
Cualquiera que haya pasado la adolescencia sabe que el amor es mucho más que un cuento de hadas. Que el flechazo inicial, las mariposas en la panza y el no poder dejar de pensar en el otro son apenas sensaciones que perduran durante un período de tiempo: es imposible sostener el estado de enamoramiento en forma constante. El amor entre dos personas se transforma, muta, a medida que ese vínculo se desarrolla. ¿Qué se está dispuesto a hacer para sortear una crisis y seguir eligiendo como compañero o compañera de vida a esa persona con la que se comparte la cotidianidad desde hace años? Ese es el planteo de fondo que propone El estado de la unión, la obra de teatro que se estrena el viernes 3 de abril en el teatro El Picadero, con funciones de viernes a domingo a las 20.
“Es una obra que no habla de un amor cualquiera sino del amor maduro, del que se habla poco en estos tiempos de inmediatez y vínculos descartables”, coinciden Eleonora Wexler y Gonzalo Heredia, los protagonistas de la puesta que dirige Andrea Garrote. Ellos son Ana Laura y Matías, la pareja en cuestión y a la que intentarán salvar con sesiones semanales de terapia conjunta. El estado de la unión avanza a través de nueve encuentros en los que la pareja se cita en un bar a charlar antes ingresar a la consulta con la profesional. Una charla sin mediaciones, pero condicionada por la situación, en la que ambos intercambian reproches, enojos, insatisfacciones, deseos, incomodidades pero también coincidencias sobre distintos temas que los llevaron hasta ese lugar de incertidumbre en el que están metidos. Con honestidad -a veces brutal-, humor, ironía y complicidad no siempre correspondida, Ana Laura y Matías expondrán los claros y las oscuridades de la cotidianidad compartida.
“Hoy en día, cuando los vínculos largos están subestimados, El estado de la unión viene a recordarnos, con la implacable lucidez de la comedia, que lo ridículo, lo vulnerable, lo dañado son condiciones propias de cada ser humano, y que compartir esa profunda intimidad con otro e intentar rescatar el vínculo, volver a poner en marcha la pasión, recuperar la esperanza de un futuro en común, es un campo de aprendizaje personal que expande la experiencia de la vida”, reflexionó Garrote, la directora de la obra basada en la novela de Nick Hornby, el autor inglés detrás de Alta fidelidad y Fiebre en las gradas, entre otros de sus textos que fueron llevados a la gran pantalla.
En El estado de la unión, Wexler y Heredia vuelven a trabajar juntos. Su primer encuentro fue allá lejos y hace tiempo cuando en 2009 formaron parte del elenco de Valientes, la recordada novela de Polka. Luego vendrían sus protagonismos en la película Omisión (2013), hasta que en 2023-2024 trasladaron ese vínculo audiovisual al escenario con la puesta de La mentira, en la que también interpretaban a una pareja, aunque en otras circunstancias. “Noto que en nuestros trabajos se fue achicando todo el elenco. En Valientes éramos una banda, en Omisión un puñado de actores y actrices, y en La mentira ya éramos cuatro. Ahora quedamos nosotros dos solos en escena”, reflexiona Wexler. “Se fue achicando todo. Casi como el país, te diría. En la próxima hacemos un monólogo cada uno”, agrega Heredia, con un elocuente humor descriptivo del mercado laboral actual.
-¿Qué momento de la vida de Matías y Ana Laura aborda El estado de la unión?
Eleonora Wexler: -¿Qué pasa con las parejas de larga data? Cuando pareciera que lo efímero y lo fugaz está en boga en estos momentos, ¿qué pasa con estos vínculos que perduran en el tiempo? ¿De qué manera se revalorizan, de qué manera superan una crisis, de qué manera se encuentran uno con el otro con el paso del tiempo, con hijos…? Hay un texto de la obra que encierra el meollo de lo que contamos: “¿Cómo se empieza de nuevo cuando llevás tanto tiempo en pareja, tenés hijos y llevás tantos años irritándote mutuamente?”. Es una cita de la obra. “Pero si dejás de ser irritante, ya no sos vos mismo…”. ¿Y entonces? Es una comedia muy inteligente que escribió Hornby sobre los vínculos de pareja que llevan muchos años juntos.
Gonzalo Heredia: -Son una pareja que hace mucho tiempo están, que por un hecho puntual deciden comenzar a hacer terapia. Creo que en un primer momento deciden hacer terapia con la incertidumbre de no saber si seguir juntos o si separarse.
-¿Es una pareja que dejó de amarse, a la que el paso del tiempo erosionó, o hay un evento precipitador?
E.W.: -Claro que sí, hay amor, ese el punto básico.
G.H.: -Pero también creo que en todos los vínculos, te separes o no, siempre hay amor.
E.W.: -No sé… Puede haber amor, pero no sé si siempre te seguís amando…
G.H.: -No, amando no. Pero hay amor en el sentido de que es el padre de tus hijos, o alguien con el que compartiste muchos y buenos años.
E.W.: -Bueno, sí, pero ya es otra cosa, es otro tipo de vínculo.
