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El cantautor español Nacho Vegas presenta Vidas Semipreciosas en el Vorterix

El cantautor español Nacho Vegas presenta Vidas Semipreciosas en el Vorterix

No hay dudas de que Nacho Vegas es uno de los atletas plusmarquista en el salto de altura de la canción, algo así como el Javier Sotomayor de entre los compositores de rock de habla hispana. Cada vez que se piensa que lanzó su obra cumbre, sale del estudio con un siguiente álbum que es todavía mejor que el anterior. Algo pocas veces visto en la música popular contemporánea de acá, de allá y de cualquier lado. The Beatles, de hecho, es el paradigma idóneo para ilustrar el oficio de la evolución estética, el arte de la sorpresa. Aunque, a su vez, el cuarteto inglés representó una de las primeras decepciones del cantautor español durante su infancia: “El día que me enteré de que no eran hermanos, no creo haberlo superado. Me limité a relegarlo a un oscuro compartimento de mi memoria”, confesó en clave de sorna hace algunos años.

A manera de mostrario de su poder de reinvención, está su más reciente material de estudio: Vidas semipreciosas, publicado el pasado 23 de enero, y que contiene algunas de las canciones más inconmensurables de su carrera. A diferencia de sus trabajos anteriores, el nativo de Gijón eligió en esta ocasión situar la columna vertebral del repertorio casi al final. La terna de interludios que segmentan al álbum allana el camino hasta “Seis pardales”, cuya historia, basada en hechos reales, potencia este universo lírico en el que se mezclan lo político, lo autobiográfico, el amor y el humor. El tema en cuestión evoca el caso de “Las seis de La Suiza”, que llevó a la cárcel a varios sindicalistas por abogar por los derechos de una empleada embarazada de esa pastelería asturiana, quien denunció haber sido acosada por el dueño del establecimiento.

A propósito de ese acto de injusticia (en marzo pasado se supo que a los sindicalistas se les aprobó un indulto parcial), que abrió el debate sobre la criminalización de la protesta laboral, el regreso del artista a la ciudad sucederá en un día simbólico. Este viernes 1° de mayo, a las 21, Vegas se subirá al escenario de Teatro Vorterix para presentar algunas de estas 14 flamantes canciones, así como para ponerse al día con su incondicional tropa de fans argentinos. Y es que hace rato que se le espera por estos lares, tras su último paso por acá, hace siete años. Sin embargo, el músico, al otro lado del Zoom, desde su hogar, reflexiona acerca de las expectativas. “No conviene creárselas”, afirma. “Algo importante que he aprendido a hacer a lo largo del tiempo, cada vez que me enfrento a un nuevo disco, es volver al momento inicial”.

-¿A cuál de todos?

-Intento volver a aquel momento en el que recuerdo que hacía las canciones de mi primer álbum, cuando no sabía si le iban a interesar a alguien, si me iban a publicar un disco o si iba a poder tocarlas. Solamente sentía la urgencia, la necesidad de escribir esas canciones, y tuve la suerte de que publicamos el disco y de que fue bien recibido. Siento que tuve buena suerte porque al final hay cosas caprichosas que hacen que uno pase más desapercibido. Ése es el “mood” en el que creo que tienes que estar cuando haces un disco, sin huir de pensar que tengo un público objetivo, que voy a salir de gira y que ésta es una oportunidad que me permite hablar contigo. Esa cosa de “sentirse afortunado” te la tienes que quitar de la cabeza para que la honestidad de lo que haces se preserve. Al menos ésa es mi premisa cuando encaro un disco.

-Cada álbum tuyo deja la vara demasiado arriba. ¿Sos consciente de ese don?

-A medida que van avanzando los discos, el temor que surge es el de la repetición, y en este caso lo que haces muy astutamente es, con todo ese bagaje que vas acopiando con el tiempo, ubicar las fichas en lugares diferentes. Te vas reinventando sobre la base de tu esencia, y eso ya es complejo. No solamente desde lo lírico, sino también desde lo estético.

En la obra del artista de 51 años, la literatura es tan fundamental como sus influencias musicales. De la misma forma que sucedió con algunos de sus discos anteriores, esta vez el legado de la poeta estadounidense Mary Oliver impactó en el labrado de las canciones. Es más: cuando el disco vio la luz, Vegas recurrió a ella para introducirlo a través de sus redes sociales: “Ahora Vidas semipreciosas, ‘mis pequeñas bestias’, como llamaba Mary Oliver a sus poemas, es vuestro”. “El peso de Mary Oliver en el disco radicó en mantener y preservar la capacidad de asombrarse ante la vida y las cosas. ‘Prestar atención, asombrarse y contarlo’, tal como lo escribió ella en el poema ‘Instrucciones para vivir una vida’. Eso mismo es lo que hace cada disco mío: pertenecer a un lugar y a un momento. O a diferentes lugares y momentos”.

