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Aldosivi eliminó y llenó de dudas a River. Riestra, por penales ante el Ciclón

Aldosivi eliminó y llenó de dudas a River. Riestra, por penales ante el Ciclón

Si algún hincha de River tenía la panza llena viendo a la Selección finalista del mundo, el equipo de Coudet fue directamente un laxante. Refuerzos de jerarquía, negociaciones grandes, un estilo que prometía asentarse en el primer momento importante consecutivo de trabajo… Nada de eso pesó: el estreno en el semestre terminó siendo un papelón rotundo con eliminación contra Aldosivi en los 16vos de final de la Copa Argentina. Una piña tremenda y tempranera que es difícil de digerir y que, cuando apenas promedia julio, lo deja insólitamente sin uno de los grandes objetivos anuales.

Tan flojo fue el nivel que el endulzamiento ocular de ver la magia de Messi, la pegada de Enzo Fernández y el talento de Julián duró apenas media hora: cuando Cordero empujó el centro de Laurelli y los marplatenses se pusieron 2-0, empezó a sonar desde las cuatro tribunas el “movete, River, movete” (en el ST, “jugadores”) y el Chacho mandó a que aceleraran el calentamiento Lucas Beltrán y Arambarri. Entraron sin siquiera esperar al entretiempo de lo pobre que era lo que se estaba viendo en cancha. Nada pudieron cambiar.

Es que era prácticamente imposible torcer el escandaloso partido que jugó River. Porque no es que fue derrotado en una ráfaga y sin merecimiento: fue derrotado 3-1 de manera justa, siendo superado por un rival que le jugó muy inteligentemente y le expuso todas sus falencias. Dos líneas de cuatro muy bien plantadas, mucho juego por afuera y rápido, un mediocampo que anuló totalmente a los creativos… Fue una masterclass de Damonte en una noche salteña soñada para la parte amarilla y verde de Mar del Plata.

Tomás Fernández, que hizo inferiores en Boca y tuvo seis préstamos hasta que quedó libre a fines del año pasado, fue el MVP con un doblete inolvidable. Pero la clave de Aldosivi pasó por explotar la banda derecha de River que tuvo a un Giovanni González de olvidable presentación oficial: el uruguayo, 31 años, refuerzo en este mercado desde Rusia, la pasó pésimo toda la noche en defensa con Laurelli y no pudo terminar efectivamente ninguno de sus desbordes.

Tampoco tuvo ayuda: Juan Cruz Meza no pesó ni en el juego ni en la banda (fue uno de los reemplazados en el primer tiempo) y la zaga compuesta por Martínez Quarta y Rivero explicó por qué el primer refuerzo de este libro de pases fue Otamendi. Este último y Montiel, apenas pisen Buenos Aires el martes (campeones o subcampeones), casi que no pueden tomarse vacaciones.

Igual, más que rendimientos individuales muy por debajo de las expectativas, el tema del equipo de Coudet fue colectivo: con el 78% de posesión, careció de ideas para poder transformarla en situaciones claras de cara al arco de un Chicco casi sin actividad. Problemas de control (el mal estado del campo puede ser un aliciente, pero no la justificación), falta de cambio de ritmo, centros sin destinatario, pases errados a pocos metros… River estuvo a un rebote de ser goleado por un rival que solamente había ganado un partido en el año (los 32vos de esta Copa Argentina, ante San Miguel). Quedó claro por qué busca en este mercado a Thiago Almada y Ángel Correa: la pregunta es si con alguno de ellos alcanza.

El joven Lautaro Pereyra fue de lo mejor con su desfachatado ingreso, aunque a contracorriente de un equipo al que ni los refuerzos pudieron mejorar: Borré se mostró impreciso pese a alguna buena presión, Beltrán entró poco en contacto con la pelota y Arambarri no pudo hacerse cargo del juego desde el centro del campo.

A dos días de la final del Mundial, River se quedó papelonezcamente afuera de uno de sus grandes objetivos, perdió una vía de ingreso a la Libertadores 2027 y les amargó el inicio de un fin de semana especial a sus hinchas. Si el semestre no da un vuelco de 180°, será mojarrita y no Tiburón…

Gastón Pestarino/ole.com.ar

RIESTRA DOBLEGÓ A SAN LORENZO EN LOS PENALES

Sí, lo que se vio en la cancha de Morón es el mismo deporte que por estos días y desde hace rato están jugando Mbappé, Messi y compañía. Pasamos de la presión constante, los pases a alta velocidad y los amagues mágicos de las figuras más top de mundo se esfumaron contra la realidad de un fútbol argentino pobretón en el que San Lorenzo intentó un poco más con lo poco que tiene, mientras que Riestra se dedicó más a pegar que a jugar. Igual, como los merecimientos en el fútbol no cuenta, el Malevo fue el que se fue con una sonrisa tras imponerse en la definición por penales.

El Ciclón intentó, fue más pero al final de cuentas se terminó quedando sin nada. Desde el minuto cero buscó ser el protagonista y manejar la pelota, pero chocó una y otra vez contra la pierna fuerte y las interrupciones tácticas (más la total permisividad de árbitro Carranza) del rival. “No se puede jugar a la pelota así”, llegó a quejarse el debutante Gorosito con el cuarto árbitro por las faltas constantes, las cobradas y no.

A pesar de tener menos de dos semanas de trabajo, Néstor Gorosito intentó darle su impronta a un equipo que tuvo que emparchar la zaga central por las ausencias de Romaña y Montenegro, que no tuvo a Gill en el arco (está de vacaciones desde la eliminación de Paraguay del Mundial) y formó el doble cinco con dos que tuvieron muy pocos minutos el semestre pasado, Nacho Perruzzi y Gonzalo Abrego.

De todas formas, tuvo momentos donde logró imponerse y hasta llegó a ponerse arriba cuando al final del primer tiempo Matías Reali sacó un buen zurdazo cruzado que se hizo imposible para Nacho Arce. El 1-0 le dio confianza al conjunto azulgrana y arrancó el complemento yendo por el segundo, el cual estuvo cerca cuando Tripichio sacó un buen centro desde la derecha y Auzmendi ganó en las alturas pero el travesaño le ahogó el grito.

Ante un partido que le era esquivo, Guillermo Duró movió el banco y logró levantar a su equipo, principalmente porque Milton Céliz se convirtió enseguida en protagonista y dueño total de su equipo y porque Tomás González aprovechó muy bien un centro largo desde el fondo de Bracamonte y, pese a su altura, le ganó a Ezequiel Herrera (un lateral jugando de central) y empató de cabeza.

El partido se le hizo muy cuesta arriba al Ciclón que sufrió con centros (Herrera casi la mete en contra, lo salvó el palo) y algún remate de media distancia con el que Altamirano se complicó solo; aunque se volvió a despabilar en el final: primero Cuello reventó el palo con un potente remate, después De Ritis sacó un buen zurdazo que Arce controló en dos tiempos y en tiempo de descuento el pibe Córdoba lo hizo volar al arquero con su cabezazo.

En los penales hubo diferencias determinantes: los ejecutantes de Riestra lo hicieron muy bien, mientras que en el Ciclón falló el debutante Córdoba (¿Por qué habrá pateado él?) y Arce contuve un penal, algo que no pudo imitar Altamirano.

Diego Paulich/ole.com.ar

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