G.H.: -Pero es una forma de amor, también. El amor se transforma, muta, asume formas diferentes… Y creo que estos personajes van a descubrir eso a lo largo de estos encuentros previos a ingresar a terapia de pareja. Allí se podrá notar cómo van evolucionando los intereses de cada uno y, sobre todo, cómo se empiezan a desnudar estos personajes.
E.W.: -Son charlas de café, previo a las sesiones, en las que todo puede pasar. Hay algo de honestidad que surge en esas charlas íntimas, cara a cara, entre esta pareja en crisis que se replantea todo.
-¿Llegaron a una situación límite que los hace reaccionar sobre el andar “pasteurizado” de su amor?
G.H.: -Sí, para que reaccione el otro, pero también uno mismo, sobre todo. No es fácil ser honesto con uno, y darse cuenta en qué lugar está y preguntarse qué es lo que quiere, qué es lo que busca. No son preguntas cómodas las que propone el amor.
E.W.: -La obra muestra cómo crecieron cada uno. ¿Cuáles son los deseos de cada uno? ¿Se cumplieron esos sueños? ¿Se cumplió algo en conjunto en el tiempo transcurrido o solo se satisfizo en forma individual? Los años pasan, la pareja se transforma en familia, se desarrollan en sus trabajos y en su vida personal, ¿pero qué pasa con cada uno de estos seres? ¿Se encuentran, se siguen eligiendo? Es una obra en la que muchos se van a identificar.
El amor en tiempos de redes
-Recién hablaban sobre la necesidad de revalorizar los vínculos a largo plazo, en una época en la que todo es fácilmente descartable, incluso las relaciones de pareja. ¿Creen que es un momento oportuno para que se estrene la obra publicada en 2023?
G.H.: -Creo que la obra plantea la necesidad de ponerse el mameluco a la hora de amar. ¿Te sacrificás realmente por un vínculo que duró tanto tiempo? ¿Tenés ganas de reconstruir un vínculo o el desgaste es tan grande que ya no hay vuelta atrás? La obra pone sobre la mesa la construcción de amor y el esfuerzo que necesita. Es muy difícil estar en pareja. Ya vincularse con uno mismo es difícil… Porque uno va como mutando a lo largo de toda su vida, con las búsquedas, con las diferentes etapas, necesidades y deseos. La obra plantea cuánto realmente hacemos por aquellos que amamos. ¿O a la primera de cambio nos entregamos y listo?
-El amor es un trabajo diario más que un flechazo eterno.
E.W.: -El amor se va transformando. Sostener un vínculo de amor es una de las cosas más desafiantes a la que nos enfrentamos. Y El estado de la unión es una comedia romántica que habla de eso. Y está bueno porque en la actualidad no hay en la cartelera teatral propuestas que hablen de este tema tan importante, con la inteligencia con la que lo hace Nick Hornby.
G.H.: -Claro, es una comedia romántica que no cae en el estereotipo con el que nos han machacado durante décadas.
E.W.: -De hecho, los personajes hablan y se ríen del amor cliché. Porque el ideal de amor está alejado de la realidad de cualquier pareja.
G.H.: -La obra desmitifica el amor, de esa forma que nos enseñaron, del amor trillado, del flechazo y del “no puedo dejar de pensar en vos…” Voy a decir algo, con el aval que me da estar con una pareja desde hace 16 años: el amor es todos los días. De hecho, con Brenda (Gandini, su pareja, también actriz) tenemos tallados en nuestros anillos la frase “todos los días”. El amor verdadero es a las 6 y media de la mañana cuando nos levantamos para armarle las mochilas a los chicos para ir al cole. Ahí está el amor de verdad. Después hay todo un endulzamiento, momentos de una pasión desmedida y alocada, pero con el tiempo empezás a entender que eso no es más que fuegos artificiales. Con el paso del tiempo, las luces se apagan y la noche vuelve a estar a oscuras.
El tabú del amor maduro
-¿Por qué creen que no se habla tanto del amor, cuando es algo que atraviesa la existencia diaria de todos?
E.W.: -Quizá sea algo de moda, de ciclos.
G.H.: -Creo que se habla poco del amor, pero mucho menos se habla del amor maduro en los medios o el arte. Hay obras y espacios en los que siempre aparece ese amor medio adolescente, del flechazo, con una situación medio boludona… El amor maduro es otra cosa. Se habla poco del amor maduro porque creo que no es muy marquetinero. Porque que el amor maduro es “sucio”, en el sentido de que es imperfecto, está constituido por esfuerzo, por dedicación… ¡Hay que ponerle el cuerpo al amor! Hoy la sociedad está signada por la inmediatez, por el resultado inmediato. Y el amor maduro es otra cosa, está construido por pasos, con cotidianidad, con costumbres, con mucha honestidad. El amor maduro requiere de un esfuerzo que no sé si todos están dispuesto a hacer.
E.W.: -Además, cuando habla del amor en serio, uno se expone. Uno se vuelve un poco más vulnerable con el paso del tiempo. Uno carga heridas de guerra. Entonces, hablar del amor es volver a lugares dolorosos, no siempre felices. Hay que ser valiente para amar y para hablar del amor. La construcción de un vínculo amoroso es uno de las cosas más hermosas que uno puede tener, pero también por eso mismo requiere de un cuidado y un esfuerzo para poder sostenerse en el tiempo.