-¿No te parece que eso se volvió una utopía? Hoy se vive la vida con más especulación y hasta con superstición, y con menos intensidad.

-Los estímulos tienen que ser cada vez diferentes porque tu vida va cambiando y el mundo en el que vives también. Es cierto que no siempre el cambio es para mejor. Si bien la capacidad de asombrarse sigue siendo maravillarse ante las cosas bellas de la vida, a veces tenemos que horrorizarnos frente a las cosas espeluznantes de la vida; las cosas que duelen. Eso nos ayuda a constatar que estamos vivos, y generan estos sentimientos y emociones complejas que necesitas volcar en canciones. Mientras uno se siga sintiendo vivo creo que no necesitas reinventarte. Hay que hacer un trabajo diario para no convertirnos en zombies, para no anestesiarnos demasiado y para no sucumbir a los alivios. Debemos ser una parte activa a la hora de dejar que esos impulsos nos golpeen. Podemos cantar sobre los mismos asuntos, pero con otra mirada, que siempre resulta novedosa.

-La ilustración tribal de la tapa, así como el propio título, parecieran cuestionar esa idea absoluta de que la vida es preciosa. La ponen en un gris. ¿Eso era lo que pretendías?

-Cuestionar la preciosidad de la vida es bueno. Más que cuestionar la preciosidad de la vida, hay una reivindicación de la semipreciosura como algo más hermoso que la preciosura; porque creo que lo que define a nuestras vidas es la imperfección. Somos seres humanos, somos frágiles y somos vulnerables, y por eso nos necesitamos tanto los unos a las otras. Por eso necesitamos también cantarles a nuestras vidas, a cómo percibimos desde nuestras vidas el mundo en el que vivimos; porque no todo está hecho hasta el final, que es lo que significa algo perfecto. Algo precioso también sería algo demasiado armonioso, y creo que, por ende, sería falso. La semipreciosura es algo más auténtico, más humano y más bonita que la preciosura.

-¿Y cómo trasladarías esta cavilación a las ‘piedras preciosas’?

-Si vamos a esa analogía, las piedras preciosas están definidas por su dureza, su pureza, su escasez y su precio alto. En cambio, las piedras semipreciosas son un montón de ellas: cientos que se mezclan, que se juntan, que tienen diferentes grados de dureza y una gama de colores impresionante. Eso es lo que hace, creo yo, que el mundo tenga un colorido especial. Aparte, no pertenecen a una élite. No quiero tener nada ver con las vidas preciosas, prefiero abrazarme a las vidas semipreciosas.

Madres y canciones

En su primer álbum de estudio como solista, Vidas inexplicables (2001), el ex integrante de la icónica banda española de indie rock Manta Ray le dedicó a su padre el epicedio “El ángel Simón”. Ahora fue el turno de su madre, Cristina Vegas, a la que le dedicó el tema “Fíu”, remojado en el lado alegre de la música tradicional asturiana, a la que suele recurrir. “Como muchas de mis canciones parten de la realidad, en ellas a veces menciono nombres propios. Entonces tengo la costumbre de pedir permiso cuando lo hago, porque equis persona quizá prefiere que no use su nombre real. Es algo que tienes que respetar para no jugar con la gente y para que la canción no se vea dañada”, revela. “Pero no le pedí permiso a mi madre debido a que la conozco bien. Ésta es una canción hecha desde la admiración, el respeto y el cariño, y pensé que le haría ilusión”.

-¿Le hizo ilusión?

-Así fue: le hizo ilusión. Yo tomé el apellido de mi madre siendo consciente de que ella, al igual que otras madres de mi generación, siempre estuvo ahí para mí. En el mundo patriarcal, el trabajo tan fundamental de la crianza y los cuidados sobre las mujeres y las madres es a veces desagradecido. Los hijos nunca le llegamos a agradecer lo suficiente a las madres todo el cariño que nos han dado, y les damos algunos disgustos que son difíciles de reparar. Era un homenaje a mi madre. Pero también, por extensión, a tantas madres, a tantas mujeres que han realizado ese trabajo y que, además, en mi caso, han inculcado unos valores que son importantes para mí, que son fundacionales a la hora de establecer compromisos en la vida y a la hora de afrontar mi trabajo en la música.

