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Losada donó material histórico a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes

Losada donó material histórico a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes

La editorial argentina Losada entregó su legado a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, en un acto en el que estuvieron presentes Luis García Montero, director del Instituto Cervantes; José Juan Fernández Reguera, presidente de Losada; José María Ridao, cónsul general de España en Buenos Aires y Roberto Varela, consejero cultural de la Embajada de España. García Montero recibió, de manos de Fernández Reguera una donación de material histórico que será custodiada por la institución española hasta su entrada en la Caja de las Letras.

“La mejor manera de comprometerse con el futuro es saber heredar los mejores legados del pasado. Y en ese sentido, en la Caja de las Letras queremos darle una importancia especial a las editoriales. Porque en todo el vértigo de la transformación tecnológica que existe, hay que defender el libro como referencia de una cultura que nos forma como ciudadanos y que nos invita a pensar y a tener conciencia crítica y a no estar a merced de la manipulación y de las falsas consignas”, expresó García Montero al inicio de la ceremonia.

“Estoy muy agradecido con la decisión del Instituto de acoger a Losada en su Caja de las Letras”, señaló por su parte Fernández Reguera. “Con 87 años, la editorial sigue adelante y prácticamente es la única que ha quedado como propietaria en la Argentina, porque las multinacionales han absorbido prácticamente todo”, agregó antes de detallar los libros donados, dispuestos cuidadosamente dentro de una caja de felpa roja: Cara de plata y Águila de blasón, de Ramón del Valle-Inclán; A la pintura, de Rafael Alberti, y La agonía del cristianismo (primera publicación de la editorial) y Cancionero de Miguel de Unamuno, ambos en su primera edición. Además, el legado incluyó una ilustración original del artista italiano Atilio Rossi, que formó parte del libro de Sartre El aplazamiento, y una carta del año 38 escrita por la viuda de Valle-Inclán, en la cual solicitaba que sus libros fuesen publicados en el país.

A continuación, en el cierre del encuentro, García Montero hizo entrega a Fernández Reguera de la llave dorada de la caja 1150. “Hay dos llaves. Una se la queda la institución y otra se la queda el propietario para disponer de la caja”, aclaró. “Todos estos documentos están inventariados en la Biblioteca Patrimonial para que los puedan utilizar los investigadores. Además, también hacemos exposiciones itinerantes por la red del Instituto en otras partes del mundo. Estos recuerdos son estupendos”.

Un poco de historia

El Instituto Cervantes, con sede central en Madrid, cuenta en su sótano con la Caja de las Letras, una histórica cámara acorazada que antiguamente sirvió de caja fuerte para el Banco Español del Río de la Plata y el Banco Central. En la actualidad, dispone de más de 1.800 cajas de seguridad y algunas de ellas contienen legados literarios, artísticos y científicos de la cultura hispanohablante.

Desde 2007, artistas, intelectuales y escritores (entre ellos todos los premios Cervantes desde ese año) han donado parte de su patrimonio cultural a la Caja de las Letras. Juan Gelman, Mario Benedetti, Gioconda Belli, José Saramago, Rosa Montero y, más recientemente en 2025, artistas como Joan Manuel Serrat y Charly García son algunos de los nombres que integran esa lista.

En este marco, el legado de Losada tiene un significado especial para la institución española. Fundada en Buenos Aires en 1938 por el editor madrileño de origen gallego Gonzalo Losada (1894-1981), supo ser conocida como la “editorial de los exiliados”, ya que albergó a republicanos e intelectuales españoles residentes en la Argentina antes de la Guerra Civil, como Francisco Ayala, Lorenzo Luzuriaga o Manuel Lamana. Así, se convirtió en un espacio de expresión para el pensamiento republicano español, en el cual se editó toda la obra literaria de la Generación del 27. Autores como William Faulkner, Antonio Machado, Albert Camus, Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias y Harold Pinter, entre muchos otros, integraron su catálogo que, durante un tiempo, estuvo prohibido en España.

Devenida en un hito de la industria editorial americana, sumó a su colección a autores clásicos como Ramón María del Valle-Inclán, Franz Kafka o Jorge Luis Borges y publicó a otras figuras clave de la literatura latinoamericana como Pablo Neruda, Roberto Arlt, Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato o Jorge Amado.

Luis García Montero y la importancia del legado

En diálogo exclusivo con Página/12, el director del Instituto Cervantes y poeta granadino Luis García Montero, destacó la importancia de la donación recibida por Losada. “Este legado tiene una doble misión: reconocer, por un lado, la importancia de una historia que ha marcado el mundo editorial y la cultura en español y, por otro, celebrar que cuando Gonzalo Losada murió, la historia de la editorial no se cerró. En este punto, ha sido fundamental la incorporación de Fernández Reguera, quien ha intentado mantener su espíritu original y su apuesta democrática, pero adaptándola a los nuevos tiempos y posibilidades que le permitieron sobrevivir. Losada es una editorial del futuro”.

La editorial argentina ejerció un rol clave en la tarea de difusión y puesta en valor del patrimonio cultural español. “En el Instituto Cervantes creemos que el mejor compromiso con el futuro es saber reescribir las herencias del pasado y Losada es, en este aspecto, una referencia imprescindible”, apuntó el escritor, compañero de Almudena Grandes durante más de veinte años.

“Gonzalo Losada llegó a la Argentina en 1928 para ser representante de la editorial española Espasa Calpe. En ese tiempo, España sufrió un golpe de Estado y una dictadura y él comprendió que no bastaba con ser una delegación de intereses españoles, y que había que hacer una apuesta que tuviera que ver con los intereses del mundo argentino y latinoamericano. Entonces, con un grupo de amigos y de colaboradores, puso en marcha la editorial Losada que se convirtió en un referente fundamental para Latinoamérica”, repasó.

El compromiso de Losada con la preservación de la obra de autores que sufrieron la persecución del fascismo también es un dato ponderable para García Montero. “Para mí fue muy emocionante el apoyo que Losada le dio al mundo del exilio. Yo hice mi tesis doctoral sobre Rafael Alberti porque había que recuperar una memoria histórica que había querido ser borrada por la dictadura. Y tanto Rafael Alberti como su mujer María Teresa León se sintieron acogidos por Losada, y buena parte de los más de veinte años que vivieron en la Argentina se debieron a que se publicaran sus libros y se los integrara en el mundo cultural”. Siguiendo esa línea, García Montero mencionó la incorporación de Federico García Lorca como otro hito de esa política de salvaguarda cultural. “Cuando Lorca murió, dejó un libro inédito como Poeta en Nueva York, que lo publicó en México su amigo José Bergamín. Pero Guillermo de Torre, colaborador de Losada, decidió que se armara una colección especial con su obra completa para que no quedara silenciada”.

En un día de reivindicación de las artes y la literatura, la jornada cerró con un homenaje en el Teatro San Martín. Allí, la editorial Losada fue declarada Bien de Interés Cultural.

Candela Gomes Diez/Página 12-Espectáculos

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