
Harold George Belafonte, Jr., más conocido como Harry Belafonte, murió en la mañana de ayer en Nueva York, a los 96 años. Fue por una insuficiencia cardíaca congestiva, según confirmó su jefe de prensa Ken Sunshine.
Como bien dijo el diario The New York Times en su obituario, “en un momento en que la segregación aún estaba generalizada y los rostros negros eran una rareza en las pantallas grandes y pequeñas, el ascenso de Belafonte al escalón más alto del mundo del espectáculo fue histórico”. Porque brilló en la música y en el cine pero, fundamentalmente su compromiso social y su lucha, desde la juventud hasta sus últimos días, marcan la vida de Harry Belafonte, quien alcanzó el estrellato muy joven, en la década del 50, y lo prolongó con su participación en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, por los desposeídos en Africa y por la paz.
Hay un Belafonte que puede recordarse -aunque no tanto- por sus intervenciones en el cine. Y sí, mucho más en el canto, a partir de la difusión del calypso, aquel ritmo de raíces jamaiquinas que hizo furor en los 50 y que Belafonte difundió como ningún otro. Y también un Belafonte que en los 60 formó un maravilloso dúo de canto con la mayor exponente de la música africana de la época, Miriam Makeba.
Tres premios Grammy, un Emmy y un Tony forman parte de su colección, pero que es mucho mayor si se consideran los múltiples reconocimientos a su labor humanitaria. Por ejemplo, la Medalla de las Artes del Congreso que Bill Clinton le concedió en 1994, o el premio Humanitario Jean Hersoult. Y más recientemente, el Premio Embajador de Conciencia que Amnesty le otorgó en 2013 y que anteriormente había distinguido a nombres como Nelson Mandela, Vaclav Havel y Peter Gabriel. “Yo tengo más obligaciones que ser simplemente un hombre que entretiene a la gente”, dijo aquella vez, al recibirlo.
Harold George Belafonte nació el 1° de marzo de 1927 en Manhattan (Nueva York), su familia provenía de las Antillas. Y su padre, se desempeñaba como chef de la Marina Británica. Cuando tenía entre 8 y 13 años, la familia de Belafonte vivió en Jamaica y ese período marcaría su vida, especialmente en las influencias musicales.
A su retorno a Nueva York comenzó a estudiar canto y actuación (llegó a tener como compañeros a Marlon Brando y Sidney Pottier, entre otras celebridades). También sirvió en la Marina, en los finales de la Segunda Guerra Mundial, e intentó suerte con un restaurante en el Greenwich.
Pero sería la música la que lo llevaría a la fama, hasta convertirlo en “El Rey del Calypso”. En los ‘50 vendió un millón de copias del álbum “Calypso”. Incluía el tema que sería el verdadero “himno” de ese género, Day-Oh: era la adaptación, realizada con Ryang Burgee, de una canción popular jamaiquina, que se refería a los trabajadores de los muelles jamaiquinos, que realizaban los cargamentos de bananas. Mientras también incursionaba en el cine y la TV (Carmen Jones, de Otto Preminger, en 1954 fue su primera participación), se consagraba en los especiales de la TV estadounidense, y producía otro resonante éxito con Midnight Special, de 1962 el primer álbum donde aparece un tal Bob Dylan en armónica.
La década del 60, a la par de la intensificación de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, lo muestra a Belafonte en primera fila: acompañaba al aún más radicalizado cantante comunista Paul Robenson en sus actos, participaba en la legendaria marcha de Selma, denunciaba la segregación racial en Alabama. Apoyaba a Kennedy para la presidencia, a Martin Luther King sus manifestaciones. Y era el “padrino” artístico de Miriam Makeba en su desembarco y sus giras por Estados Unidos.
También, a partir de su vínculo con Makeba, Belafonte se relacionó con la “descolonización” de Africa. Por ejemplo, Sekou Touré, presidente de Guinea, lo convocó para la creación del primer Ballet Nacional de ese país. Y su compromiso con las causas africanas -especialmente la lucha contra el “apartheid” y el hambreseguiría por siempre. En 1987 fue nombrado Embajador de UNICEF para los chicos de Africa y fue uno de los artífices del inolvidable We are the Wolrd. Y en 2001, llevó adelante una campaña para erradicar el SIDA en Africa..
Su canción más conocida, que le llevó al primer puesto en las listas en 1957, la ya mencionada Day-O (The Banana Boat Song), incluso se utilizó en una célebre escena del filme Beetlejuice, de Tim Burton.
Pero no abandonaba la actuación. Tal vez, sus protagónicos más logrados del último período se dieron en los 90 bajo la dirección de Robert Altman. Primero con Kansas City, una bella descripción del ambiente de violencia, y música de jazz, en esa ciudad. Jennfier Jason Leigh y Steve Buscemi asomaban en la misma obra. Y poco después, Belafonte integraba ese “dream Team” que Altman convocó para Pret-a-porter : Julia Roberts, Sofia Loren, Kim Basinger, Marcello Mastroiani…
Y Belafonte, por supuesto, sería uno de los protagonistas del documental Mama Africa que director finés Tiika Kaurismäki (hermano del más conocido Aki) realizó sobre Miriam Makeba, a principios de esta década.
Fue un durísimo crítico de George W. Bush (llegó a calificarlo como “terrorista”) y también la emprendió contra algunos de los más exitosos artistas como Beyoncé y Jay-Z, a quienes les atribuyó “eludir su responsabilidad social”.
Disfrutó de la llegada de Obama al poder y se colocó al frente de todas las denuncias contra Donald Trump, aún en plena campaña hacia la presidencia: “Hay que detener el odio” fue su llamamiento, uno de los primeros que firmó la colectividad artística de Estados Unidos y en los que también aparecían nombres como Jane Fonda, Danny Glover, Rosana Arquette.
El documental Sing the song, del 2011, dirigido por Susanne Rostock y producido por Gina Belafonte, la hija del actor-cantante, es una verdadera síntesis de su vida y obra. “Su historia parece la historia contemporánea de mi país”, señaló Gina Belafonte. Para la directora “nuestra intención es que, mostrando su vida, pudiéramos inspirar a nuevas generaciones de luchadores, demostrarles que esa misma lucha no es algo que cae en el vacío”.
Clarín/Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón