
“Qué raro que toda persona tenga pequeños duplicados de sí misma. Son como los repuestos de sí que tenía en la tumba el faraón”. La ironía y genialidad tiene un autor único: Jorge Luis Borges. Es un observador dotado para pensar gestos y sus consecuencias mucho antes que el resto de los dioses y mortales. Esta es una anécdota que recordó Adolfo Bioy Casares en el libro Borges. En 1936, justo antes de sacarse una fotografía en un estudio de avenida Rivadavia para Revista Sur, el poeta nacido en 1899 lanzó ese veredicto punzante. En la tapa del libro citado hay una fotografía de los dos grandes amigos que, por supuesto, poseen fotos de ambos juntos a lo largo de varios años. No son selfies, pero son retratos de un Borges por demás elocuente. Algunos de esos enfoques se encuentran magistralmente montados en la galería Rolf Art (Esmeralda 1353 – CABA) bajo el título Capítulo I: Jorge Luis Borges, que forma parte de Imagen Técnica y Cultura Material, un nuevo programa anual de exhibiciones dirigido por Claudio Golonbek. La galería, dirigida por Florencia Giordana Braun, está especializada en imagen técnica y acaba de inaugurar esta muestra de autores que fotografiaron al mayor escritor argentino.
Este o estos Borges retratados forman parte de los homenajes por el 40º aniversario de su muerte, arman una cartografía de vida, en todos los casos esplendorosa, a partir de obras de Grete Stern, Horacio Coppola, Sameer Makarius, Narcisa Hirsch, Sara Facio, Alicia D’Amico, Julie Méndez Ezcurra, Eduardo Gil, Marcelo Brodsky, Facundo de Zuviría, Marcos López y RES. La exposición continúa en una serie muy valiosa de documentos provenientes del archivo y la colección personal de Claudio Golonbek. Esas fotos y objetos cuentan una vida cotidiana no siempre bien conocida, un álbum que no es secreto pero que lo devuelve a la vida como el hombre público, protagonizando la escena pública.
Esta muestra se organiza en dos conjuntos decisivos. Uno contiene registros fotográficos y/o fílmicos desarrollados por reconocidos artistas arriba citados. El otro conjunto se compone de cinco partes inmuy necesarias. 1) Una selección de ediciones y reediciones de El Aleph en varios idiomas. 2) Registros de su imagen de reporteros gráficos en la escena pública. 3) Documentos que expresan su vínculo con el cine desde los años treinta, que incluye su rol de crítico sobre el film Citizen Kane en 1941, comentado en la Revista Sur o el guion de la película Invasión (1969) dirigida por Hugo Santiago, historia que escribió en colaboración con Adolfo Bioy Casares. 4) Una selección que comprende el lapso entre los años 60 y los 80 cuando se vuelve “tapa” de distintas revistas. 5) Por último una variada selección de afiches, estampillas, monedas, fanzines, invitaciones, señaladores, partituras musicales, volantes, etc.
Es paradójico, las fotos de Borges se enfrentan unas a otras y dan una sensación especular. Esos espejos se cruzan en este homenaje y muestran a un escritor que literaria y filosóficamente desconfiaba de ellos. Los consideraba abominables por multiplicar la realidad de forma fantasmagórica y aquí los multiplica de pared en pared. Claro, también le aterrorizaba la idea de encontrarse con sí mismo.
“Esta muestra intenta revistar variados aspectos de su paso por el amplio campo de la cultura material. JLB no sólo ha dejado registro de su oficio en los libros, sino que también se ha extendido a guionar películas, poner su voz en discos de vinilo –o de otros recitando sus textos–, imagen en monedas de curso legal, estampillas, presentado a un público específico en partituras musicales”, escribió Golonbek (Buenos Aires, 1962, investigador, coleccionista y ensayista sobre coleccionismo y mercado del arte), en el texto curatorial de la muestra.
En el ingreso de la sala el impacto de tres fotos de Borges realizadas por Sameer Makarius el pintor, diseñador y decorador egipcio-argentino. Corresponden a una serie de 12 tomas que tomó el fotógrafo cuando Borges era director de la Biblioteca Nacional. De ese tiempo en el que se convirtió en el guardián ilustrado de los libros, surge imponente un retrato fundamental tomado por Alicia D’Amico en el que se lo ve a Borges escribiendo muy inclinado sobre el papel debido a la escasa visión que poseía a fines de los años 50.
También se encuentra el famoso retrato de Grete Stern de 1951 en el que Borges mira a la cámara con un dejo triste mientras sostiene sus lentes en las manos. Muy convocante en la noche de la inauguración, se luce especialmente el trabajo “Borges en Sitges, Barcelona” de Marcelo Brodsky, una serie toformativas mada en 1983 e intervenida en 2026 a mano con anotaciones y color.
“Su condición de ciudadano del siglo XX ha implicado un extraordinario recorrido como participante destacado del mundo analógico – o no digital–, espacio por el que fue dejando múltiples ’residuos’ asociados a su persona, que con el tiempo han devenido en objetos propios de cultura material; interesantes y capaces de captar nuestro interés”, escribe Golonbek. En el cierre de la muestra, se ven dos imágenes iguales en distintos formatos. Primero el original, una foto histórica de Borges con su ama de llaves Fanny cruzando la calle tomada por Francisco de Zuviría.A la izquierda el afiche de la película de Mariano Llinás y que lleva por título: Biografía de Jorge Luis Borges que se conocerá en breve.
Brillan las variadas versiones de uno de los libros más conocidos en la literatura mundial: El Aleph. También las fotos de Coppola volviendo a la casa natal de Borges, los relojes de Gil, las, interpretaciones de Narcisa Hirsch quien hizo propio el concepto de Aleph de Borges, en el que “cada segundo representa una instancia de vida desde el nacimiento hasta la muerte”.
El escritor argentino más fotografiado del siglo XX no habría podido ver la mayoría de estas imágenes en los años en las que fueron tomadas. Una “magnífica ironía”, habría dicho el autor del Poema de los dones.
Héctor Pavón/Clarín-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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