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Adiós al último crooner, falleció el gran Tony Bennett

El notable cantante estadounidense tenía 96 años.

Tony Bennett, una de las grandes voces de la música estadounidense, murióayer en la ciudad de Nueva York, donde había nacido hace 96 años. El prolífico y carismático artista, que grabó con grandes figuras del jazz como Stan Getz, Art Blakey y Count Basie. se mantuvo activo hasta el año pasado, cuando se retiró de los escenarios a los 95 años.

Tony Bennet fue un cantante cuya claridad melódica, fraseo influenciado por el jazz, personalidad envolvente para la audiencia e interpretaciones cálidas y engañosamente simples de los estándares musicales ayudaron a difundir el cancionero estadounidense en todo el mundo y ganaron generaciones de admiradores. Bennett supo que tenía la enfermedad de Alzheimer en 2016. Pero siguió actuando y grabando a pesar de su enfermedad; su última actuación pública fue en agosto de 2021, cuando apareció con Lady Gaga en el Radio City Music Hall en un programa titulado One Last Time.

El último gran crooner

Definido por otros como “el último crooner”, también era el superviviente de aquella generación en que las canciones de los Sinatra y compañía deleitaban multitudes. De hecho, en 1965, fue La Voz, amigo y mentor, quien le dijo a la revista Life: “Tony Bennett es el mejor cantante vivo. Me excito cuando lo veo. Me moviliza. Es el tipo de cantante que atraviesa todo lo que un compoitor tiene en mente, y más aún”.

En cientos de conciertos y fechas en clubes y más de 150 grabaciones, Tony Bennett se dedicó a preservar la canción popular estadounidense clásica, escrita por Cole Porter, los Gershwin, Duke Ellington, Rodgers y Hammerstein y otros.

Pero Tony Bennett no se había quedado en aquel tiempo, aunque su impronta jazzera nunca se perdió. Con una carrera manejada en las últimas décadas por su propio hijo, se había acercado al sonido, estilos y gustos de nuevas generaciones.

Por eso, la música de Tony Bennett fue un puente que atravesó casi un siglo. Y ya no sorprendió cuando en 2011 grabó su álbum de duetos por su 85°cumpleaños junto a nombres como Lady Gaga o la infortunada Amy Winehouse (también estaban Aretha Franklin, Michael Bublé, Norah Jones, Mariah Carey, Queen Latifah…).

Ya pasados los ‘90, siguió en una gira increíble, grabando con Lady Gaga. “Me encantó trabajar con ella. Recuerdo que primero grabamos Lady is a Tramp. Lo pasamos tan bien, que decidimos seguir juntos”.

Un poco de historia

Anthony Dominick Benedetto nació en Astoria, Nueva York, el 3 de agosto de 1926. Perdió a su padre cuando apenas tenía 9 años y en aquellos tiempos de la Gran Depresión, el arte le llegó por la vía de sus tíos (uno de ellos, bailarín). Tony pudo estudiar música y pintura. Y se dedicó a ambas actividades (triunfó como cantante, pero nunca dejó de pintar, firmando como Anthony Benedetto).

“Empecé entreteniendo a mi familia, mientras mis tíos tocaban la guitarra. Crecí en una época en la que todos éramos pobres, fue muy difícil. Pero nunca lo olvidé, por eso es bueno ayudar a la gente y recordar los comienzos. Así tu vida será mejor”, fue uno de sus lemas.

Al principio se presentó como Joe Bari en clubes y casinos de mala muerte, frecuentados por inmigrantes y sus hijos.

La leyenda indica que el “toque de suerte” fue cuando, en una de esas noches, Bob Hope lo descubrió y prometió ayudarlo. También, fue quien le indicó que se llamaría, artísticamente, “Tony Bennett”. Le gestionó su primer contrato con la Columbia, el sello con el que seguiría por varias décadas. Y grabó el primero de sus dos LP con la orquesta de Count Bassie, siendo así -toda una revolución para la época- el primer cantante blanco que actuaba con una orquesta afroamericana.

Sus primeros éxitos también se asociaron a grabaciones con aquel fabuloso pianista llamado Bill Evans. Y decía que, para cantar, se inspiraba en los instrumentistas del jazz.

“Era más interesante fijarse en ellos porque, si te dejabas influir por los cantantes, ibas a parecer uno más y no tendrías identidad propia”. Citó co,o sus referentes al pianista Art Tatum “por su virtuosismo y musicalidad” y al saxofonista Stan Getz “por la dulzura de su sonido”. Admiraba a los grandes artistas como Chaplin, Judy Garland, Fred Astaire.

