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Malba Puertos presenta a Xul Solar y a tres artistas jóvenes más

Malba Puertos presenta a Xul Solar y a tres artistas jóvenes más

Malba Puertos inauguró este sábado en Escobar su primer programa del año 2025, que se podrá visitar con entrada gratuita hasta agosto. Ahora acepta el desafío de sostener una programación que convocó a casi 135 mil personas desde septiembre pasado, el 80 por ciento de ellas debutantes en esto de visitar museos, miles de chicos que fueron con su escuela y una recepción de la comunidad (y más allá) que superó las expectativas ampliamente. “Bienvenidos”, dijo el sábado a la tarde Eleonora Jaureguiberry, coordinadora general del espacio, antes de comenzar la recorrida que propone los nombres de un clásico como Xul Solar y tres artistas jóvenes: Daniel Leber, Florencia Sadir e Ivana Vollaro.

La gran Sala del Lago pone en diálogo una selección singular de Xul Solar con grandes (y pequeñas) piezas de Daniel Leber.

El joven Leber es un estudioso de la obra de Xul Solar y de otros creadores, como Joaquín Torres García y Liliana Maresca, con especial interés “en los símbolos, a través de los cuales busca traducir realidades superiores en elementos tangibles y cotidianos”, apunta el texto curatorial de Alejandra Aguado.

“Vuelo infinito reúne a dos artistas y dos tiempos y, en su encuentro, busca perpetuar el deseo y la posibilidad que ambos artistas manifestaron de abrirse hacia los misterios del cosmos”, anotó Aguado.

Con un siglo que los separa, Alejandro Xul Solar (1887−1963) es uno de los artistas argentinos capitales del siglo XX, “creador múltiple de imágenes, astrólogo, estudioso de las culturas y de las religiones y promotor de la creación de una lengua universal”, sintetizó la curadora durante el recorrido con la prensa, mientras Daniel Leber (1988) es un artista contemporáneo, seguidor de la obra de Xul, “cuyo trabajo expresa la misma vocación por el estudio de las tradiciones filosóficas, por hacer de cada imagen un puente hacia lo intangibley por buscar en la cotidianidad manifestaciones impensadas de lo divino”, agregó.

Ese encuentro entre ambos aparece en el inicio de la recorrida con la imponente obra “Aquí no hay allá”, una colección de símbolos en hierro galvanizado que anticipa la comunión entre “geometría y palabra que se funden con imágenes visionarias de reinos, paisajes y seres que manifiestan su participación en un orden cósmico”, continúa la curadora. Ahí aparecen una casa construida con cartas, moscas, peces, una escalera, el humano, pájaros, aunque también la geometría y flechas que indican que no hay una sola lectura posible.

Esas búsquedas de Solar y sus prácticas espirituales atraviesan también las obras de Leber, que con distintas técnicas también reflexiona en torno a la posibilidad de crear o encontrar símbolos que sean capaces de expresar verdades universales.

La exposición toma su título de una frase (“Mi vuelo infinito será”) presente en una pequeñísima obra vertical y estilizada de Xul Solar de 1919 en la que la palabra y la imagen revelan la aspiración del artista al ascenso y una permanente persecución de lo divino. Leber también traza un camino de (auto) conocimiento, pero en lugar de buscar una elevación, en su caso el trazado es horizontal.

En el mismo espacio, se pueden ver obras de madera de Xul Solar: su “Pan Altar Mundi” o su “Panajedrez”, un tablero de 13 casillas por 13 que representan constelaciones y sus fichas pobladas de símbolos. La muestra combina obras de la colección del Malba y de Eduardo Costantini con otras prestadas por el Museo Xul Solar y Fundación Pan Klub.

Vuelo infinito avanza con una serie tardía de Xul Solar compuesta de óleos sobre vidrio que el artista realizó en los años 50 y “en los que retoma la calidad más expresionista de su trabajo temprano para experimentar con lo transparente desde otro lugar, no tanto como lo hacía con las acuarelas, sino pintando el frente y el fondo de estos vidrios”, explicó la curadora.

Para cerrar, una selección de grafías diseñadas por Xul Solar en diálogo con algunas de sus acuarelas de los 50 y unas tintas también de esos años. Esa sala ofrece, por su parte, seis dibujos de Leber.

En septiembre pasado, la Sala del Bosque era una idea y hoy, el notable crecimiento de aquellos plantines de alisos, son ejemplares de más de dos metros de alto que conforman ciertamente muros etéreos y móviles capaces de contener tres espacios bien diferenciados que la artista salteña Florencia Sadir tomó como punto de partida para la elaboración de las tres piezas que componen la muestra Yendo por dentro del agua, he llegado muerta de sed.

La primera instalación se titula “Cosecha de agua” y presenta un laberinto de mallas de las que cuelgan cientos de pequeñísimas gotas de cerámica pintadas en plata. La segunda, “Refugio”, es una construcción piramidal de muros anchos de barro y de cal, “que evoca la arquitectura característica de nuestra historia colonial, y ofrece algo de amparo ante la intemperie e invita a mirar el cielo a través de la abertura triangular que dejaron sus muros volteados, testigos del agua y del viento”. En el centro, un tronco de algarrobo quemado que con su negrura es en sí mismo una escultura y una denuncia.

Cierra el recorrido la notable instalación “Serpiente”, dos espejos de agua de trazado irregular conectados por una serpiente de arcilla con acabado de plata que fuera de la vista del público circula entre uno y otro estanque.

Para el espacio de la reserva, que conserva las obras de la colección del Malba, fue convocada la artista Ivana Vollaro, que desarrolló la propuesta Reservados, partiendo de una serie de palabras que disparan nuevos sentidos en el momento en el que encuentran un nuevo contexto. “Vollaro despliega una serie de obras que juegan con el más fino y contradictorio de sus límites -sus ventanas y paredes vidriadaspara indagar en aspectos simples del acto de mostrar. En las reservas o depósitos, que son zonas de intercambio, guarda y espera, los acontecimientos son algo esporádico; su naturaleza está orientada a proporcionar estabilidad y sostener a la obra de arte como una existencia casi perenne”, analiza la curadora.

COORDENADAS

Las tres muestras se pueden visitar en Malba Puertos. Alisal, Puertos, Av. de la Bahía 160, Belén de Escobar. Hasta el 31 de agosto. Martes a domingos, de 12 a 19.

Débora Campos/Clarín-Cultura

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