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AC DC: Brian Johnson y Cliff Williams hablan de Power Up

La máquina australiana le quitó el modo pausa a su carrera y vuelve con todo.

«Acá es todo una locura», dice el bajista Cliff Williams. «En este momento es todo un caos, realmente se está yendo todo al carajo. Es algo salvaje, y si le agregamos la pandemia… este es un momento realmente extraño para Estados Unidos». La charla tuvo lugar poco antes de las elecciones en el país norteamericano, pero lo importante es quiénes hablan, una de las más grandes bandas del rock mundial, AC/DC. Williams y el cantante Brian Johnson son británicos, pero se establecieron en Estados Unidos algunos años atrás. A través de estos 40 años, sin embargo, AC/DC nunca se alineó con ninguna causa política. «No. A la mierda los políticos», dice Johnson de manera vehemente. «Que se jodan, no quiero tener nada que ver con ellos».

Cuando AC/DC entró en pausa en 2016, la banda llevaba 43 años de existencia. Con sus miembros supervivientes habiendo entrado largamente en sus sesentas, pareció como si esa vez fuera a ser realmente el final. Hubo cierto período de ajuste. Atrás quedaron los años de estadios rugientes y amplificadores al rojo vivo, el alcohol, el descontrol y los trajecitos de escolar; en su lugar apareció algo más tranquilo y contemplativo.

Williams tomó un abordaje filosófico. Se mudó a Carolina del Norte y se fijó una rutina bastante más amable. «Mis días están ocupados, ando por ahí y hago cosas», dice. «No requiero mucho de nada. Me gusta ir un poquito a navegar y cosas como eso. Aquí en las montañas tenés un estilo de vida muy tranquilo, y en este punto de mi vida es algo que realmente disfruto.»

En Sarasota, Florida, Johnson encontró el fin de la banda algo más abrupto. «No creo que en ese momento nos hayamos retirado, simplemente nos encontramos en una situación en la que debíamos parar«, dice. «Phil (Rudd, el baterista) estaba en problemas y no le estaba yendo bien. Cliff también tenía problemas de salud. Y bueno, en un momento te sentás y pensás ‘Jesús, ¿esto es el final?’. Es una sensación extraña, porque no es solo una banda, es familia. Estuviste con ellos por casi 40 años, compartiendo risas y desastres y tragedias, y atravesando todo eso juntos.»

La historia de AC/DC puede ser entendida como la telenovela más longeva en la historia del rock’n’roll. Formados en 1973 por los hermanos guitarristas Malcolm y Angus Young, hacia 1977 tenía una formación estable con el cantante Bon Scott, el baterista Rudd y Williams, y se habían establecido a sí mismo como los propulsores de un heavy rock deliciosamente sucio.

Para fines de los 70, parecían haber ganado velocidad con Powerage (1978), seguido al año siguiente por el demoledor Highway to hell. Entonces, cuando Scott murió de envenenamiento agudo por el alcohol en 1980, con solo 33 años, pareció el momento para que la banda decidiera terminar. En lugar de eso el cantante fue reemplazado por Johnson, y el disco que siguió, Back in Black, no solo fue celebrado como un gran tributo a Scott: además vendió más de 50 millones de unidades y se convirtió en el album de rock más exitoso de todos los tiempos.

Desde entonces, la banda ha experimentado las alzas y bajas del éxito, cambiando alineaciones (ha habido 26 miembros de AC/DC, incluyendo un empleo temporal de Axl Rose como vocalista para gira), grabando otros nueve discos de estudio y llevando a cabo colosales giras mundiales. En 2010 el grupo entró en una fase algo menos alentadora: Malcolm Young fue diagnosticado con cáncer de pulmón, y para la primavera de 2014, con un cuadro de demencia, ya no estaba en condiciones de actuar. Fue reemplazado por su sobrino Stevie, pero Malcolm era la fuerza motora de la banda; su enfermedad y salida del grupo fue un golpe muy duro. Ese mismo año, Rudd fue arrestado por intentar contratar a un asesino a sueldo (este cargo fue más tarde desestimado) y fue hallado en posesión de metanfetamina (este cargo se mantuvo). Fue sentenciado a ocho meses de arresto domiciliario. Johnson, en tanto, sufría problemas de audición que lo obligaron a dejar la banda en pleno tour de presentación de Rock or Bust en 2016.

