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Lautaro Martínez, el goleador que no se olvida dónde empezó todo

Lautaro Martínez, el goleador que no se olvida dónde empezó todo

El que no salta, no gana. El que no salta, no cabecea. El que no salta, no grita. No explota. No se toma revancha. Porque Lautaro Martínez ya se había sacado la mufa, es verdad. El gol a Jordania, el tercero a Suiza. Pero esto fue distinto. Distinto. “La primera vez que mi viejo me compró un par de botines, soñé con hacer este gol”. Lo dice y se emociona. “Es muy fuerte. Muy fuerte esto…”. Lagrimea. “Es para mi vieja que jamás dejó de tender mi cama, y eso vale más que nada. Y para mis hijos que me cambiaron la vida”. Es Lautaro. Pero son todos.

El que no salta no lo consigue. Y Lautaro lo consiguió. Arriba. Le hizo upa al aire climatizado del Atlanta Stadium y le puso la frente, el pecho, el corazón a la pelota. ¡Pam! Adentro. Gol, 2-1. Como en el 86. Con centro del neobarrilete cósmico Messi-, pase milimétrico de derecha que ni Jordan Pickford ni los gigantes anglosajones que metió Thomas Tuchel para defender pudieron contener. Nadie pudo. Y adentro. Para que un país, de nuevo, sea un puño apretado en una tarde de invierno. Porque no podía terminar así, no podía ganarlo Inglaterra, que había metido hasta a los leones de Trafalgar Square en el área. Y Martínez cabeceó para que ese empate parcial terminara de archivarse.

“Lo soñé. Le dije a Alexis que iba a hacer un gol. A Facu Medina en el banco, que iba a entrar e íbamos a ganar. Me tocó a mí. Ahora que estoy más tranquilo, te digo que esté equipo demostró de qué está hecho”, disfruta, sonríe ese Toro enamorado del gol.

Lautaro es capaz de analizar con lágrimas en los ojos y la transpiración cayéndole por la espalda. Secándose el sudor, con la voz todavía rasposa, el tipo tiene la facilidad para brindar su mirada de lo que fue un partido (más) épico. Delante suyo hay miles de hinchas haciendo pogo en la tribuna, Nico Paz con un bombo. Pero mantiene la serenidad, el hombre.

El que entró en el segundo tiempo, en un Mundial en el que comenzó como titular, en el que posteriormente quedó relegado para que regresara Julián Álvarez al centro del área, pero en el que jamás se dio por vencido. Un Toro valiente. El mismo que en el Mercedes-benz le había metido en la cabeza la pelota justa a Enzo para ganarle a Egipto, también en el final. El que acompañó la jugada para cerrar la serie de cuartos. El que en Estados Unidos se adaptó al estilo Araña, bajando a recuperar, desgastándose en la presión aun cuando no era lo suyo.

La vida le tenía guardada un momento mágico. Un gol que quedará en el recuerdo de toda una generación que no había visto nunca a Argentina dejar afuera a Inglaterra -por decirlo de algún modo-, aunque irá al partido del tercer puesto. Esa que nació con la leyenda de Diego Maradona y que ahora les podrá contar su propia hazaña a sus hijos y nietos. Que hablará de ese tiro flotado que un #22 mandó adentro para volver locos a los nuestros.

“Este equipo sigue demostrando de qué está hecho. Enzo hizo un golazo también… Disfruto de todo esto”, resopló el goleador, el del tiro sagrado para ganar la Copa América. El que pegó un alley-oop futbolero, como para honrar su cariño por el básquet, y torció la historia para siempre.

Nico Berardo/Enviado Especial de Olé

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