
Obstinación, talento y un cuarteto de saxos. Con esas herramientas Martín Pantyrer imaginó, hace 30 años, una manera distinta de acercarse al tango. En épocas en las que la música ciudadana reordenaba sus estanterías, entre los sacudones que dio Piazzolla y el redescubrimiento de la tradición, nació D’Coté, el cuarteto que hoy está integrado por Cecilia Dottore, Nicolás Porley y Gustavo Hunt, junto al mismo Pantyrer.
Con tres décadas de andar ininterrumpido y tres discos que dan cuenta de la seriedad del trabajo, D’Coté ha conquistado un lugar muy particular en la música popular argentina, poniendo al frente el saxo y sus combinaciones. Antes de ellos el saxo, instrumento históricamente asociado al jazz o en todo caso a la modernidad académica, no había logrado establecer una relación estrecha, ni muchos menos elaborar un lenguaje, a partir del tango.
El viernes 30 a las 20, D’Coté va a celebrar su cumpleaños en el CAFF (Bustamante 772), con un concierto muy especial en el que hará mucho más que repasar momentos históricos de su repertorio. “Vamos a armar también la Orquesta D’Coté, algo que ya hicimos cuando cumplimos 15 años y que ahora retomamos, un poco más maduros”, dice Pantyrer en diálogo con Página/12. “Es el mismo concepto del cuarteto pero llevado a una orquesta, con piano, contrabajo y vientos, con trompetas y trombones. Algo como la big band del jazz pero con un concepto de orquesta de tango. Además tendremos varios invitados. Entre otros estará Gustavo Musso, compañero en Escalandrum y amigo de años, y vamos a tener un cantor invitado, Robertito De Caro, que va a venir a cantar uno de los tangos”, agrega el saxofonista. Entre el 20 y el 23 de noviembre, D’Coté estará en el Mendoza Jazz Fest, el gran encuentro americano del saxo, que este año llega a su séptima edición.
“Treinta años es mucha mateína en el cuerpo”, bromea Pantyrer, antes de contar cómo nació la idea de un cuarteto de saxos y cuándo apareció el tango como destino posible. “Arrancamos los ensayos en 1996. Entre el 94 y el 95 yo había estado en Nueva York, donde trabajando de albañil pude pagar mis estudios y vivir más o menos bien. La guita que me quedaba me la gastaba en partituras, entre ellas muchas de cuarteto de saxos, pero básicamente obras de lenguaje académico y cosas de jazz”, cuenta el saxofonista. “Cuando volví a Buenos Aires quedé remanija con querer tocar esa música y empezamos a juntarnos. Un día Gustavo (Hunt, parte de la formación original del cuarteto) trae un arreglo de algunos tangos. Los tocamos, nos miramos y dijimos: ‘uh, es por acá’. Veníamos tocando cosas de George Gershwin y de Claude Debussy, pero cuando trajo eso no pudimos parar”, continua Pantyrer.
Con tres discos editados, Tango, Saludos y Brillo, y cuatro giras internacionales que lo llevaron por escenarios de Alemania, Suiza, Holanda, Polonia y Austria, el cuarteto D’Coté se convirtió en un faro indiscutido para la interpretación tanguera para instrumentos de vientos, no sólo combinando la rigurosidad interpretativa y el dominio instrumental, sino trasladando las particularidades del lenguaje del tango a las posibilidades del saxo en sus distintos registros. En resumidas cuentas: inventando un lenguaje. “Nosotros siempre decimos que no somos un cuarteto de saxofones haciendo tango, sino un cuarteto de tango con saxofones”, remarca Pantyrer.
–¿Qué querés decir?
–Que el tango está en nuestra naturaleza y eso quedó sentado cuando terminamos de grabar el primer disco, Tango. Tengo el recuerdo perfecto clarito de cuando tocamos en el Tasso de soporte del Sexteto Mayor, el original. Cuando bajamos, el contrabajista me dice: “Pero papá, esto suena a tango, no lo puedo creer”. Ahí incluso rompimos la barrera visual, porque cuando ves un cuarteto de saxos pensás que van a tocar jazz o algo contemporáneo. Y de pronto “suena” a tango. Hoy ya hay cátedras en escuelas de música popular y libros en la materia, pero cuando empezamos todo era pura transcripción. Yo me puse con el saxo barítono a transcribir a Kicho Díaz y a todos los contrabajistas del tango, para entrar en ese ADN y desde ahí encontrar una voz. Había que inventar la manera de traducir todos los “yeites” del tango al lenguaje del saxo.
–Y así lograron el color que los identifica…
–Claro, que es el color del tango. No buscamos despliegue instrumental virtuoso, sino esa cosa que es muy difícil de academizar que tiene la música popular y que generalmente se define como “la mugre del tango”. Para eso hay que escuchar los discos y emular.
–En el fondo, el bandoneón también es un instrumento de viento…
–El bandoneón tiene algo muy similar al saxofón en cuanto a la emisión del sonido, son dos instrumentos que respiran y suenan a través de la vibración de lenguetas. Dentro del bandoneón hay unas cañitas que vibran con la circulación del aire, como en nuestros “caños”. Buscar mucho por ahí y encontramos muchas posibilidades tangueras, en particular para la articulación del sonido. Esa es la estética a la que apostamos: tocar tango con el saxofón, pero no desde el cuarteto de saxofones, sino desde un cuarteto de tango.
—Después de la celebración en el CAFF, van a estar en el Mendoza Sax Fest…
—Y está buenísimo justamente por esto. Ya tuve la suerte de ir dos veces con Escalandrum y es un gran crisol de géneros y situaciones. En esta edición va Claude Delangue, un francés que recopiló mucha información sobre técnica moderna del saxofón y también va un cubano impresionante, Miguel Villafruela. Ni hablar de Kenny Garrett que llevará una línea más jazzística. Es decir, poder meternos ahí con nuestro lenguaje me parece muy rico. Con el trabajo hormiguita de tantos años, sabiendo que a muchos pibes de distintas regiones del país o países limítrofes les llegó el disco de D’Coté o transcribieron nuestros arreglos, poder ir y estar ahí, es una gran posibilidad para mostrar la diferencia de cómo suena este instrumento.
Santiago Giordano/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón