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Distracción: ahora la necesidad y urgencia es cambiarle el nombre al Centro Cultural Kirchner

El Centro Cultural Kirchner es uno de los espacios culturales más importantes de Sudamérica.

Una provocación más. Un intento de distracción, de tapar con manos nimias el enorme sol de la miseria planificada. Una «política revanchista», una «maniobrita de mortificación». Un intento no novedoso en la historia argentina de tachar un nombre, de borrar la memoria de un país. Son algunas de las calificaciones que recibió el nuevo anuncio de clausura del Gobierno de Javier Milei en materia de cultura, en este caso, la de un nombre. Sin más justificaciones ni precisiones sobre el plan de acción, y en el estilo que suele imprimir a la comunicación oficial, el vocero Manuel Adorni informó que se le cambiará el nombre al Centro Cultural Néstor Kirchner (CCK). ¿Por cuál? No se informó. Es un detalle que, queda claro, no viene al caso. Ni se profundizó desde el área a cargo, la Secretaría de Cultura, que tampoco respondió a las consultas de Página/12. Un detalle a salvar si es que la gestión Milei pretende ir más allá del anuncio: el nombre de Néstor Kirchner para este centro cultural emplazado en el fabuloso ex edificio del Correo Central, en avenida Alem entre Corrientes y Sarmiento, fue fijado por el Congreso en 2012. Para cambiarlo se necesitaría otra ley. O algún nuevo decreto ante la necesidad y la urgencia.

«Esto se inserta en la secuencia de chicanitas y maldades convertidas en política de Estado. Porque llamarle batalla cultural, es exagerar estas maniobritas de mortificación. Para eso les falta calado de elaboración conceptual. Aprendieron a lastimar en Twitter y han convertido eso en política de Estado», define Martín Kohan en diálogo con Página/12. El escritor y docente universitario equipara el anuncio con «el increíblemente rudimentario video que propalaron el 24 de marzo», o el cambio en el Salón de las Mujeres de la Rosada, justo el 8 de marzo, también con video a tono.

«Todo es como si hubieran estatizado Twiter, no la empresa, claro, pero sí la lógica y la práctica. Han trasladado al Estado ese jueguito especular muy básico de las redes, buscando lastimar, molestar, irritar», analiza. «Por otro lado me parece difícil no remitirnos a otros intentos de borramiento de las huellas simbólicas del peronismo: esto ya ocurrió en la historia, y a la larga no ha hecho otra cosa que fortalecer la memoria histórica del peronismo. Si dentro de unos años todos le llamamos «Centro Cultural-eso-que-sea-que-le-pongan», efectivamente se habrán salido con la suya, pero yo creo que no apuntan tan lejos, buscan lo inmediato. Y en lo inmediato, yo hasta ahora le decía CCK. Ahora sí me acuerdo de que llama Kirchner», advirtió también.

«Reeditan la idea del Aramburu con el decreto ley 4161 del 56, que prohibía nombrar a Perón, a Evita, ejecutar la marcha», repasa en coincidencia el exministro de Cultura, Tristán Bauer. El anuncio cae tan fuera de registro en el contexto, que para muchos revela que el Gobierno está «raspando el fondo de olla», en otro intento desesperado por buscar qué puede servir para hablar de otra cosa, después de la contundente marcha del 24 y cuando un simple repaso a los últimos títulos de este diario arroja: Anuncio de 70 mil despidos – 300 por ciento de aumento de gas – Aumenta la nafta – Empresas líderes que suspenden, despiden o paran plantas – Derrumbe de la economía – El Gobierno cerró oficinas de Anses. Etcétera.

Bauer también hace foco en el hecho sintomático de que el anuncio de cambio de nombre no vino acompañado de ninguna propuesta de reemplazo. «Es simplemente arrasar, borrar la memoria. Es la lógica de destrucción: cerrar los medios públicos, eliminar el Incaa, ahogar la cultura. Los gobiernos de Néstor y Cristina apostaron a la construcción con este emblema de América latina que es el CCK, con el Museo del Bicentenario que alberga el mural de Siqueiros, con el Museo Malvinas, Tecnópolis, Canal Encuentro, Pakapaka… Esa fue la apuesta, con todo lo que cuesta construir y desarrollar esos modelos culturales. Esto va en la lógica opuesta: cerrar el Incca, el Fondo Nacional de las Artes, desfinanciar la cultura… Tan brutal es que no se propone nada, ni siquiera un nombre«, observa.

Karina Micheletto/Página 12-Espectáculos

 

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