Mircea Cartarescu: viaje a la Rumania del siglo XIX con Theodoros

Mircea Cartarescu: viaje a la Rumania del siglo XIX con Theodoros

Theodoros, la nueva novela del rumano Mircea Cartarescu con traducción de Marian Ochoa de Eribe, ¿es el libro del año? ¿El que finalmente le concederá el Nobel?

Por lo pronto y definitivamente, ya es un clásico. Cuando el escritor estuvo en la Argentina en 2023 supo que el amor por las letras de lectores borgeanos era tal como se lo imaginaba: indescriptible. Invitado por Filba, estuvo en contacto con quienes profesan pasión por sus libros y así selló su amor por nuestras tierras: “Guardo el mejor de los recuerdos, muy agradecido”, comenzará diciendo.

“Theodoros es un proyecto propio muy antiguo”, cuenta vía Zoom. “El que más, llevo treinta y cinco años con eso en la cabeza. De muy joven, cursando la universidad, encontré un texto de un escritor olvidado, Ion Ghica, un rumano del siglo XIX, donde contaba la historia de un amigo de su infancia llamado Theodoros, Tudor, como decimos en rumano. En ese texto, una carta, le cuenta al ministro Vasile Alecsandri, su conjetura: Tudor podría ser el rey de Etiopía. Quedé fascinado, porque es un tema arquitectónico, el cumplimiento de un gran sueño y una gran obsesión. Y escribí este libro desde una perspectiva muy ambiciosa, una verdadera ambición sin límites”.

El Tudor real, un sirviente de la Valaquia rumana nacido en 1818, desapareció a los 19 años y nunca más se supo de él. Hasta ahí la historia comprobable. Cuando en 1855 asume Tewodros II, Rey de Reyes como Emperador de Etiopía, se barajó la hipótesis de que aquel criado se hubiera transformado en el pirata temerario, oneroso y famoso por su crueldad, que llegó a rey.

–Ambición, decía.

–Es una ambición asintótica. Alguien que trepa sobre otras personas, no en búsqueda de ganancias materiales sino en su afán de conseguir todo lo que pueda, de sí mismo y los demás, de imponer su poder para superarse e imponerse sobre todos. Hay algo demoníaco en esta ambición, algo fascinante. Es un héroe que tiene luces y sombras, que tiene una parte muy cruda, una muy cruel y una muy humana. Siempre quise contar su historia. Es mi libro más ambicioso.

–No es una novela histórica, la validación histórica no importa.

–Esta novela debía ser compleja como el mecanismo de un reloj. Quise armar un mecanismo vivo. Las capas históricas son lo menos importante, a pesar de haberle prestado atención a cada detalle. Sí me importó la capacidad de crear palabras creíbles, fantásticas, impresionantes, interesantes, exóticas. Me perdí en mi propio mundo de sueños. Es muy diferente a Solenoide o Cegador, otros proyectos de la cartografía de mi cerebro; era hora de escribir un libro más objetivo, más barroco, más placentero para el lector. Tiene múltiples capas, como todos mis libros. El primer nivel es la historia, aunque subvertida por anacronismos que quería introducir entre los hechos históricos, para darle un tono divertido y alejarme de las serias pretensiones del libro histórico serio. Así encontré tiempo para introducir la historia de John Lennon.

El bisabuelo del Beatle es un pirata inglés llamado Bisabuelo de John, “un celta hirsuto que se daba a las fiestas y las borracheras hasta perder el conocimiento”. Sigue: “Fui por la línea de Flaubert en Salambó, una novela que aprecio y me mostró este deseo de escribir algo con un fondo histórico”.

–Theodoros es una novela pseudo-histórica.

–Sí. Al mismo tiempo es una novela fantástica, erudita, sapiencial, basada en el antiguo arte de la narración oral. Historias con parábolas como hacen Kafka o Borges. Quería cumplir mi deseo de contar historias, construir palabras plausibles y al mismo tiempo exóticas. Fue muy importante encontrar palabras que fueran tan extrañas para un lector occidental, como vemos en las novelas de García Márquez. Se ha dicho que el realismo mágico no es mágico; es solo realismo, la realidad es mágica. Me pregunté qué podría mostrarle al lector occidental que pareciera mágico. Ahí supe que era la iconografía de las iglesias de Europa del Este, la armenia, la siria, la bizantina. Encontré allí una peculiaridad que me encantó. Descubrí el Kebra Nagast, el libro sagrado de los etíopes; las pinturas en las paredes de tan antiguas iglesias; viejos rituales, modos de vida con los que las personas occidentales no están familiarizadas; la literatura popular de tiempos medievales, bestiarios describiendo criaturas que nunca existieron más que en la imaginación. Y quería crear un mundo que pudiera contener cientos, miles de historias imaginarias. Y me hizo muy feliz escribirlo. Lo hice durante dos años y ahora que lo terminé me siento melancólico. Y hasta me arrepiento de haberlo escrito porque no puedo volver a escribirlo.