Convivió con los años del gran Frank Sinatra pero este, a la vez, no se cansó de elogiarlo. Tony, a su vez, lo consideraba un maestro y lo llamaba “Teacher”.

En definitiva, Tony Bennett era producto de una época que él mismo definió así (en una entrevista para el diario español El Mundo hace pocos años): “Entre los años ’20 y ’40 se vivió una edad de oro. Un grupo excepcional de maestros artesanos escribía canciones. Cole Porter, Duke Ellington, los Gershwin, Irving Berlin. Crearon un tesoro que se convirtió en el Gran Cancionero Americano. Y cuando empecé, mi premisa era desarrollar ese catálogo”.

Venía con esa impronta -jazz y más allá del jazz- alcanzando la cima de la fama con la citada grabación de I Left my Heart in San Francisco, en el Hotel Fairmont, de San Francisco, en 1961: un ex barítono llamado Douglas Cross y George Cory, asistente de Menotti, le habían acercado la partitura.

“Quería cantar las grandes canciones, canciones que sentía que realmente le importaban a la gente”, dijo en Bennett The Good Life (1998), una autobiografía escrita con Will Friedwald.

En su mejor momento, parecía tocado por la varita mágica. Todo le salía bien, y así lo graficó en una anécdota que llegó a contarle a The New

York Times. “Siempre me sentí privilegiado por la alegre forma en que las cosas se presentaban en mi vida, como si sólo pudieran sucederme a mí” contó alguna vez, como síntoma de su suerte y esplendor. “Una vez estaba cantando mi canción favorita ( Lost in the Stars de Kurt Weill) en el Hollywood Bowl junto a la banda de Count Basie y Buddy Rich en batería, nada menos. Y de repente, una estrella fugaz cayó por encima de nuestras cabezas. Nadie de los presentes lo olvidó jamás. Y yo menos: al día siguiente sonó el teléfono y era Ray Charles, a quien no conocía, y me preguntó: ‘Hey Toni, decime, ¿cómo fue que hiciste eso?’”.

Después vinieron los tiempos difíciles. Al querer modernizar su repertorio, dio un portazo a la Columbia y trató de tener un camino propio. Pero también se vio atrapado por la cocaí

na -estuvo a punto de morir por sobredosis- y perseguido por Hacienda, que quería cobrarle impuestos impagos.

La primavera de sus 90 años

Llegaron nuevas melodías, nuevos álbums, los duetos. Y en 2004 hizo su debut como autor con The Art of Romance, un disco que remitía a su grabación The Art of Excellence, de tres décadas antes.

“Hasta ahora no quería grabar mis canciones… Siempre pensaba, si no haces algo muy bien, no lo hagas. Y jamás pude componer como Cole Porter o Jerome Kern, así que decidí quedarme quieto. Pero finalmente Danny me convenció de que venciera mi pudor y grabara mis propios temas”. También se mostró feliz por su acercamiento a las nuevas generaciones: “Así, nuestros hijos y nosotros estamos de acuerdo”.

Volvió de todo ello, sobre todo cuando su hijo Danny rediseñó su relanzamiento: discos conceptualmente fuertes, apariciones en los principales shows de TV, aproximación a MTV y a los nuevos medios.

“Hasta los errores más grandes de mi vida, me sirvieron para convertirme en la persona que soy. Y me siento afortunado por haber vivido mis dos grandes pasiones como la música y la pintura”, contó.

La despedida de los famosos

Una vez conocida la noticia, algunas celebridades del mundo de la música hicieron llegar su pésame en las redes sociales. “Muy triste al saber del fallecimiento de Tony. Sin duda, el cantante, hombre e intérprete con más clase que jamás haya visto. Él es insustituible. Lo amaba y lo adoraba. Mis condolencias para Susan, Danny y la familia”, se expidió Sir Elton John, vía Instagram.

Nancy Sinatra, también en Instagram, refirió: “Tony fue una de las personas más espléndidas que jamás haya existido. Amable, cariñoso, talentoso y generoso, nunca nos defraudó”. “Fue un artista consumado. Todo lo hay que hacer es escuchar cualquiera de sus cientos de grabaciones para reconocerlo”, comunicó el cineasta Martin Scorsese.

Y Keith Richards, el alma de The Rolling Stones, subió a sus redes sociales una efusiva y alegre foto conjunta de los dos y escribió: “Que descanses en paz, Tony Bennett”.

José Bellas/Clarín-Espectáculos

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