
No todos vinieron en los barcos. Antes de la ola inmigratoria masiva que tuvo lugar a principios del siglo XX ya había una Argentina, la Argentina de los pueblos originarios. En estas tierras vivían cientos de miles de hombres y mujeres: quechuas, mapuches, guaraníes, qom, diaguitas, selk’nam, tehuelches, wichis, chiriguanos y pampas que habitaban montañas, bosques, llanuras, costas y desiertos. Cada uno de estos pueblos tenía cosmovisiones diferentes, pero los unía la pulsión por contar historias alrededor del fuego, una tradición ancestral que pasaba de boca en boca y de generación en generación, sostenida por los ancianos de cada tribu.
Estas leyendas son las que el historiador Felipe Pigna recopila en La Pachamama y otras leyendas de nuestros pueblos originarios, volumen recientemente editado por Planeta e ilustrado por Costhanzo.
Estas piezas hablan del cielo, la luna, el fuego, los animales, las plantas y los humanos; explican los fenómenos de la naturaleza y los acontecimientos de la realidad. Hay en ellos un contenido filosófico y poético muy agudo que muchas veces se ha menospreciado: los saberes populares. ¿Quién es esa señora llamada Pachamama? Los quechuas (en esa lengua significa “Madre Tierra”) la describían como una mujer con una cabeza enorme, cubierta por un sombrero de alas anchas y grandes pies calzados con ojotas. “Lleva unas pesadas bolsas llenas de oro y plata, y una víbora que usa como lazo. Siempre anda acompañada por un perro muy bravo que la sigue a todos lados y la custodia”.
Página 12/Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón