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Impecable puesta de Blade Runner del ensamble Nexus-7 en el Colón

Impecable puesta de Blade Runner del ensamble Nexus-7 en el Colón

Compañía: Ensamble Nexus-7 Dirección: Pete Billington. Ingeniería de sonido y monitoreo: Daniel Osorio Iluminación: Ariel Conde Coordinación artística y de producción: Emanuel Fernández.

El Ciclo Colón Contemporáneo abrió su temporada con la proyección del filme Blade Runner, en su versión Final Cut de 2007, con la participación del ensamble NEXUS-7, interpretando en vivo la música original de Vangelis.

La propuesta -producción original de Avex Classics International, por acuerdo con Warner Brosadaptó el formato de “cine concierto” estrenado en el Royal Albert Hall de Londres en 2019 y convertido desde entonces en un fenómeno internacional.

La proyección de Blade Runner LIVE resultó algo más que una reposición cinéfila: la restitución de una experiencia estética total. En la Sala Principal del Colón irrumpió una de las obras que redefinieron la relación entre tecnología, música e imaginación futurista.

Mucho antes de que la cultura contemporánea volviera fetiche la palabra “cyberpunk”, antes de que la inteligencia artificial abandonara la especulación filosófica para convertirse en experiencia cotidiana, Blade Runner ya había imaginado el paisaje emocional del porvenir. No solo visualmente. También acaso sobre todo- a través de su música.

Hay algo profundamente revelador. Durante gran parte del siglo XX, el futuro sonó de distintas maneras: como fanfarria modernista, como ruido industrial, como abstracción matemática. Desde las máquinas utópicas del futurismo italiano hasta la electrónica precisa y mecanizada de Kraftwerk, el porvenir fue pensado como una superación de lo humano a través de la técnica. Vangelis alteró esa ecuación. Su revolución consistió en humanizar la máquina.

La banda sonora de Blade Runner -compuesta mientras Ridley Scott aún rodaba la película, con un joven Harrison Ford- imagina un futuro tan fatigado como melancólico. Algo así como un mañana que recuerda. Y ahí reside buena parte de su singularidad histórica: el sintetizador deja de ser emblema de perfección tecnológica para convertirse en instrumento de fragilidad emocional.

El Yamaha CS-80, utilizado obsesivamente por Vangelis, permitía una expresividad táctil inusual para la época. Los sonidos respiraban, temblaban, se desestabilizaban apenas. Esas texturas parecían debatirse entre lo artificial y lo humano. La electrónica ya no aparecía como lenguaje del cálculo, sino como vehículo de nostalgia.

Un clima que sigue impactando Por eso la música de Blade Runner continúa definiendo nuestro imaginario futurista incluso cuatro décadas después. Las frecuencias graves y suspendidas, las reverberaciones infinitas, los acordes que parecen expandirse sobre ciudades interminables: todo contribuye a la construcción de ese “retrofuturo” que todavía hoy re-y conocemos instantáneamente.

Escuchar esta música en vivo permite descubrir algo que las reproducciones digitales suelen aplanar: la arquitectura física del sonido. Vangelis no componía “temas”; construía atmósferas habitables. Sus capas de sintetizadores funcionan como catedrales acústicas donde conviven jazz noir, liturgia electrónica, ecos orientales y pulsaciones industriales.

El ensamble NEXUS-7, ubicado sobre el escenario en una sobria y cuidada puesta de luces de neón que mutaban sutilmente de color entre los músicos, recreó de manera magnífica ese universo sonoro mediante sintetizadores, cuerdas eléctricas, percusión, saxo y voz.

Los míticos sintetizadores Yamaha CS-80 y Vocoder Roland VP330 estuvieron en escena interpretados por Ernesto y Lucas Rojunto a músicos destacados de la escena experimental local, entre ellos el sobresaliente solo de saxo de Rosa Nolly y la intensa intervención vocal de Tatiana Álvarez (Árwy).

El entramado instrumental se completó con Sara Lizola (violín eléctrico I), Amparo Guyot (violín eléctrico II), Juliana Isas (viola eléctrica), Eliana Rosales (violonchelo eléctrico), Lau Lovotti (contrabajo y bajo eléctrico), Selene Erbes (flauta), Bruno Lo Bianco Oscar Albrieu (percusión), Ana Vojnov (teclado II) y Vanesa Jiménez (teclado III). Al frente del conjunto, Pete Billington asumió un doble rol -teclado I y dirección musical- con una conducción de impecable precisión.

Los músicos recibieron una estruendosa ovación cuando salieron a saludar con sus vestuarios cyberpunk.

Una mención aparte merece el impecable tratamiento sonoro. No sólo por el equilibrio entre los instrumentos acústicos y los amplificados en el escenario, sino también por la integración entre el sonido original de la película -efectos, voces y músicas diegéticas- y la interpretación en vivo del ensamble. El resultado fue una continuidad sonora de notable naturalidad, donde todos los planos parecieron fundirse en una misma experiencia auditiva.

Si la película de Ridley Scott imaginó el futuro visual del capitalismo tardío, Vangelis inventó su dimensión acústica. Y gran parte de la electrónica contemporánea -desde el ambiente cinematográfico hasta ciertas vertientes del techno introspectivo- continúa dialogando con esa herencia.

Quizá ahí resida la persistencia de Blade Runner: en haber entendido que el futuro no sería únicamente una cuestión tecnológica, sino también emocional. Que incluso entre algoritmos y memorias artificiales seguiríamos preguntándonos lo mismo que Roy Batty bajo la lluvia: qué significa ser humanos y realmente estar vivos.

Esa pregunta volvió a resonar en el Teatro Colón, que por una noche quedó atravesado por el resplandor eléctrico del porvenir.

Laura Novoa/Especial para Clarín

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