
Al concluir su actuación, cuando nadie suponía que le quedaba resto, Soledad Pastorutti atendió a la prensa con esa sonrisa inmutable que la distingue y un brío sorprendente. “El 30 no es un número casual”, explicó quién el próximo 14 de marzo llevará por primera vez el folklore al festival Lollapalooza Argentina. “Me pone en un lugar interesante, y no lo digo por el público ni por ustedes, sino por mí. A mí me costó mucho creer en mí. Al principio, creía en la suerte. Pasaron muchos y seguía creyendo que hay mucho por hacer. Pero el personaje que la gente eligió aquel 96, pudo demostrar que es un artista. Y ésa era un poco mi mochila está noche. Conforme pasa el tiempo, seguir poniéndole ganas y seguir creyendo que el público está ahí se vuelve más difícil. Entonces me sigo sorprendiendo”.
En la madrugada del domingo último, la santafesina fue la gran figura de la “octava luna” (penúltima jornada) del Festival Nacional de Folklore de Cosquín 2026, donde celebró los 30 años de su debut en el evento que se convirtió en parteaguas de su carrera como artista. En el Atahualpa Yupanqui, escenario mayor de la plaza Próspero Molina, y ante 10 mil personas, la cantante y compositora repasó sus principales éxitos, acompañada por artistas invitados y una puesta en escena diseñada para la ocasión. El festejo superó con creces sus duplas con Horacio Guarany en el mismo tablado, e igualó su juntada con Mercedes Sosa, en 2008, en el máximo encuentro de la música popular en el país. Al punto de que aún sigue siendo una de las postales más emotivas de sus 66 ediciones.
Pastorutti desembarcó ahí por primera vez a los 15 años, y en complicidad de su hermana Natalia, dos años menor que ella. Esto sucedió luego de cantar en una confitería de la localidad cordobesa, en 1994, lo que derivó un año más tarde en su participación en la peña oficial de Cosquín. Ahí se volvió una especie de “mascota del folklore”, por lo que el legendario músico César Isella le consiguió un espacio en el escenario principal, a la medianoche del 26 de enero de 1996. En la antesala, le avisaron que sólo podía hacer una canción, y le pidieron que no revoleara el poncho: una de las marcas de su performance. Pero en su segundo tema, “A don Ata”, ya lo estaba haciendo, allanando el camino para la obtención del “Premio revelación” de esa versión del festival, y el “Cosquín de Oro”.
“El tiempo ha pasado, pero la esencia permanece intacta. Aquella chiquilina que con su hermana se adueñó de nuestros corazones, hoy vuelve convertida en mujer, en mito, en la voz que acuna los sueños de todo un pueblo. Con el alma llena de orgullo, y los ojos llenos de emoción, todos de pie para recibir al ‘Huracán de Arequito’”, se escuchó a través del sistema de sonido de la Próspero Molina. En tanto la estrella de la fecha era introducida ante la masa, una inmensa bola con forma de luna, que colgaba desde una grúa ubicada a las afueras del predio, comenzó a descender hasta el escenario. A pocos metros del piso, la cantante y compositora salió desde abajo redondel, sujetada a unos arneses, interpretando “Sigo siendo yo”, canción de carácter autorreferencial, publicada en 2020.
En ese instante, comenzó a arreciar aún más fuerte la lluvia que se había desencadenado hacía un instante. Entonces la muchedumbre, a sabiendas de que todo puede pasar en las sierras durante el periodo estival, peló el piloto (el posta y el improvisado con bolsas plásticas), mientras la Sole lucía su outfit blanco de dos piezas. Tras hacer “Parte de mí”, desenvainó un popurrí chamamecero que arrancó con “La olvidada”, continuando con “Somos nosotros” y recurriendo a “La simple” para el remate. Cuando llegó el primer “Olé, olé” de las casi tres horas de recital, la artista despachó: “Están ustedes más locos que yo” (por bancarse el chaparrón). Para luego avisar que la cosa iba para largo, y que repasaría los temas más representativos de su carrera.
A continuación, la música de 45 años mostró su veta más pop, lo que dejó de manifiesto mediante “Quién dijo”; escoltado por “Tu cárcel” y su revisión de “Yo no te pido la luna”, clásico de la música italiana que tiene a Zucchero entre sus autores. Se subió al tropipop con “La Valeria”, y pegó el volantazo hacia la cumbia con “Lágrimas y flores” y “Cómo te voy a olvidar”. Ahondó en la balada en “A dónde vayas” y apeló por el eclecticismo en “Hispano”. Esto dio pie para el segmento destinado a los invitados, amén de abreboca de lo que será su próximo álbum, Casa Sole. Al primero que llamó al tablado fue al cantante boricua Pedro Capó, el comensal internacional de la conmemoración, para revisitar el clásico del bolero “Piel canela”, compuesto por su abuelo, el inmortal Bobby Capó.