-¿Qué devolución te dio ella?

-Mi madre cumplía 76 años tres días antes de que se publicara el álbum, y el 20 de enero me lo reservé para mostrarle la canción. Cuando la felicité, se la mandé, y me respondió por Telegram: “Gracias, cariño. Es preciosa. Acuérdate que quedamos para comer el domingo”.

-En “Tiempo de lobos”, tema incluido en tu último material, retomás la veta militante que iniciaste en tu disco Canciones populistas. Lo que, por cierto, ha sido muy oportuno en esta España que se ha convertido en uno de los últimos bastiones europeos de resistencia contra el fascismo.

-En la época de Canciones populistas (2015), la verdad es que vivíamos en el Estado español una época de cambios, a partir de la confluencia de un montón de movimientos sociales. Eso abrió un nuevo mundo en el que gente que estaba militando desde el activismo se movilizaba e impugnaba lo que se llamó el “régimen del ‘78”, que es el régimen de libertades que vino después del franquismo. O sea, la democracia. Aunque tiene muchas carencias democráticas. En ese momento, parecía que realmente estaba sucediendo algo que servía de cortafuegos contra un fascismo que ya estaba en auge en varios países en Europa. Algún tiempo después, 10, 12 o 15 años más tarde, lo que estamos viendo es que quienes nos gobiernan nos son precisamente los democráticos. Al parecer, la soberanía popular se lleva muy bien con el fascismo.

-Por más que parezca romántico y hasta anacrónico, ¿sentís que la canción aún puede servir para revolucionar al mundo?

-El antifascismo no es solamente una cuestión de militancia de una parte de la izquierda, sino que creo que es un deber moral que tenemos. No podemos normalizar los discursos de odio, los discursos excluyentes, los discursos racistas. No podemos dejar que se problematice la migración, cuando es una cosa que es tan natural. Creo que la música es una trinchera de la cultura, una trinchera desde la que se puede alzar la voz para acompañar estas luchas colectivas. Por desgracia, he tenido que pasar esto para que tome conciencia más gente. Lamento que mis compañeros y compañeras de oficio no hayan hecho un poco más de empuje, pero creo que las canciones deben ser permeables a los procesos sociales que tienen lugar cuando se está creando esa música. Son procesos que pueden ser emancipadores o que pueden ser de resistencia ante la amenaza del discurso de este nuevo fascismo. Antes que asombrarnos, tenemos que cantarlo para confrontarlo, con emociones, con ternura, con el amor como una herramienta de lucha de cosas bellas. No te hablo desde lo estético, sino a partir de una herramienta que conozco y que tenemos que empuñar.

-La lección que nos deja el caso de “Los seis de La Suiza” es que la sociedad occidental ingresó en una especie de neo medioevo.

-La pandemia hizo que se vieran dañados imaginarios colectivos y espacios de empoderamiento. Eso lo aprovechó la ultraderecha para plantear esa batalla cultural que van ganando, aunque desde la izquierda tenemos que preguntarnos qué hicimos mal para permitir que esto suceda. Hay algo que ocurre tanto en el Estado español como en Argentina, y es que la izquierda más reformista suele poner el foco en la clase media, que en mi opinión es un concepto inventado por el neoliberalismo para desmovilizar a gran parte de la clase trabajadora. Se desatendió a las clases populares, a las clases trabajadoras, a las clases más desfavorecidas, que al final se encontraron con que nadie les dio respuestas a sus problemas. Entonces, si llega la ultraderecha, y da una respuesta que es obscena, como culpar a la inmigración de los problemas que tenemos, habla sobre la incapacidad de la izquierda para comunicar. Sin esa masa social no podremos entablar luchas colectivas, ni podremos enfrentar estos discursos de odio. Desde luego, no se llegará a ningún cambio, a ninguna transformación, si no nos replanteamos buscar argumentos propositivos para ofrecer. Sin espantarnos, sin llevarnos las manos a la cabeza. Hay que aspirar a un mundo realmente mejor y combatir al fascismo desde las luchas colectivas, desde la autoorganización, desde cada barrio, desde cada pueblo y desde la música.

-¿Cómo es posible eso cuando hoy la patria pasa por internet?