A fines de 2017, en el funeral de Malcolm Young, los miembros de la banda se reunieron por primera vez en mucho tiempo. «Simplemente charlamos», dice Johnson. «Como si nunca nos hubiéramos separados. Quizá era solo la tristeza que nos unía, pero todo pareció muy natural y muy bueno. No se dijo nada de juntarnos o algo de eso, fue algo que hicimos solo por Malcolm.»

De todo modos, había una renovada camaradería entre ellos. Para el año siguiente eso había crecido hasta convertirse en la incipiente idea de grabar un nuevo disco. Para ese momento Johnson había empezado a trabajar en un especialista de oídos, lo que significaba que subirse al escenario volvía a ser una posibilidad; Rudd estaba limpio de drogas y había terminado su arresto domiciliario. «Cuando escuché que Cliff iba a volver, y que Phil estaba de regreso, simplemente levanté la mano y dije ‘¡Cuenten conmigo!’, dice Johnson con energía. «Y básicamente eso fue todo. Fue estúpidamente fácil. Así de fácil, no me llevó ni dos minutos. No me importó cuán viejo soy, pensé que tenía que darle una oportunidad.»

Los músicos consideran al album resultante, Power Up, un tributo a Malcolm Young. «Cuando entramos al estudio, todos sentimos la presencia de Malcolm», dice Johnson. «Ninguno de nosotros es especialmente espritual, por favor no lo tomen en ese sentido. Pero él simplemente estaba ahí. El tenía una personalidad muy, muy fuerte en la vida real… ¡y parece que morirse no afectó en nada ese carácter! El estaba allí y todos lo supimos. Todos teníamos este sentimiento de mucho entusiasmo, de que estpábamos haciendo algo que valía la pena por Malcolm, algo que lo haría sentir orgulloso.»

«Hemos estado juntos por tanto tiempo que la sensación es  que no puede haberse ido», agrega Williams. «Es una cosa extraña. Cuando estamos todos juntos podemos sentir su presencia.» Cuando escucha las  nuevas canciones también siente la presencia de Malcolm. «Simplemente anda por ahí», dice. Johnson lo siente de manera especialmente penetrante en «Mists of Time». «Cada vez que la escucho siento escalofríos», afirma. «Todavía pienso en él. Estaba pensando en él cuando la canté. Son todas esas cosas sobre los días felices cuando recién empezamos en los años ’80, cuando recién me uní a la banda. Recuerdo esos días como muy felices, muy libres. Y Angus hizo un trabajo magnífico con esa letra. Creo que realmente lo sintió de manera profunda también porque él y Malcolm eran inseparables.»

Johnson recuerda la primera  vez que se cruzó con Malcolm, o de hecho con toda la banda, cuando hizo su audición para reemplazar a Scott. Ex frontman de la banda de Newcastle Geordie, tuvo que viajar hasta Londres en tren y llegó a los Vanilla Studios un poco tarde. «Abrí la puerta y entré, ‘Hola amigos, soy Brian de Newcastle, perdón por llegar un poquito tarde’. Y Malcolm solo dijo ‘Ah, ahí estás, llegaste’ y vino y me dio una botella de cerveza negra y dijo ‘Largo viaje, ¿no?'». Johnson se ríe. «Por supuesto, eso ayudó a calmar mis nervios. No es que estuviera tremendamente nervioso pero esta era una gran banda, y yo solo tocaba en pequeños clubes de Newcastle y los alrededores. Los muchachos habían estado ensayando durante un tiempo, tratando de superar la muerte de todo un personaje y un gran amigo y compañero como Bon. Y la primera vez que me los encuentro me regalan una gran sonrisa… no los conocía como individuos, podrían haber sido antipáticos pero no lo fueron, toda la banda me trató bien.»

Esa actitud era típica del hermano mayor de los Young, dice el cantante. «Malcolm era muy generoso con todos. Siempre tenía tiempo y te prestaba atención. Pero cuidado, si perdía los estribos porque alguien había sido realmente idiota… no toleraba muy bien a los tontos.» Williams tiene recuerdos similares de su primer viaje para una audición, desde el Merseyside en 1977. «Mal se mostró muy abierto, con una sonrisa y haciendo chistes, tratando de hacerme sentir confortable. Era un gran tipo».

Cuando Malcolm tuvo que dejar la banda, los demás extrañaron muchísimo su presencia en el escenario. «Angus siempre decía ‘a menudo miro dos veces hacia donde está Malcolm porque siempre se siente como si hubieran dos personas tocando la guitarra'», recuerda Johnson, y su rostro se ilumina y su voz gana velocidad. «Era así de lúcido. Y Cliff puede decir lo mismo, podía terminar todo un set sin haber pifiado ni una vez. Si alguien llegaba tarde a algo a él no se le escapaba. Si el sonido no estaba en su lugar… nunca podías engañarlo o disimularle algo, estaba siempre atento a todo. Simplemente amaba lo que hacía, y te dabas cuenta de eso: la pasión que le ponía, su pequeña pierna arriba y abajo». Johnson parece atravesar la pantalla. «Un montón de guitarristas acostumbraban acercarse y preguntar ‘Malcolm, ¿cómo conseguís ese sonido?’, y Mal solo les contestaba: ‘Pegale duro, man’. Eso es todo lo que decía». Williams se ríe: «¡Para un tipo que medía 1,60, su sonido era de dos metros treinta!»

Grabar Power Up fue fácil. «En primer lugar tenés que tener buenas canciones», dice Johnson. «Y estas canciones son fabulosas». También estaban de regreso en un estudio que conocían y grabaron con Brendan O’Brien, quien produjo los dos discos anteriores de AC/DC. «Brendan trae una vitalidad que es muy difícil de describir», explica Johnson. «Siempre te mantiene ocupado, nunca estás sentado o quieto, y es de esos tipos que te llama por tu nombre completo: ‘¡Cliff Williams! ¡Brian Johnson! ¡Angus Young!’ Usa todo tu nombre: ‘¡Brian Johnson, subí las escaleras, te toca cantar! Ustedes, chicos, ¡Angus Young, Cliff Williams! ¡Phil Rudd, vení acá, ensayá la próxima canción, tenemos que hacerla en las próximas dos horas! ¡Brian Johnson, movete! ¡Es el fucking Sargento Bilko!»

Estas son canciones gigantes, suficientemente grandes en una grabación, pero que merecen ser escuchadas en vivo, a su máxima expresión. Johnson y Williams se lamentan de que aún tenga que pasar cierto tiempo antes que la pandemia permita otra gira de AC/DC. «Somos tipos nerviosos», dice Johnson. «¡No me gusta estar sin hacer nada, me resulta desagradable!». En estos últimos años el vocalista ha extrañado el escenario. «Para mí es una de las más grandes sensaciones en el mundo», dice. «Cuando salís ahí afuera y el público empieza a rugir… la multitud con este magnífico, ensordecedor rugido: ahí de pronto te das cuenta que más vale que estés preparado para afrontar el trabajo, pibe.»

Su público es más viejo hoy, aunque en los shows ven fans acérrimos con sus hijos sobre los hombros, y sienten esperanza para una nueva generación de fanáticos del rock. «Creo que en estos últimos años el rock’n’roll desapareció un poco del mainstream», admite Johnson. «La gente puede decir ‘Oh, esa cosa ruidosa, esa cosa vieja’. Pero todo se mueve en ciclos, y creo que es una cuestión de tiempo. Con este album espero que los pibes lo escuchen y digan ‘¡Quiero comprarme una guitarra, quiero tocar eso!’. Porque se merece estar ahí arriba. No es una broma, es una forma de música muy seria y con historia. Una forma de música muy seria, para conseguir la mejor diversión con ella.»

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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