
Un montón se ha escrito sobre él, el hombre que hizo un mito de su mismo. Porque no hubiese habido tanta tinta para pluma de escritor, periodista, biógrafo o lo que fuere que escriba si Bob Dylan no hubiera tirado la letra sobre sí que tiró durante años. Muchos. Tantos como 84 viviendo en el planeta Tierra y casi 70 haciendo música. No se dirá aquí nada de tremendo trayecto porque casi todo se ha dicho. Nada, excepto repasar data madre de la edición, este viernes 31 de octubre, de Through the Open Window. Muestra ella parte de la vida musical de Bob entre 1956 y 1963, cuando, aún como Robert Allen Zimmerman, fue de Hibbing a Minneapolis, y de Minneapolis al Greenwich Village, donde terminó convirtiéndose en figura fulgurante del folk.
Los 8 CD’s que pueblan el volumen 18 de la serie –porque esta es la flamante- contiene 139 pistas que abarcan los primeros locos años de Zimmerman –de los 15 a los 22- a través de raras e inéditas grabaciones en casas de amigos, espectáculos en cafeterías y bares nocturnos, sesiones improvisadas en lugares de reunión de músicos que nadie recordaba –o sabía de- su existencia, tomas de estudio descartadas de los dos discos que grabó durante el período –el epónimo debut y The Freewheelin’- y un registro completo del primer Dylan en el Carnegie Hall del 26 de octubre de 1963.
La primera joyita para melómanos que aparece es una temprana versión que hace Bob de “Let the Good Times roll”, festivo tema que había compuesto Louis Jordan diez años atrás, y que luego popularizaría BB King. Ha de ser ella uno de los primeros registros del joven Robert, porque proviene de diciembre de 1956, cuando el pibe tenía 15 años y andaba armando banditas de rock y blues por las calles de Hibbing.
Otra precoz grabación del songwriter en ciernes que porta el primer CD de la serie data de mayo de 1959 -cuatro meses antes de trasladarse a Minneapolis- mientras acompañaba a Bobby Vee desde el piano. El tema en cuestión -rudimentariamente grabado en la casa de un tal Ric Kangas- es “I got a New Girl”, una de las primeras canciones escritas por él. De sus primeros meses en Minneapolis –septiembre de 1960- aparece una toma de “Jesus Christ” en su propio y humilde hogar, y otra de “Remember Me” -Scott Wiseman es su autor- originada en la morada que compartía con Sid Gleason en East Orange. Y otra, también alboreal, de “Talkin’ bear mountain picnic massacre blues”, que a alguien se le ocurrió grabar durante un recital en el Gaslight Café de Manhattan, el 6 de septiembre de 1961. Esta canción, otra de las primeras que escribió Bob, tiene su revancha con mejor sonido en el citado concierto debut en el Carnegie que ocupa los últimos dos CD’s de la serie.
El inolvidable recital de octubre del ’63 también porta primigenias versiones en vivo que ya estaban haciendo vertiginosa historia, seis meses después de la publicación de The Freewheelin’ y cuatro antes de la salida de The Times They Are a-Changin’. Entre esas gemas que aún erizan la piel suenan “Ballad of Hollis Brown”, “North Country Blues”, “A Hard Rain`s A-Gonna Fall”, “Masters of War y, claro, la inextinguible “Blowin’ in the wind”, cuya versión no es la única que contiene la serie. Hay otra datada el 16 de abril de 1962 en el Gerdes Folk City; un registro absolutamente desconocido rastreado en el Greenwich el 6 de julio del ’63; y una -sí más junada– del 26 de julio de ese mismo año en el Festival de Newport, donde Dylan sería increpado dos años después por electrificar al folk.
Entre otras perlas para poner lupa en este volumen de Through The Open Window emerge una toma alternativa de “Boot of Spanish Leather” que estruja el alma arriada por su sentimiento, por su loop artesanal. Una interpretación en vivo de “Fixin` to Die” –tema del disco debut de Dylan compuesto por Bukka White- en el Folklore Center de Nueva York, en 1961. Otra del standard “House of the Rising Sun” –también del primer disco- en la casa de la actriz Eve McKenzie, en abril de 1963. Y una de “Troubled and I don´t Know Why” en el Forest Hills Tennis Stadium de Nueva York, con introducción de Joan Baez.
El material conlleva asimismo un ensayo de notas de 125 páginas escrito por el historiador Sean Wilentz, y 100 fotografías también desconocidas. “De esa época y esos lugares, esta colección es solo un fragmento”, escribe el hombre para completar info. “Aún así, como un registro sonoro de un artista que se convierte en él mismo, o en el caso de Dylan, en el primero de muchos yoes artísticos, la colección tiene como objetivo colapsar el tiempo y el espacio, no como un ensueño nostálgico sino como una conexión viva entre el pasado y el presente, lo viejo y lo nuevo, que nunca son tan distintos como podríamos pensar”.
Página 12/Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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