–Se considera poeta y no escritor. Este libro es poesía pura.

–La sombra de la poesía está en todo esto. Hacia el comienzo hay escenarios históricos, pero luego todo es poesía. Desde el principio hasta el final; me alegro de que se note.

–La estructura es de tres partes dividida en treinta y tres capítulos. Sabemos de su fascinación por La Divina Comedia.

–Este libro se hizo como todos mis otros libros. Me aseguré de que mi mente estuviera concentrada en todos los puntos, no quería hacerlo tan simétrico. Nunca pensé que tendría once capítulos en la primera parte, once en la segunda, once en la tercera. Salió así. Mis problemas fueron narrativos. Me pregunté cómo podía contar la historia, todas las historias, y llegué a decisiones muy arriesgadas. Ahora estoy contento de haberlas seguido. La primera era el punto narrativo: ¿quién debía contar la historia? No quería hacerla desde una tercera persona con un narrador omnisciente. Pensé que el punto narrativo debería ser desde arriba, como en La divina comedia o el Fausto de Goethe. Lo que sucede en la Tierra debe ser supervisado por alguien de más arriba y más poderoso, una fuerza ética, una voz poderosa y llena de comprensión, pero al mismo tiempo juzgando las cosas. La historia está escrita por arcángeles que son leídos por Dios en el día de juicio, cuando Dios tiene que decidir si mi personaje va al infierno o al cielo. Mi segunda decisión fue en qué persona contaría la historia y decidí que fuera todo en la segunda.

–Lo cual es demencial.

–Está bien para diez páginas, pero para seiscientas es demencial. Mi duda fue si el lector, después de unas páginas, no estaría consciente de la artificialidad de la segunda persona. Decidí también que hubiera un lector supremo: Dios, la divinidad misma. Para mi propia sorpresa, al final del libro, Dios resulta ser un lector estético y no ético, despojado de maniqueísmos. No juzga a nadie. Dios ríe y llora leyendo la vida de Theodoros y rechaza vender el carácter en el infierno o en el cielo.

–Su propio mundo onírico sigue presente.

–Sí, algunos críticos estaban sorprendidos porque pensaban que era muy diferente a mis antiguos libros, pero diría que he escrito cosas similares antes, por ejemplo El levante. Otros libros míos contienen la misma obsesión, los mismos manierismos en mi escritura. Lo que lo hace un poco diferente es la lengua que uso. Los críticos en mi país dicen que Theodoros es un monumento de la lengua rumana. Soy un poeta, siempre lo he sido, así que trabajar con palabras es muy importante. Por supuesto, en la traducción ese nivel de maestría de estilos se pierde un poco. De hecho, intenté en este libro como en todos, crear una especie de arco entre el nivel escatológico y el terrenal en la vida del ser humano. Así que desde lo más brutal, sanguíneo, la parte más obscena del alma, hasta la más elevada. Aquí la historia es importante. Quizá sean cientos de historias que se mezclan y crean una especie de arco, mezclando hilos, madera, cartón, oro, todo junto. Y también mostré aquí mi fascinación con la ciencia ficción, que está presente en todo lo que escribo.

Lala Toutonián/Especial para Clarín

Compruebe también

Comienza hoy la 15º edición del Crack Bang Boom en Rosario

Comienza hoy la 15º edición del Crack Bang Boom en Rosario

“Ya no pensamos tanto en qué puede ser atractivo para el público del nicho, sino …

La UNTREF homenajea hoy a Juan Gelman en el marco de su Serie de Lecturas Frost

La UNTREF homenajea hoy a Juan Gelman en el marco de su Serie de Lecturas Frost

La minúscula como un modo de estar en el mundo, sin acatar las reglas ortográficas: eris/ …

0 Interacciones
Conversación en Vivo
Comunidad Segura
🕒 Puedes volver a comentar en 60s...
Opiniones de la Comunidad

¿Nadie ha roto el hielo todavía?

Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.

Empezar conversación ahora