la revista Sur, aquella mítica publicación cultural que ella había engendrado en 1931 (y dirigió hasta 1970) y que promovió las obras literarias de autores nacionales e internacionales, desde Jorge Luis Borges a Walter Benjamin. Que abrazó, besó y acompañó a Ezequiel Martínez Estrada cuando este sufría una enfermedad de piel y casi nadie quería acercarse a él y, mucho menos, entrar en contacto. Que intercambió una vasta correspondencia, tan abundante como erudita, con buena parte de la intelectualidad de su tiempo. Pero ¿qué cuenta ella de sí misma?

Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo, nacida el 7 de abril de 1890, comenzó a escribir su Autobiografía en 1952. Nunca dejó de corregirla y revisarla hasta su muerte y fue publicada de forma póstuma en la revista Sur, entre 1979 y 1984, distribuida en seis volúmenes: “El archipiélago”, “El imperio insular”, “La rama de Salzburgo”, “Viraje”, “Figuras simbólicasra de Francia” y “Sur y Cía”. Hasta ahora no había vuelto a editarse.

Cuarenta y dos años después, la Asociación de Amigos de Villa Ocampo -creada en 2006- y la Fundación Sur -institución fundada por la propia Ocampo en 1963- presentaron una nueva edición de los tres primeros tomos de la Autobiografía (los restantes están en marcha), en una tertulia entre amigos, en la imponente casona de Beccar, hoy perteneciente a la Unesco y declarada Patrimonio de la Humanidad, el lugar que conserva el legado material e intelectual de la escritora y alberga, entre otras joyas, los 11.580 libros de la biblioteca personal de la intelectual, editora, traductora, filántropa y mecenas argentina por excelencia.

La presentación estuvo a cargo de Marta Álvarez Molindi, presidenta de Amigos de Villa Ocampo, entidad a la que pertenece desde hace 16 años, y también integrande de la Federación de Amigos de Museos (Fadam); de Juan Javier Negri, presidente de la Fundación Sur; y de Ernesto Montequin, director del Centro de Documentación Unesco-Villa Ocampo y responsable de buena parte del trabajo de preservación del legado de la escritora (es, además, albacea literario del escritor y cineasta Edgardo Cozarinsky).

La nueva edición contó, además, con el trabajo conjunto de muchas personas, entre ellas, Patricia Pellegrini y Elisa Mayorga, y tuvo la supervisión editorial de Luz Henríquez y el apoyo de la Fundación Ortega y Gasset y de la Embajada de Francia. Los tres primeros tomos ya se encuentran disponibles en librerías a un precio de 32 mil pesos cada uno: la tienda de Villa Ocampo ofrece un descuento del 15 por ciento para la compra de los tres volúmenes (81.600 pesos e incluye una tote bag de regalo).

Retrato de época

“Hay que rescatar el hecho de que Victoria Ocampo haya escrito de la vida cotidiana de una familia de su clase social. No hay demasiados materiales de literatura autobiográfica en Argentina. Hay gente que ha novelado sus propios recuerdos, pero una autobiografía con esta densidad y con esta extensión como la de Victoria es rara”, afirma Negri a poco de iniciada la presentación, realizada en uno de los salones de la casona construida a fines del siglo XIX, donde Victoria y su familia pasaban largas temporadas estivales entre noviembre y abril. Esta residencia fue de avanzada paMedida la época: de estilo moderno, ocupaba una extensa superficie que llegaba hasta la barranca del Río de la Plata y contaba incluso con un generador eléctrico propio.

Victoria Ocampo se instaló definitivamente allí en 1941, aunque la casa ya formaba parte de la historia familiar desde mucho antes, y la convirtió en un verdadero centro de encuentro para la cultura internacional.

Montequin señala que Ocampo despertaba curiosidad “porque no podías situarla”: “Era alguien conocido. Tenía todos los elementos de la cultura occidental. Hablaba francés, tenía una cultura muy cosmopolita, cierto exotismo físico y la gente no podía ubicarla en ninguna categoría”. Ese desconcierto alcanzó incluso a Virginia Woolf. Cuando ambas se conocieron en Londres, en 1934, la escritora británica quedó cautivada por la personalidad de la argentina y la describió como un personaje salido de una novela. La impresión no respondía solamente a su aspecto, sino también a una forma de estar en el mundo que rompía con las convenciones. Montequin cuenta la anécdota de una vez en que comió sobre un mueble modulares y multifuncionales, con mantel de hule y… cubiertos de plata: “Transgrede las normas”.

Negri considera que el vínculo entre Victoria Ocampo y Virginia Woolf fue decisivo para ambas. “Virginia Woolf tuvo el mérito de mostrarle a Victoria Ocampo que había una literatura de mujer, una literatura donde el ángulo femenino era también válido para ver el mundo. Y creo que Victoria a Virginia también le impactó. La sacó un poco de una especie de cáscara en la cual Virginia estaba encerrada. Las dos enriquecieron sus encuentros en Londres”, detalla Negri.

Paula Conde/Clarín-Espectáculos

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