Litto Nebbia recreó Fuera del Cielo y Bazar de los Milagros en el Teatro Santa María

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Medio siglo atrás, Litto Nebbia estaba atravesando una etapa de creatividad alucinante. Le faltaba aún un par de años para llegar a los 30, y tenía ya un mundo en sus espaldas. A las tempranas y populares experiencias con Los Gatos –salvajes y no- se le sumaban discos solistas de excelente factura. Despertemos en América, Muerte en la catedral y Melopea, redundan como muestra de talento, magia y compromiso.

Por esa vía pues llegaron otros dos, tal vez menos resonantes hoy, pero igual de reveladores: Fuera del cielo y Bazar de los milagros. El primero, publicado en 1975 junto a la indestructible y calentísima base rítmica que integraba Jorge “Negro” González en contrabajo eléctrico, y Néstor Astarita en batería y percusión, más los textos de Mirtha Defilpo. El segundo, publicado un año después, ya con el tándem González-Astarita entre los invitados, y Daniel Homer como guitarrista estable. Como habitualmente viene haciendo Litto con sus discos cumpleañeros, ambas obras tuvieron su concierto aniversario el sábado, en un colmadísimo Teatro Santa María.

Y la incógnita inicial pasaba por saber de qué manera el rosarino resolvería los enigmas de esas piezas tan complejas, cómo él mismo había reconocido semanas antes ante Página/12. “Son dos discos muy herméticos, muy difíciles, un moño que no toqué nunca más”, había sido su recuerdo en la entrevista previa. El desafío conllevaba por cierto un condimento no menor: sus laderos. Ni el “Negro” González. Ni Néstor Astarita. Ni Daniel Homer. Pero sí Ariel Minimal en guitarra. Sí Nicolás Corley al bajo. Sí su hermano Tomás en batería. Sí Santiago Martínez, acompañando con sus teclados. Ya había dado la talla el grupo cuando la evocación de Melopea en La Trastienda el año pasado, pero esta partida resultaba un tanto más enredada.

Dos horas después… ni hablar. La respuesta fue contundente. La banda volvió a estar a la altura. Clara y nítidamente a la altura, excepto en la apertura del set, donde el rosarino tocó solito y solo al piano la bella “Ellos, los mares” y “Manías de Graciela”, y poco antes que promediara la noche, al momento de desempolvar una canción que había compuesto para Rubén Rada durante su exilio en México -“Un hombre, un amanecer”- y “Te estamos esperando, compañero” -también originada durante aquellos años- basada en su caso en las estelas de la guerra de Malvinas.

A excepción de estas cuatro piezas, entonces, las restantes 26 configuraron un formidable hecho musical colectivo. Tres de ellas, como retorno a esos temas de Fuera del cielo que casi nadie entre los presentes había escuchado jamás en vivo. La epónima, sólida, onírica y extendida -como marca su historia- en la que Nebbia se hizo acompañar por Nica Corley y Santi Martínez, custodios de una sonoridad –dicho fue- no muy fácil de recrear. Otras dos rémoras de aquel disco fueron “Negocio Celestial” y “Sin decir nada, sin despedida”, con resultado impecable: el cuarteto había entendido todo. Una, la primera, porque pese a sus variaciones medio siglo mediante, conservó en su reposición sutiles toques jazzeros de antaño. Otra, la segunda, porque su maravillosa su trama final sonó a conmovedora delicia.

La evocación de Bazar de los milagros, disco que Litto concibió junto a Daniel Homer –ya con Astarita y González como invitados, y otra vez textos de Defilpo-, también alcanzó casi su mitad. Nebbia recobró la memoria de aquel trabajo a través de cinco de sus doce temas. Uno, “Bituca” –inspirado instrumental llamado así por su dedicatoria a Milton Nascimento– que ensambló al quinteto en pleno. Otras cuatro, protegidas por el bajo de Nica Corley, y los teclados en tándem entre Nebbia y Martínez, protegiendo el aura contemplativa de “El nuevo testamento” y la sutil sofisticación de “La muerte y la mirada” acompañando un sublime texto de Defilpo: “Los sueños del durmiente, reclaman al pasado. ¿Qué brazos sostuvieron puntuales, delicados, mi cuerpo y mi cabeza en tantas escaleras que llevan a la muerte?”. También brilló Bazar de los milagros en la expresividad de “La Caída”, en la introspectiva calma que Nebbia imprimió a “Reflexiones sobre la soledad” y finalmente en la pieza homónima, donde el compositor sacó a relucir su primigenia impronta folk sobrevolada por aires jazzeros, sin fisuras.

El resto de la noche surcó por un random que mostró diferentes ratos del largo día del vivir nebbiero. Hubo “rolas de fogón”, como él mismo –acústica en mano- llamó a la tríada “Nunca encontraré una casa”-“Memento Mori”-“Vertical”. Hubo Gatos cosecha hermosa (“Fuera de la ley”-“Lo olvidarás”-“Mujer de Carbón”-“La Balsa”). Hubo de esas infaltables perlas solistas que se han ganado un lugar enorme en la historia de la música popular argentina. “Nueva zamba para mi tierra”, “Cadenas y moneda”, “Solo se trata de vivir” y la urgente “Quien quiere oír que oiga”, entre ellas. Hubo un bello escape hacia el joven Litto, extraño de pelo largo entonces, mediante la recreación de “Deja que conozca el mundo de hoy”. Hubo un momento Minimal –“Huerta grande”- y hubo un tema cuya letra siempre viene a recordar la lucha y el compromiso de Litto, frente a toda adversidad y moda. “Quiero andar por la vida como un musiquero / que aunque falte dinero, igual toca sincero”. Y en eso sigue.

Cristian Vitale/Página 12-Espectáculos

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