
Mick Jagger, la gran estrella del rock, cumple hoy 80 años, y el festejo que lo encuentra trabajando en un nuevo disco de los Rolling Stones que revela a un artista de una vitalidad sorprendente, por no decir sobrehumana.
Es que encarna el arquetipo dionisíaco de la eterna juventud. Sus colegas generacionales rara vez pueden sostener una gira como la que hicieron los Stones el año pasado, no sólo por la cantidad de ciudades en las que tocaron, también por la intensidad de cada show.
A los 80, su voz aún tiene algo hipnótico, un delicioso timbre denso y esos saltos entre las notas altas y bajas produce una sensación extraña, una sensación que transmite emociones rápidamente.
Jagger es la figura más atrayente de aquellos irrepetibles años ‘60; pasó más de seis décadas sobre un escenario construyendo uno de los mitos más sólidos en la historia de la música. The Observer, de Londres, lo definió en 1968 como “el mejor intérJagger prete de rock del mundo: erótico, mercurial, narcisista, destructivo y violento. Puede ser detestable, pero es imposible ignorarlo”.
Unos años antes, en 1964, cuando hicieron una audición-show en los estudios de la BBC de Londres, uno de los directivos se le acercó a Brian Jones y le dijo: “Son buenos, pero deberían cambiar al cantante”. siempre sonó como un cantante negro, lo cual chocaba con lo que pretendía el establishment artístico de esa época. Cuando se le preguntaba por sus influencias decía con sinceridad: “Copié por completo a los cantantes negros”. Nadie podía igualar la intensidad amenazante que les aportaba a las canciones. Era pasión, autoridad y prepotencia frente a esos cantantes de voz dulce y ojos muy abiertos. ¿Cómo no iba a conquistar a su época? ¿Cómo ignorar a un artista que arrasaba convenciones?
Algo de esto relata David Bowie en un video de YouTube donde cuenta la sensación que le causó ver a los Rolling Stones por primera vez y, en especial a Mick Jagger. Fue en 1963, en el Brixton Odeon, con los Stones de teloneros de Little Richard.
“Quedé en shock al verlos, no había visto nada tan rebelde en mi vida; había un tipo entre la gente que le gritaba a Jagger que se cortara el pelo y él le respondió: ‘¡¿Qué… y para lucir como vos?!’ Mi Dios, ¿este es el futuro de la música?, me pregunté” .
Jagger encarnó en sus comienzos esa necesidad de cambio social tanto a través de la música como de una rebeldía contra el sistema; aquel antihéroe edificó un personaje tan admirado como copiado, aunque por mucho que lo intentaron, nadie se acercó a su original histrionismo.
De todos modos, tuvo la suficiente inteligencia para salir poco a poco de ese lugar y convertirse en un artista aceptado por todo el mundo. Es decir, de ser aquella pesadilla de toda madre a volverse un candidato ideal.
Reunió su naturaleza con esa necesidad de cambio. Vio que el negocio no estaba en ser un continuador, sino que había que romper con ese papel de animadores que se les daba a los músicos pop. Siempre fue auténtico en su deseo de confrontar.
En cuanto los Stones ganaron un poco de espacio, despachó a los maquilladores y tiró los uniformes; tocaban con ropa de calle y sin sonrisas complacientes. No quería agradar y, sin embargo, conquistó a millones de jóvenes. Fue el cantante, no la canción, el que protagonizó una revolución cultural en la música en los agitados años ‘60.
Atravesó el lado salvaje del rock and roll casi sin perder el control de su vida. Aunque vivió épocas de excesos, no atravesó internaciones, al menos conocidas, ni problemas con la ley, ni tampoco graves crisis sentimentales. Solo el suicidio de su entonces novia -la diseñadora de modas L’Wren Scott, de 49 años- en marzo de 2014, lo afectó al punto de suspender una gira con los Stones.
Casi no bebe alcohol y si utiliza alguna sustancia es de manera absolutamente recreativa. No consume lácteos y casi no toca la carne. Se ocupa de las giras con especial cuidado: en cada nuevo tour busca y rebusca en sus centenares de canciones, alguna poco tocada en vivo; discute con Keith Richards cómo armar el repertorio para sorprender al público.
Mientras se toman su tiempo para ensayar, Mick hace un trabajo importante en lo físico. Es que está al frente de una banda que hace conciertos de unos 80 minutos en promedio, durante los cuales camina y corre entre 12 y 20 kilómetros. Antes de la prueba de sonido, ya está trabajando la voz, y el cuerpo en el gimnasio. Debió hacer más rigurosos los cuidados a partir de la cirugía cardíaca que atravesó en 2019.
El año pasado se contagió de Covid durante la gira y debieron suspender dos shows, pero estuvo listo para festejar con dos conciertos gratuitos en el Hyde Park de Londres los 60 años de la banda en el escenario en el que, en julio de 1969, presentaron al guitarrista Mick Taylor, reemplazante del irremplazable Brian Jones.
Fuego sagrado y una especial motivación explican la intensidad con la que interpreta Street Fighting Man, el soul de Tumbling Dice o las indestructibles Jumpin’ Jack Flash y Satisfaction. Las sigue cantando con la misma convicción 50 años después.
Quienes están en su entorno dicen en voz baja que el mayor temor de la estrella es quedarse sin aire para seguir con la rutina en el escenario. Sabe que sigue siendo el centro de atención en la escena, aunque repartida generosamente con Richards.
Otro aspecto que cuida es el descanso: “Si no dormís lo suficiente, te puede afectar el rendimiento de esa noche. El día del concierto está organizado casi desde el momento en que te levantás. Tenemos una línea de tiempo casi militar. Sé lo que estoy haciendo en cada momento”, señaló.
Finge no saber nada sobre la organización del grupo, pero él dirige todo. “Tiene abogados y contadores, pero Mick toma las decisiones. Es como el presidente del directorio Rolling Stones, se ofrecen sugerencias todo el tiempo y él puede tomarlas o dejarlas. Es el cerebro y las agallas del equipo, y lo que decide funciona”, señaló una fuente cercana a la banda.
Hay en Jagger, pero también en Richards (79) y en Wood (76), un deseo de continuar en los escenarios juntos, que es lo más destacable y hasta hermoso de estos artistas. Saben que se están haciendo mayores y que no tienen mucho tiempo.
El año pasado se habló bastante de que la de los 60 años de la banda era su última gira, y más aún después de la muerte de Charlie Watts (19412021). Sin embargo, no terminó de sonar el último acorde de Jumpin’ Jack Flash en su último concierto que anunciaron un nuevo disco, con canciones originales.
“Seguiremos componiendo y tocando”, afirmó Mick, aunque admitió que el fallecimiento del baterista había sido un momento devastador: “Él era el corazón de la banda. Una personalidad estable, una persona fiable, nada divo: nadie quiere tener a un divo detrás de la batería. Tenía un humor muy seco. Lo sigo extrañando. Charlie fue mi amigo durante 60 años. Es extraño estar sin él, pero sé que quería que continuásemos”.
Jagger dejó trascender que están grabando el disco en Los Ángeles y ya está casi terminado. En algunos temas aparece Watts, mientras que en otros está el baterista de la última gira, Steve Jordan. Si bien faltan detalles, podría estar listo para diciembre. Del álbum participarían Paul Mc Cartney y Ringo Starr: ¡cartón lleno!
César Pradines/Clarín-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón