Inicio / Teatro / Alain Mabanckou: el congoleño que hipnotizó a Francia y es fanático de Sábato

Alain Mabanckou: el congoleño que hipnotizó a Francia y es fanático de Sábato

Se editó en el país Ají Picante, lo nuevo del escritor africano.

¿Quién es Alain Mabanckou?

¿Quién es este escritor congoleño que habla con Clarín desde un hotel de Londres y a poco de empezar la videollamada sorprende al mencionar a Ernesto Sabato como uno de sus autores favoritos, al mismo tiempo que cuenta que “Messi” se ha convertido en un nombre –sí, un nombre– muy popular en su país como en otro tiempo lo fue “Pelé”? ¿Acaso leen Sobre héroes y tumbas en el Congo?

En otra de las apuestas del sello Edhasa por la literatura africana, acaba de editarse en el país Ají Picante, que publicada originalmente en 2015 y considerada una de las mejores novelas contemporáneas y traducida a diez idiomas es el primer título de Mabanckou que llega a tierras argentinas.

Si su nombre resuena poco no es porque le falte talento o currículum a este hombre nacido en la ciudad costera de Pointe Noire, en la República del Congo o Congo Brazzaville, hace 56 años.

Referente de las letras francófonas, en 2015 se convirtió en el primer escritor africano en entrar al Colegio de Francia. Colonialismo, multilingüismo, interculturalismo, constituyen su marca de autor, así como el uso de la ironía y el sarcasmo para deslizar críticas sociales y denuncias contra el régimen de su país, lo que le ha valido el exilio. En otras palabras, Mabanckou no es bienvenido en Congo, país del que se fue a los 22 años rumbo a Francia, donde tenía una beca de estudio.

En Ají Picante, un niño vive en un orfanato desde bebé. Cada semana espera la llegada del cura, que es a la vez profesor, padre sustituto y fuente de esperanza. Pero estamos en el Congo, acaba de estallar una revolución comunista y los religiosos son expulsados. La doctrina del partido, la servidumbre a la que obliga el poder revolucionario, sus reglas estrictas, infectan la vida. Ají Picante se escapa y buscará venganza.

Multipremiado, en 2016 Mabanckou le escribió una carta abierta a Francois Hollande, presidente de Francia en ese momento, por la situación socio-política de su

país: arrestos arbitrarios, elecciones fraudulentas y violencia, en una nación gobernada desde 1979 por Denis Sassou-Nguesso (con una pausa entre 1992 y 1997) . “La duración de una dictadura –ha reflexionado este talentoso escritor– depende de la duración de nuestro silencio”.

–¿Conoce algo de Argentina y de su literatura?

–Leí mucho a Ernesto Sabato, es uno de mis autores preferidos, El túnel, Abaddón, el exterminador, los leo todo el tiempo. Es uno de los más grandes autores del absurdo, que sabe organizar a partir de los sentimientos más sencillos un relato asombroso. Por ejemplo en El túnel se ve cómo construye el relato a partir de los celos entre un artista y una mujer. Es alguien que me ha enseñado mucho el sentido de la rapidez en un relato, cómo ser esencial, cómo usar un pequeño sentimiento para crear algo enorme.

–También le gusta mucho García Márquez y Vargas Llosa. En sus redes, se lo ha visto de viaje hace poco en Colombia y Perú.

–Quise hacer un viaje por los países de los escritores que me gustan. Empecé por Perú y luego me fui a Colombia, la tierra de Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba. Es el país de un escritor que queremos mucho en África. Porque el universo de García Márquez está cerca del nuestro, el universo del realismo mágico, de lo sobrenatural, en África lo vemos todos los días en la calle. Es posible que en un mercado haya muertos y vivos, todos están ahí. Eso sobrenatural es lo que encontré en Colombia. Me falta ir a la Argentina, para conocer el país de Ernesto Sabato.

–Hay mucho realismo mágico en su literatura. García Márquez decía que no era algo totalmente inventado, que se inspiraba de lo que sucedía a su alrededor.

–El concepto de realismo mágico fue inventado por los occidentales que no llegaban a entender que la realidad en ciertos países en vías de desarrollo es una realidad compleja. Es decir, cada vez que Occidente no puede explicar fenómenos en países llamados en vías de desarrollo, crea un concepto para vestirnos con un concepto que no son los nuestros. En cuanto al realismo mágico de Occidente, simplemente quieren decir que en ese país donde hace calor los misterios están por todas partes, las cosas son complicadas.

–En cuanto al niño Ají Picante, ¿hay algo de Mabanckou en él?

–Tiene cosas de alguien que conocí en un regreso al Congo, que tenía ese nombre, pero es también alguien a quien le di mis obsesiones, mis angustias, las preocupaciones de los originarios de África. A Ají Picante lo podés poner en cualquier país de África –y probablemente en América Latina también– y se sentirá cómodo en todas partes donde el pueblo sufra, donde haya chicos en la calle, donde haya desdichados. Para mí, es el símbolo de África que busca su liberación en la calle, tiene la misión de representar a todos los abandonados, los desesperados, los débiles de su ciudad y su país. Su historia es la historia de la venganza de los más débiles contra los más fuertes, él quiere defender a las prostitutas de la ciudad, pero el intendente va a buscarlas. Entonces, allí se lee la fábula de la victoria de los más débiles sobre los más poderosos. La victoria de la calle sobre el poder.

–¿Es necesario irse del propio país para escribir sobre él? Les pasó a García Márquez y Vargas Llosa.

–Hace falta a veces un poco de distancia para tener una visión panorámica de tu país. Y es porque estamos muy lejos que tenemos una fotografía más precisa del país. Desde que me alejé del Congo, creé una especie de vena nostálgica. Tenía la impresión que si no dibujaba todos los días el contorno de mi país me arriesgaba a perderlo todo. Tenía la intención de que la escritura se convirtiera para mí un lugar donde esconder los últimos tesoros de mi infancia y juventud. Y que si no me ocupaba de ese tesoro corría el riesgo de perderme a mí mismo. Escribí en Francia y muchos congoleños y africanos del centro se identificaron con lo que yo contaba porque describía el África de los años 70, 80; el amor que sentimos por nuestra madre, el amor de la calle, de los paisajes que dejamos. La lejanía, el viaje, la distancia, la migración, terminaron por crear un sentimiento de urgencia en la escritura. Escribimos para curarnos del dolor de sentir que el país está muy lejos. Estoy convencido de que las grandes obras de los grandes escritores, o muchas de ellas, fueron escritas mientras estaban lejos de sus países. Incluso para los franceses, los poemas más lindos de Victor Hugo fueron escritos cuando estaba exiliado en Inglaterra, en Bélgica. El escritor es como la tortuga: se pasea con un caparazón y ese caparazón es la geografía de su país. Frena, sale del caparazón, lo mira y empieza a describirlo: es su tierra natal.

–¿Hace mucho que no va al Congo?

–Se van a cumplir 10 años, tuve algunos problemas políticos por mis opiniones y críticas a dictadores y entonces por mi seguridad evito de acercarme, pero voy a todos los países de alrededor. Hace poco fui a Kenia, Ruanda, República Democrática del Congo, el país vecino, pero no al Congo Brazzaville.

“Siempre escribo con la idea de que una justicia social puede existir”, explica al referirse a la pobrezaque sufre su tierra natal. “Pero también te das cuenta de que no puede haber justicia social si no hay justicia económica”, señala. Y agrega: “Si tenemos una economía capitalista, las reglas de la sociedad son entonces capitalistas. Es decir los ricos se hacen más ricos y los pobres, más pobres. En África soñamos con sociedades socialistas-comunistas, estábamos contentos, abrazábamos esa disciplina, esa ideología”, pero “después nos dimos cuenta de que los regímenes comunistas también traían con ellos el culto a la personalidad de los dirigentes” y, agrega, “el comunismo y el socialismo empujaron a los africanos a tener dictadores por todos lados”.

Sobre la condición de escribir en francés, y haber tocado el colonialismo en su obra, dice: “La mundialización de la lengua hoy se escapa a los dominadores. ¿Acaso es la Academia Francesa la responsable de la lengua francesa hoy? No. La lengua francesa se hizo más grande, no es más una lengua de Francia únicamente, es la lengua de quien quiere tomar la palabra de quien quiera reclamarles algo a todos los que nos colonizaron”.

Paula Conde/Clarín-Espectáculos

Compruebe también

Oscar Barney Finn dirige La Niña sobre un Altar en el San Martín

Oscar Barney Finn dirige La Niña sobre un Altar en el San Martín

Para poder partir a la conquista de Troya, los dioses le piden a Agamenón que …

Vicuña-Lamothe hacen Secreto en la Montaña en el Multiteatro

Vicuña-Lamothe hacen Secreto en la Montaña en el Multiteatro

El reloj marca las 18.20 cuando Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe llegan al Multiteatro, cada uno por …

Dejanos tu comentario