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Gran inauguración del 2024 en el Colón con la potente y refinada Carmina Burana

Con la excelencia como distintivo, la obra dirigida por Mauricio Wainrot deslumbró en el Colón.

El director del Teatro Colón, Jorge Telerman hizo una apuesta potente para abrir la temporada 2024: un espectáculo que reuniera todos los cuerpos estables. Así la compañía de ballet del Teatro, que dirige Mario Galizzi; la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires -con la conducción, en la función de estreno, de Carlos Callejas-; los coros de niños y de adultos (dirigidos por César Bustamante y Miguel Martínez); y tres cantantes solistas conformaron la trama que sostiene Carmina Burana, una partitura escrita por el compositor alemán Carl Orff y estrenada como cantata en 1936. En la función de apertura los solistas fueron Laura Pisani, Martín Oro y Alfonso Mujica.

En un sentido a la vez real y figurado, la coreografía de Wainrot ocupó el centro de la escena con sus dinámicos cuadros y sus climas contrastantes, su precioso vestuario y la sugestiva escenografía, ambos de Carlos Gallardo. La orquesta se ubicó en el foro y los coros y solistas en palcos, pero la articulación de todos estos planos fue excelente.

En el origen de Carmina Burana figuran poemas y canciones escritas entre los siglos XII y XIII y que se atribuyen a los goliardos, estudiantes o clérigos que llevaban una existencia trashumante y bastante desordenada y que tomaban a la bebida, el juego, los placeres eróticos y la sátira hacia la iglesia y la sociedad como el objeto de sus composiciones.

Hay algo que podría, con ciertas licencias, describirse como “tribal” en Carmina Burana aunque su sonoridad sea inconfundiblemente occidental. Pero es que la potente (porque nuevamente hay que usar la palabra) fuerza rítmica de la partitura es uno de sus elementos más salientes.

Es por este camino que Wainrot se abrió paso hacia la partitura, que no le había interesado previamente porque era una música demasiado utilizada en distintos ámbitos. Pero finalmente se dejó atravesar por el innegable impacto de su melodía, la presencia de las voces y su ritmo arrollador.

La cantata se divide en cuatro escenas, cada una con un clima específico: Fortuna, Primo Vere, En la taberna y Cours d’amours.

El coreógrafo se dejó conducir por los estados que cada sección de la partitura le suscitaba y así imaginó una gran puesta coral para la primera, un carácter más marcadamente lírico para la segunda, un clima oscuro y dramático para la tercera y un regreso a las instancias del amor, centrado esta vez en una sola pareja. Finalmente, un regreso al inicio y un final por todo lo alto.

El vestuario de Carlos Gallardo antes mencionado acompaña visualmente cada escena con una sutil pero muy definida elección de los colores, que van desde los tonos vivos de la primera escena –varones y mujeres con la misma ropa- hasta los más sombríos de En la taberna pasando por las delicadas coloraciones pastel de Primo Vere y Cours d’amours.

Wainrot y Gallardo -fallecido en 2008- emprendieron innumerables colaboraciones juntos en los roles de coreógrafo y vestuarista respectivamente y eso se comprueba en la aleación tan exacta que se produce entre las dos manifestaciones. Una muestra clara de este tipo de colaboración es que así como esta Carmina Burana no relata las historias contenidas en los textos originales, sino que apela a formas más abstractas (sin dejar de lado las emociones), el vestuario, así como la escenografía, tampoco están atados a una época ni a personajes reconocibles.

El repertorio del Ballet del Colón es sustancialmente clásico y neoclásico, pero no ha dejado de sumar obras de coreógrafos de nuestro tiempo. Carmina Burana llevó al cuerpo de baile un vocabulario no tan frecuentado por ellos, pero que resolvieron exitosamente, sobre todo las primeras figuras y los solistas.

En el inicio de la escena de En la taberna el primer bailarín Juan Pablo Ledo desarrolla un magnífico solo, muy dramático. La compañera de Ledo en esta escena es Ayelén Sánchez, también absolutamente brillante en su actuación.

Otras parejas para destacar son Camila Bocca y Federico Fernández y Julieta Lerda y Yosmer Carreño. Este último tuvo también un solo fantástico en el cuadro Cour d’amours. Es imprescindible igualmente poner de relieve la tarea de Victoria Balanza y Alexis Mirenda que figuran como repositores coreográficos, rol imprescindible en una obra de gran porte.

Y hay que destacar en el concepto de la puesta en escena la ubicación de los coros y los solistas ubicados en distintos palcos del Teatro Colón. Sus brillantes entradas, de una enorme contundencia, no distraen sin embargo de aquello que se desarrolla en la escena.

Laura Falcoff/Clarín-Espectáculos

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