Después de que Teresa Parodi prestara su voz para el chamamé “El cielo del albañil” y Nahuel Pennisi cantara “Como un cisne”, la rapera Cazzu (estuvo a cargo del cierre de la “Segunda luna”) desató la ovación, apenas fue invitada a escena a hacer “Cómo será”. No obstante, La Dupla Valdez puso a bailar al corazón del folklore argentino. Junto a la orquesta de cumbia, la cantante y compositora desenfundó dos temazos: “Nada tengo de ti” y “Que nadie sepa mi sufrir”. Los que pegaron el faltazo fueron el Chango Spasiuk, porque tocaba la misma noche, y Luis Landriscina, por su delicado estado de salud. Si en la segunda parte mostró su costado más híbrido, llevando a la música de raíz hacia una instancia más personal, en el tercer y último bloque del show abordó el folkore en su más pura expresión.
Acompañada por un grupo de músicos tan efectivo como versátil, la cantante y compositora abrió el desenlace de su actuación con uno de sus éxitos seminales, “Canten para papá”. Secundada por el tridente de chacareras “De las piedras”, “La vieja” y “Para mi vuelta”. Le custodió la terna de zambas “Sapo cancionero”, “De amor en vuelo” y “De mi madre”. Aunque previo a ello clamó por su hermana, Natalia, para que se sumara. Juntas hicieron “Alma, corazón y vida”; “Rosario de Santa Fe” y “De fiesta en fiesta”. En ese caleidoscopio de sonidos, clavó su tradicional popurrí inspirado en la Puna. Arrancó con “Vienes y te vas” e invocó para la conclusión su reversión de la cumbia peruana “Cariñito”. Y en el medio mechó “Llorando se fue” (la base del hit “Lambada”) y el carnavalito “El humahuaqueño”.
Los festejos por los 30 años del debut de la Sole en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín no comenzaron cuando la homenajeada irrumpió en el escenario (la transmisión se pudo ver por su canal de YouTube y el de Cadena 3), sino al caer la tarde. En la Plaza San Martín de Cosquín, cerca de las ollas con locro y los cabritos a la llama, y sorteando a los seguidores de Milo J (figura estelar de la “Novena luna”, pautada para este domingo) se llevó adelante “La peña de la Sole”. De ahí destacó el “ponchazo más grande del mundo”. A lo largo de cinco cuadras, fans de la música y gente del palo puso a revolear sus ponchos, antes de que el aguacero pidiera cancha para el protagonismo, originando un espectáculo aparte.
Una vez que la Próspero Molina abrió sus puertas, calentaron el tablado de la “Octava luna” el Ballet de la Escuela Municipal de Folklore y Los 4 de Córdoba y por Siempre Tucu; al igual que Suna Rocha, Juan Iñaki, Pablo Lozano, Yamila Aguado (artista revelación de Cosquín en 2025) y Adrián Maggi. La artista descendió a escena a la 1:30, y alrededor de las 4 de la madrugada tomó rumbo hacia la recta final del show. Con la voz ya ronca, rozando la disfonía, y el porte intacto, pese a ponerle el cuerpo hasta el límite de lo humanamente posible, la Sole se quebró. Era lógico, luego de hacer su propio “Concierto subacuático” (tomando prestado el título del disco en vivo que Charly García registró bajo un diluvio, en cancha de Vélez, en 2009).
“Tenía miedo de que no se la bancaran. No podemos creer lo que nos dieron”, dijo. “Cuando empezó a llover, se me desmoronó el alma. Ahora entendí: hay que seguir siempre al corazón”. Luego agradeció a la Comisión del Festival por permitirle cambiar las reglas, al hacer un show tan largo, y al final tuvo palabras para con su mánager, por confiar en ella tanto como lo hizo su papá. Y volvió a cantar, esta vez para despedirse. A “Lejos de ti”, “Bahiano” y “Tren del cielo”, le pisó los talones “Entré a mí pago”. Dejó para el corolario “A Don Ata” y “Salteñita de los Valles”, con las que hace 30 años hizo historia en la música popular nacional. Al terminar “Brindis”, afuera la esperaba un autobomba, emulando la forma en que la recibieron aquella vez en Arequito.
Yumber Vera Rojas/Página 12-Espectáculos desde Cosquín
MG Radio 24 Villa Pueyrredón