
Llevar un diario requiere de paciencia. Lo sabe la escritora chilena Marcela Serrano, que durante tres años consecutivos, decidió darse a la tarea de anotar algún detalle de diario de su vida. No eran necesarios grandes registros. El contexto se ocuparía de dotar esos apuntes de singularidad ya que cuando la autora comenzó era el año 2020, el año de la pandemia.
Así, entre 2020 y 2022, la autora de Nosotras que nos queremos tanto y El manto dejó de lado la ficción para observar con lupa su propia vida y lo que ocurría en su entorno inmediato. Asignándole a cada uno de esos años y cuadernos un foco -delicias cotidianas para el primer año, asombros para el segundo y nada menos que la presencia del sol para el tercero-, Serrano publica ahora una obra distinta, en la que la escritura circula por géneros e ideas que rara vez coinciden en el espacio y el tiempo.
El ir y volver de los pájaros, las relaciones entre sus perros y los distintos animales del campo en que vive, los colores de las estaciones, las conversaciones con sus hermanas en pleno encierro, las penas y risas de la vida a los 70 años, los cambios sociales de un país y un mundo enardecidos, los horrores que traen los noticieros, la dedicación amorosa a un primer nieto, las lecturas de clásicos como Ovidio y de contemporáneas como Toni Morrison que la deslumbran y estimulan. Todo cabe en un diario y ahora en el libro A vuelo de pájaro (Alfaguara).
De ese ejercicio cotidiano y de este título habló la escritora con Clarín Cultura. Y también de lo que está leyendo y de cómo ve al mundo.
-¿Cómo nació la idea del libro?
-Como un ejercicio. Había recién publicado El Manto y no quería embarcarme en una escritura de largo aliento. Entonces, opté por algo pequeño, una o dos frases al día, eligiendo un concepto global que contuviera aquellas frases y así entregar una mirada diaria ligada a ese concepto. Por ejemplo, el primer cuaderno se llama Las Delicias y la reflexión diaria se relaciona a ella: cada día durante un año busqué una delicia al día (sobra decir que están por todos lados si una se empeña en buscarlas). Eso me obligó a mantenerme escribiendo cada día, como una disciplina, sin pensar en la ficción. Cuando terminé el primer cuaderno, es decir el primer año, decidí seguir porque me sentí a gusto haciéndolo. Así completé tres años. No pensé en publicarlo, fue mi editor el que me convenció más tarde de hacerlo.
-¿Cuál era la mecánica de ese registro cotidiano?
-Todas las noches tomaba el cuaderno y el lápiz -lo escribí enteramente a mano- y pensaba en lo que ese día me había llamado la atención. Si dejaba de hacerlo, me sentía como un religioso que no ha dicho sus oraciones. Empecé a acumular cuadernos. Me fascinaba empezar uno nuevo, con las hojas tan blancas e invitadoras, tan suaves para el tacto. Más tarde los pasé al computador y aproveché para corregir.
-Los nietos, las amistades, las hermanas, la vida de campo con tus perros… ¿cómo te sentiste abordando esos temas?
-Escribir sobre eso fue como respirar. Tomar en tus manos lo más cercano y mirarlo desde otro punto de vista. Debo confesar que en mi mente estoy siempre escribiendo -aunque aquello no termine en nadapor lo tanto, en tiempos de encierro como la pandemia, los escribía a ellos.
-Ese registro privado es ahora un libro para el público. ¿Cómo construiste esa transición?
-A vuelo de pájaro no es un diario de vida, nunca pretendió serlo. Yo no escribo diarios, no me parecen veraces ni mayormente interesantes. Lo que hice aquí fue un ejercicio literario marcado por el tiempo -el día- eligiendo cada día una mirada determinada. Son observaciones, reflexiones, no un recuento de mis actividades ni sentires.
-¿Cómo ves a tu país y al mundo?
-Estoy aterrada con el mundo, con el cambio climático, con las armas nucleares, con las guerras, con la inmigración. Y más que nada con la falta de cuidado por la democracia. Los populismos actuales nos hacen un daño enorme, tanto de izquierda como de derecha. Me indigna Nicolás Maduro en Venezuela tanto como Donald Trump en Estados Unidos. Y la miseria siempre presente. Chile se salva, aunque sea por las intenciones. Tenemos un gobierno honesto y progresista que trata de darnos una mejor vida, pero la derecha se preocupa de frenarlo de modo sistemático. También me da miedo la forma en que hemos llegado a vivir, la inmediatez, el privilegio por lo útil, la prisa, la soledad y el profundo individualismo.
-¿Qué estás leyendo ahora y en qué escritores mujeres te sientes representada?
-Anoche terminé de leer Retrato de casada, de la irlandesa Maggie O’Farrell. A mi juicio, no es su mejor novela. Hamnet, por ejemplo, es mucho mejor, pero admiro su pasión por la ficción. Leo bastante a las anglosajonas, como Rachel Cusk, Vivian Gornick, Elizabeth Strout, Rebeca Solnit. También a la italiana Natalia Ginzburg, vuelvo siempre a ella. Y si me remonto en el tiempo, fueron las inglesas quienes me impulsaron en el camino literario, desde Jane Austen -la más grande de todas- a las hermanas Bronte, George Elliot, Virginia Woolf, Doris Lessing. También leo mucha poesía. Y entre mis favoritas se cuenta vuestra compatriota Alejandra Pizarnik, a quién adoro.
Inés Hayes/Especial para Clarín
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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