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Gran cierre del Mozarteum Argentino con la Estonian Philharmonic Chamber Choir

Gran cierre del Mozarteum Argentino con la Estonian Philharmonic Chamber Choir

La 73ª temporada de conciertos del Mozarteum Argentino culminó el domingo en el Teatro Colón con un notable concierto del Estonian Philharmonic Chamber Choir y la Tallinn Sinfonietta, bajo la dirección de Andres Kaljuste. Con obras del compositor estonio naturalizado austríaco Arvo Pärt, oportunamente intercaladas con páginas de Wolfgang Amadeus Mozart, el programa se recostó sobre cierto clima distendido y despojado, formas de misticismo sonoro en dirección de una quietud antigua.

La versión para cuerdas del Adagio y fuga en do menor K 546 fue la obra que abrió el programa. A contramano de las tendencias de su tiempo –o acaso siguiendo la muy selecta moda de valorar lo antiguo, impulsada en Viena clásica por el barón Van Swietten–, Mozart mira hacia atrás. El compositor escucha al Bach del barroco contraste, el misterio del preludio contra la rígida arquitectura de la fuga, y sobre esa arquitectura antigua ejerció como músico de su época. La ejecución de la orquesta fue sobria, acaso demasiado mesurada para el Mozart corriente, prácticamente en función de preludio para lo que llegaría enseguida: el Stabat Mater de Pärt, en su versión para coro y orquesta de cámara.

Pärt es un compositor religioso, en el espíritu naturalmente, pero sobre todo en la materia. Su música retoma los expedientes formales y los procedimientos de la antigua música sacra, que a mediados de la década de 1970 –en épocas de absorbente materialismo soviético– sintetizó en la técnica del tintinnabuli. Se trata sustancialmente de contrapuntos inmóviles que suenan y resuenan en el ámbito de un solo acorde originando una suerte de minimalismo místico. Como peces que van y vienen en el espacio limitado de una pecera, las sutiles capas sonoras se deslizan dando forma a texturas livianas y cambiantes, reflexiones minimalistas con las que sin dramatismo alguno articula la triple perspectiva narrativa de la madre doliente, Cristo crucificado y los mortales testigos.

Con el gesto de un director de coro, económico y preciso, con gran plasticidad en sus manos, Kaljuste dibujó con gracia cada una de las calmas y sus respetivos contrastes que sostienen la obra. Otro Mozart al servicio de Pärt, el del Ave verum corpus K 618, para coro, cerró la primera parte del programa.

La segunda parte mostró tres obras más de Pärt. Wich Was the Son of…, compuesta en 2000 para coro mixto a capella, basada en la genealogía de Cristo según San Lucas, es una obra particularmente exigente para los intérpretes. Las líneas sonoras se acumulan y se desvanecen, alternando racimos armónicos y despojadas melodías para articular una dramaturgia leve que en su ritualidad no deja de ser conmovedora. En Cantus in Memoriam Benjamin Britten, el compositor repite el procedimiento, aplicándolo a una emoción –si es posible hablar de emoción en la música de Pärt– distinta. El recuerdo del gran compositor inglés, para cuerdas y campanas, resuena como una plegaria suspendida.

Más consistente en la forma y dramáticamente articulada resultó la obra final, Adam’s Lament, para coro mixto a cuatro voces y orquesta de cuerdas, sobre un texto en prosa de Silouan de Athos, el asceta ruso canonizado en 1987. Pärt recoge la antigua forma del lamento y cuenta la historia del desterrado. Las voces masculinas del coro representan al narrador, cuyo relato resuena continuamente en el resto del coro y las orquesta. Una vez más la dirección de Kaljuste resultó esencial y precisa.

Un final de gran nivel para el ciclo del Mozartuem, que, siempre puntual, ya anunció las artistas que serán parte de la próxima temporada. Como es ya tradición se proyecta como una temporada muy interesante, que entre otras cosas tendrá el retorno de agrupaciones y solistas de gran prestigio, como la Orchestre des Champs-Elysées junto a su fundador y director titular, Philippe Herreweghe (1º de junio) y el reconocido pianista español Javier Perianes (29 de junio). En materia de pianistas se anuncia otra presencia excepcional, con el gran András Schiff (14 de septiembre).

El ciclo comenzará el 4 de mayo con los Prague Chamber Soloists, con el destacado cornista checo Radek Baborák como solista y director. El 10 de agosto se presentará el Pacifica Quartet, uno de los cuartetos de cuerdas más interesantes de esta época, y el 24 del mismo mes el celebrado contratenor Jakub Józef Orliński actuará con la orquesta barroca Il Pomo d’Oro.

También regresará a Buenos Aires la Camerata Salzburg, que tendrá como figura estelar a la violinista andaluza María Dueñas, ganadora del Concurso Yehudi Menuhin (5 de octubre). La octava y última función del ciclo, el 2 de noviembre, contará con el debut para el Mozarteum de dos de las más destacadas agrupaciones en el ámbito de la interpretación históricamente informada del repertorio de los siglos XVII y XVIII: el célebre Monteverdi Choir junto al ensamble English Baroque Soloists, liderados por el irlandés Peter Whelan.

Página 12/Espectáculos

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