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Boca se recuperó y goleó a Tigre. Colón enterró a River en el Cementerio

Zeballos se funde en el abrazo con Benedetto. Entre los dos aportaron cuatro goles en la victoria xeneize.

Es la reedición de la final de la Copa de la Liga Profesional. Se repiten los protagonistas, pero el escenario es la Bombonera, cargada de hinchas que se ilusionan. Boca acaba de ser campeón y aunque viene de tropezar en Santiago del Estero, tiene el crédito abierto. Y le fluye el gol, claro. Porque tiene un ataque explosivo. Entonces, esas dudas que pueden generar algunos desniveles colectivos, se compensan holgadamente con su contundencia. Muy a pesar de las ventajas que entrega atrás.

Boca tiene una receta para llegar al gol, casi con la simpleza del manual del fútbol. El desequilibrio de sus extremos, fundamentalmente Villa, la contundencia de su centrodelantero, Benedetto, y el despegue de sus laterales, en especial Fabra. No por básico deja de ser efectivo. Sucedió apenas superados los diez minutos, cuando el atacante colombiano recibió de Molinas contra la raya, llegó el centro pinchado y el cabezazo goleador de Pipa. De entrada, ya estaba arriba.

Pero, claro, como Boca es un equipo de ráfagas, la construcción del juego depende demasiado de sus individualidades. Y por más que intente tender líneas de pases a partir de Varela, Pol Fernández o el propio Molinas, sus posibilidades crecen cuando explota Villa, profundiza Fabra o encara Zeballos.

Y de otra acción del colombiano, que se encontró con la pelota en su poder después de un error no forzado de Zabala, llegó el centro que cacheteó Pol Fernández de volea. El remate pegó en el palo.

Tigre estaba aturdido, pero no perdido. Llegó a la Bombonera a bordo del 4-2-3-1 y despegó por los costados. Apostó al mano a mano con los laterales y centrales rivales. Obando no tuvo tanto éxito por la izquierda. Colidio fue más punzante por la derecha. Y en el área, siempre estuvo amenazante Retegui. El manejo, como siempre, quedó a cargo de Prediger.

Boca, que hace tiempo juega con su última línea a 25 metros, se exponía. Y aunque Tigre se filtró un par de veces, un cruce de Rojo y una atajada de Rossi impidieron que sacara ventaja, primero, y que lograra el empate, después.

Sin embargo, se distrajo en un saque de costado, cuando hacía rato no lograba pesar en el campo contrario porque no salía la diagonal de Villa y porque estaban atados los volantes, más allá de los buenos movimientos de Benedetto. Y ejecutó rápido Obando, Zabala arremetió al especio, metió un bombazo, la pelota rebotó en la espalda de Figal y descolocó a Rossi.

En el segundo tiempo, Boca salió con decisión a ganar el partido. Enseguida, un remate bombeado de Molinas encontró una gran respuesta de Marinelli. Pero Tigre pareció animarse con dos pelotas paradas. Un tiro libre de Obando que rebotó en la barrera y otro de Zabala que Retegui cabeceó por encima del travesaño.

Pero bastaron tres minutos para volver a ganar el duelo. Otra vez Molinas fue clave. Encontró a Zeballos en el corazón del área y el Changuito no falló. Y un ratito después, el propio Zeballos metió la diagonal, Villa habilitó a Fabra y el zurdazo del colombiano se desvió en Nicolás Demartini.

Tigre tuvo valentía para buscar el descuento. Y expuso los problemas de Boca en el fondo. De un tiro de esquina le cabecearon ¡tres veces! La terminó empujando Retegui.

Sin embargo, Zeballos estaba en estado de gracia. Recibió de Pol y cruzó al palo más lejano de Marinelli. Y un instante más tarde, Demartini quiso darle la pelota a su arquero y se la regaló a Benedetto. Pipa no falló.

Después, llegó otro horror defensivo, esta vez de Figal, que quiso cobrarse su propia infracción y terminó agarrando la pelota con su mano cuando lo apretaba Retegui. El VAR corrigió y el Chapa marcó el tercero.

Boca fue un canto al gol; también, un equipo permeable. Mostró dos facetas. Mientras convierta más que su rival, no deberá preocuparse, aunque atrás requiera ajustes.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

Ábila volvió a marcar y los tres puntos quedaron para el Sabalero.