-Vi a muchos amigos y amigas de mi generación tener que marcharse de Gijón forzadamente, pues porque no había trabajo, ni condiciones materiales para que pudieran vivir dignamente. Se fueron a Madrid, a Barcelona, a Canarias, a donde fuera para poder desarrollar mínimamente una vida digna. Pero yo decidí quedarme, siendo consciente de que se puede tener una amplitud de miradas. También tengo la suerte de tener un oficio que me lleva a conocer a gente muy diferente, a realidades muy diferentes, lo que me permitió hacer el recorrido de la música popular: partir desde la particularidad para llegar a lo más universal. No entiendo a Gijón tanto como un refugio, sino al contrario. Es un lugar desde una atalaya, puedo gritar mucho más alto aquí que si estuviera viviendo en Madrid. Creo que para mí es una suerte y un privilegio poder haber podido elegir quedarme a vivir en mi tierra.

Dolores de ausencia

-El año pasado murió Jorge Martínez, líder de Los Ilegales, uno de los grupos más corrosivos del rock español post franquista, amén de paisano tuyo. ¿Cómo te sentó la noticia?

-2025 fue un año terrible en Asturias porque perdimos a mucha gente muy querida de la cultura. Además, nos golpeaba sin darnos tiempo a recuperarnos. Sí, bueno, la última pérdida fue la de Jorge, pues era una persona queridísima en toda España, pero en especial en Asturias. También se nos fue muy repentinamente Xuan Bello, un escritor maravilloso, así como Fran Gallo, programador de cine, que vivió en los últimos años Argentina, donde trabajó en el Bafici. Otro que murió fue José Luis Cienfuegos, emblemático director de cine asturiano. Fueron una serie de hostias bastante fuertes.

-Llama la atención que en España te sigan preguntando en las entrevistas sobre tu pasado con las drogas. Hay como una suerte de morbo con eso, que alimentás al responderles. ¿Qué te pasa cuando ves que todavía hay esa insistencia?

-No creo que las drogas se deban romantizar ni se deban demonizar. Las drogas no son malas ni buenas, se trata del uso que hagamos de ellas. Hay tantas cosas en la vida que te pueden hacer… Son experiencias que te pueden hacer conocer un poco tus límites o que te llevan a caer en sitios muy oscuros. Si no me importa hablar de mi pasado con las drogas es porque para mí fue muy importante tener una red afectiva cerca, y tener mi trabajo en la música. Eso me ayudó a no quedarme ahí abajo. Es importante buscar asideros para no acabar revolcándonos en nuestras propias miserias, es una manera de arrojar un punto de luz. Al final, estas cosas revelan verdades que pueden resultar incómodas, pero que son las que nos hacen ser humanos. El hecho de tropezar una y otra vez nos permite encontrar motivos para levantarnos, vivir, seguir luchando y buscar un mundo un poco más bonito. Tanto en lo íntimo como en lo social y en lo colectivo.

Otro músico español que logró salir del pozo de las sustancias fue Albert Plá, quien figura entre los invitados de Vidas semipreciosas, junto al músico asturiano Rodrigo Cuevas, novel icono del colectivo LGTBI+ “Yo soy muy fan de Albert desde antes de publicar discos bajo mi nombre, y luego tuvimos la oportunidad de coincidir. Es un amor de persona, un ser maravilloso, y tenía ganas de colaborar con él. Creo que es una influencia para mí, para mi música y precisamente estaba esperando que surgiera una canción en la que yo intuyera que podía tener cabida la presencia de Albert”, desmenuza Vegas. “Le dije que podía cantar lo que le diera la gana, aunque escribí una estrofa en esa canción y él fue fiel a la letra que escribí. Pero la hizo suya porque él también es un gran actor y un gran intérprete”.

-Tomando en cuenta que tenés entre tus ídolos a artistas que todavía viven como Neil Young y Nick Cave, ¿nunca se te dio intentar invitarlos a colaborar con vos?

-No, no he tenido la oportunidad, la verdad. De hecho, a Neil Young ni siquiera lo he podido ver en vivo. Es una de las cuentas pendientes que tengo. A Nick Cave sí que lo vi en vivo en numerosas ocasiones, pero no se dio la ocasión de conocerlo. Sí es que verdad que ambos son referentes para mí.

-Desaparezca aquí, álbum que te sirvió de trampolín y que el año pasado celebró su vigésimo aniversario, está notablemente atravesado por ellos.

-Cuando empecé a publicar discos bajo mi nombre, tenía muy claro que no quería tanto ser un cantautor con una banda de apoyo. Los discos que he publicado juntan sensibilidades diferentes que hicieron que las canciones lleguen a sitios que para mí son insospechados, y eso se debió a que tengo la virtud de saber rodearme de gente muy bonita. Es gente con una gran sensibilidad musical, y eso creo que se percibe en mis shows en vivo.

Yumber Vera Rojas/Página 12-Espectáculos

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