Los actores, la cultura y el gobierno
-¿Por qué creen que en una voluminosa cartelera teatral abundan las comedias y los musicales?
E.W.: -Hay muchas obras porque todos estamos haciendo teatro ya que no hay ficción en televisión. La realidad es esa. La mayoría de los actores, los que tenemos la suerte de que nos convoquen, estamos haciendo teatro.
-Y no solo actores: también hay productores de TV, cineastas y hasta figuras televisivas de realities que se volcaron al teatro.
E.W.: -Conozco a muchos directores de cine que, al no tener posibilidades de filmar, empezaron a dirigir teatro. Lo mismo pasa con distintas productoras.
G.H.: -La falta de ficción hace que la presencialidad actoral florezca. Hay charlas, seminarios, clases, obras, presentaciones… La presencialidad está en ebullición.
-Ustedes iniciaron sus carreras en la televisión. Hoy, la ficción se trasladó a las plataformas, que no pueden absorber el caudal de trabajo que había antes ni tampoco llega a todos los públicos. ¿Cómo ven la actualidad del gremio?
G.H.: -Lo vivimos con tristeza y preocupación. Estamos todos tratando de encontrar nuevas formas de contar. Hay algo que indudablemente mutó y se terminó. Obviamente, uno tiene la fantasía romántica de que pegue la vuelta como sucede con la moda y se rescate lo vintage, y volvamos a tener ficción en la TV argentina. La vida es cíclica. Hoy está todo medido por los likes, las reproducciones y la viralización. Se está buscando un formato nuevo, como son estas ficciones verticales, que es una nueva forma de contar, pero que a su vez está regido por reglas propias de las redes sociales. Y es un problema porque en esos espacios abunda el consumo irónico. Entonces sucede que la ficción más vista tal vez sea la más bizarra. Hay como una una contradicción en eso, porque las historias se empiezan a contar buscando el consumo irónico o el impacto para que tengan viralizaciones desde el minuto 1.
E.W.: -Se pierde la esencia de contar una buena historia. Entonces, todo se volcó a las plataformas, donde el embudo es cada vez más pequeño, donde nadie se anima a jugarse en absolutamente nada… Los productos son casi todos lo mismo. O sea, hay series o películas que están bien, ¿eh? Pero creo que la posibilidad de jugarse a hacer algo distinto es bastante improbable en este momento, porque hay mucho miedo ya que no hay ningún tipo de red.
-El gobierno nacional ha tomado a la cultura como enemiga.
G.H.: -Como enemigos públicos.
E.W.: -Yo no comprendo nada de lo que está pasando. Cada vez entiendo menos cómo puede ser una construcción positiva algo que nace desde un lugar de odio, de bronca, tirando a matar… Y mucho menos que se ataque a una identidad que tiene que ver con la cultura, que habla de un pueblo a través de las historias que contamos. De hecho, tenemos un largo recorrido: los argentinos somos muy reconocidos en el mundo por las cosas que hemos hecho. Entonces, pareciera a propósito, ¿no? Matar a un sector que cuenta situaciones sociales, humanas y existenciales que nos pasan. Pareciera que es muy interesante querer matar todo eso para que surjan otras cosas.
G.H.: -Tengo una contradicción. Por un lado, la estrategia es bastante clara: apuntar los cañones a ciertos personajes públicos que les de visualización y cierta viralización, incluso para desviar la atención. Se ponen temas en agenda por delante de muchas otras cosas que están pasando. Eso es una estrategia. El tema es que la forma, los elementos que usan, son como bastante inmaduros: no tienen fundamento, no tienen ninguna consistencia. Son petardos, pura espuma. Lo que más me preocupa de todo no es lo que lo que está pasando ahora, que es muy claro el vaciamiento de absolutamente todo con respecto a lo cultural. Lo que más me preocupa de todo es lo que va quedar, porque es re fácil destruir. Y, aparte, hay algo, como muy liberador en la acción de destruir algo. Y, linkeado un poco con la obra de teatro, es muy difícil reconstruir. Ya sea un vínculo, una historia de amor de quince años, una identidad cultural. Digo, ¿cómo se hace después? Esta gente se va a ir, pero van a quedar los escombros. Me da mucho miedo por las generaciones que siguen.
E.W.: -¿Cómo se encargaron en bastardear todo de una manera, con las redes sociales y la desinformación, para que las nuevas generaciones, que no están tan empapadas de la historia que tuvimos nosotros, lleguen a ese nivel de odio y comprensión? Lamentablemente, muchos se van a dar cuenta recién cuando hayan perdido sus derechos.
G.H.: -Es una generación que está muy desencantada con la política y las figuras. Está muy criada también a través del odio. Fue un gobierno, o fueron bastantes figuras políticas, que ascendieron con ese discurso de odio, de que “todo es una mierda”. Y eso es muy preocupante por lo que vendrá.
Emanuel Respighi/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón