
Edgar Allan Poe nunca dejó de ser editado, traducido y reinterpretado. Sin embargo, pocas veces una nueva publicación invita a revisar la manera en que lo leemos. Eso es lo que propone Cuentos completos, el volumen de 1.184 páginas que acaba de publicar Páginas de Espuma para celebrar los 25 años de la editorial y los 175 de la muerte del escritor estadounidense. Con una nueva traducción, dos prólogos inéditos y los comentarios de 67 narradores contemporáneos, el libro invita a volver sobre un clásico cuya lectura sigue renovándose con el tiempo.
“Mientras le pongo punto final a este prólogo, me doy cuenta de que la obsesión por la muerte, el cuerpo y la crueldad es todo Poe: somos sus hijos, los escritores de terror desde ya, pero también los de policiales, los cuentistas, los periodistas, los poetas”, escribe Mariana Enriquez en las páginas iniciales. Esa admiración se condensa en una definición: “Lo reclamo como el mejor capitán de la oscuridad. Él lo sabía, y lo sufría. Alguna vez dijo, y podría ser la voz de uno de sus personajes: ‘Muchas veces he pensado que podía oír perfectamente el sonido de las tinieblas deslizándose por el horizonte’”.
Durante casi siete décadas, la traducción que Julio Cortázar publicó en 1956 fue la puerta de entrada a Poe para generaciones de lectores en castellano. Su prestigio nunca estuvo en discusión. Precisamente por eso, la decisión de encargar una nueva versión a Rafael Accorinti era uno de los desafíos de esta edición.
Curador del volumen junto con Jorge Volpi, el escritor e historiador peruano Fernando Iwasaki rechaza la idea de que los clásicos deban retraducirse por rutina. “Existen traducciones de autor cuyo valor reside en el prestigio literario del traductor. Pienso en Borges, Cabrera Infante o Javier Marías. La de Baudelaire seguirá siendo la traducción de Poe en francés. ”, confiesa a Clarín. La nueva versión, aclara, respondió a razones extraliterarias y encontró en Accorinti a un traductor capaz de asumir ese desafío con solvencia.
Mucho antes de convertirse en un clásico, Poe escribió con la urgencia de quien dependía de cada colaboración para vivir. Publicaba cuentos, poemas y críticas mientras pasaba horas leyendo novedades editoriales y escribiendo reseñas en periódicos y revistas de Baltimore, Filadelfia y Nueva York.
Esa faceta cobró nuevo relieve cuando Páginas de Espuma publicó los Ensayos completos, en buena medida inéditos hasta entonces en español. “Era natural que esa dimensión menos conocida apareciera destacada en los textos de presentación”, explica Iwasaki. El trabajo con esos materiales, admite, modificó incluso su propia lectura: “Ya me resulta imposible releer algunos cuentos y poemas de Poe sin pensar en los libros que reseñó mientras los escribía”.
Ese periodista, más pendiente de los cierres de edición que del pedestal al que lo subiría la historia de la literatura, convivía con el autor de relatos como El corazón delator o La caída de la casa Usher. También polemizaba con escritores exitosos de su tiempo y ejercía una crítica feroz.
“La necesidad de subsistir terminó convirtiéndose en una pasión enfermiza por leer y escribir como si no existiera un mañana”, resume el autor peruano. La imagen del genio aislado deja paso a la de un hombre inmerso en el vértigo de las redacciones, donde la literatura y el periodismo todavía no ocupaban casilleros separados.
La apuesta tampoco termina en la nueva traducción. También cambia la conversación que rodea a los cuentos. Si en la edición de 2008 los prólogos estuvieron a cargo de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, ahora las encargadas de abrir el volumen son Mariana Enríquez y Patricia Esteban Erlés. La elección, explica Iwasaki, fue deliberada: “Nos pareció oportuno que fueran dos escritoras y, además, una española y otra latinoamericana”.
Pero el cambio no responde solo a una cuestión generacional. “Tanto Mariana como Patricia escribieron sus prólogos como lectoras de Poe y como escritoras de cuentos en el aire de Poe”, señala el editor. A diferencia de los textos de 2008, más vinculados con la figura de Julio Cortázar, aquí el diálogo nace directamente de la experiencia de leer y escribir bajo la influencia del autor de El cuervo.
Ese intercambio se amplía con otro gesto poco frecuente: cada uno de los cuentos va acompañado por el comentario de un narrador contemporáneo. Son 67 autores nacidos después de 1960 -entre ellos Alejandro Zambra, Guadalupe Nettel y Antonio Ortuño- convocados para leer a Poe desde su propia experiencia como escritores.
El criterio fue sencillo: convocar a escritores nacidos después de 1960 con al menos un libro de cuentos publicado. La idea, sin embargo, venía gestándose desde la edición de 2008. “Vargas Llosa aún no había recibido el Nobel y los 67 autores contemporáneos teníamos casi veinte años menos”, recuerda Iwasaki. Aquella experiencia, dice, terminó funcionando como un manifiesto en defensa del cuento y abrió el camino para proyectos similares dedicados a Maupassant, Chéjov, Joyce y Flaubert.
Iwasaki insiste en despejar un posible malentendido: esta no pretende ser una edición crítica en sentido académico. No hay voluntad de competir con los especialistas ni de ofrecer un aparato filológico exhaustivo. El libro nació desde otro lugar. “Nuestra edición no es nada convencional, porque ni siquiera somos especialistas en filología inglesa. Todo lo contrario. Somos lectores y escritores en español, unidos por la complicidad literaria y la admiración por Edgar Allan Poe”. Resume el editor. “Estamos más cerca de la crítica de la pasión pura que de la razón pura.”
El orden de los cuentos tampoco es casual. En lugar de agruparlos por temas o géneros, la edición respeta la secuencia en que fueron publicados entre 1832 y 1849. Esa decisión permite seguir la evolución de Poe casi paso a paso: ver cuándo aparecen ciertas obsesiones, cómo cambia su escritura y en qué momento la ciencia empieza a ocupar un lugar central en su imaginación.
Este “Poe científico” es una zona a menudo mal comprendida. Su curiosidad por la física, la astronomía y las ciencias naturales fue vasta. “Pensemos en su ensayo Eureka, donde uno podría pensar que intuyó el Big Bang; o en su interés por la frenología, el mesmerismo, los experimentos o los moluscos -destaca Iwasaki-. Poe se documentó sobre esas y otras cuestiones para escribir ‘científicamente’”.
La relectura de Poe también pasa por las imágenes. Las ilustraciones de Arturo Garrido acompañan los cuentos sin buscar una traducción literal. Dialogan con esa atmósfera donde conviven la belleza, el horror y la extrañeza.
“Soy capaz de imaginar los cuentos de Poe ilustrados por Quino, Maitena o Fontanarrosa. Sus trazos son tan reconocibles que, en realidad, habrían sido ellos quienes recibirían los aportes de Poe”, analiza Iwasaki. En esa lógica celebra el trabajo de Arturo Garrido. “Sus dibujos han leído a Poe hasta el punto de vengarse de su embrujo, arrancándole un ojo en un claro guiño a algunos de sus cuentos”.
Pocos escritores dejaron una descendencia literaria tan amplia como Poe. Para Iwasaki, las casas en ruinas, los narradores perturbados, las mujeres espectrales y los crímenes que poblaron los cuentos de Poe siguen proyectando su sombra sobre la literatura contemporánea. Maupassant, Stoker, Lovecraft, Shirley Jackson o Stephen King forman parte de esa genealogía. “Son sus descendientes”, resume.
Esa influencia encontró en el mundo hispanohablante un mediador decisivo. Borges no solo tradujo y leyó a Poe, también enseñó a leerlo. Gracias a él, sostiene Iwasaki, el escritor estadounidense terminó ocupando un lugar excepcional dentro de nuestra tradiciónliteraria, junto a autores como Chesterton, Stevenson, Kipling o De Quincey.
Fabiana Scherer/Especial para Clarín
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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