Algo le pasa a River. Por algo, con la derrota 1-0 ante Colón en Santa Fe, el laureado ciclo de Marcelo Gallardo firmó su peor arranque de campeonato. No ganó ni hizo goles en tres partidos el conjunto del Muñeco, aunque eso no es lo más preocupante: le cuesta jugar bien. Anda olvidadizo River, confundido, sin encontrar el rumbo. Y las flojas respuestas de adentro de la cancha son similares a las de afuera porque, es justo decirlo, Gallardo también está fallando en este inicio impensado para uno de los planteles más ricos del país. La mala para River es que falta poco para el duelo de octavos de final de Copa Libertadores. La buena es que tendrá revancha pronto, el próximo domingo contra Unión de visitante.

Las etiquetas en el fútbol son tan viejas como el fútbol mismo. A veces, esos rótulos suelen desacreditar y hasta herir; pero en otras ocasiones pueden describir la realidad a la perfección. En Santa Fe se enfrentaron los equipos dirigidos por Julio César Falcioni y por Marcelo Gallardo y todo lo que se esperaba en la previa sucedió: uno, Colón, se replegó bien cerca de Leonardo Burián para aguantar el cero en su arco; el otro, River, asumió el protagonismo y se plantó bien lejos de Franco Armani con la intención de hallar goles.

Otra cuestión es la de los esquemas tácticos. Con razón se sentencia que los dibujos no son tan importantes sino la idea. Y el duelo en el Cementerio de los Elefantes puede servir para ejemplo. Porque Colón y River saltaron al terreno de juego con la misma táctica (4-1-4-1), pero con intenciones bien distintas. Los del Emperador esperaron en su campo y apostaron a los pelotazos largos para Wanchope Ábila; los del Muñeco, manejaron la pelota en un 70% y remataron al arco en 12 oportunidades.

Pero el fútbol es de los jugadores y los números suelen explicar partes y nunca el todo. Jugó mejor River, es verdad. Mejoró un poquito su versión respecto a lo que había demostrado contra Atlético Tucumán, también. Igual, sabe Gallardo que con eso solo no alcanza para ganar cosas importantes, como la Copa Libertadores, el objetivo máximo. A los de Núñez le volvió a faltar algo de fuego en los metros finales y los gritos del entrenador se escucharon a lo largo de todo el primer tiempo. Reclamaba intensidad y determinación el DT.

River no se puso en ventaja en la primera parte porque Julián Álvarez erró una imposible: hizo una pared con Esequiel Barco y pifió su definición de zurda desde el punto de penal. Esa fue la más clara para la visita, la mejor jugada elaborada. Después, a los dirigidos por Gallardo les faltó acertar el último pase. Estuvo desconocido Enzo Fernández: erró no menos de 5 pases fáciles y controló mal un par de pelotas. El pésimo estado del campo de juego también tiene su cuota. El regresado Nicolás De La Cruz alternó buenas y malas y fue otro de los que realizó controles impropios para su categoría. Al uruguayo, hay que decirlo, se lo notó un poco cansado tras su gira con la Selección de su país. En los extremos por las bandas, ni Simón ni Barco pesaron.

Y Colón esperó sin ruborizarse. Wanchope Ábila se paró donde suelen ubicarse los volantes centrales. Así de retrasado jugó el Sabalero. Nada nuevo en las ideas de Falcioni, ideas que lo han llevado a grandes logros y a destacarse en el país.

El segundo tiempo comenzó con un gol de Wanchope anulado y revisado por el VAR. Tuvo revancha el delantero y a los 27 minutos recibió de Farías, hizo pasar de largo a Armani y tocó al arco. Un golazo anulado por el línea pero convalidado por el VAR tras largos minutos. Fue una jugada finita, aunque la tecnología no debería fallar en estas situaciones. Hubo otra polémica por un presunto penal de Novillo a De la Cruz.

El complemento de River fue malísimo y el gol de Ábila lo noqueó. No hubo reacciones de adentro y de afuera. Está flojo de reflejos Gallardo y siempre hace los mismos cambios. Una posibilidad era ubicar a Fernández como volante de inicio y sacar a Zuculini. Otra era armar una línea de 3. Más falencias: tuvo mil pelotas paradas y ni una jugada preparada.

Jugó mal River, no ganó, no marcó goles y esta vez perdió. La pregunta asoma con fuerza: ¿qué le pasa?

Maximiliano Uría/Clarín-Deportes

OTROS RESULTADOS

Banfield 2 – Central Córdoba 1

Barracas Central 1 – Unión 2

Atlético Tucumán 2 – Lanús 1

 

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