
En el marco de las celebraciones por el 140° Aniversario de la Inmigración Japonesa a la Argentina, el Teatro Colón será escenario de un encuentro cultural de gran relieve. Este viernes a las 17, la violinista japonesa Akiko Suwanai será protagonista del Concierto Conmemorativo de la Amistad, una forma concreta de integración entre ambos países a través de la música, uniendo dos culturas distantes en la geografía pero cercanos en la sensibilidad. Suwanai, artista de notable carrera internacional, compartirá el escenario con el pianista Ryo Yanagitani. Juntos abordarán un programa dinámico, que dialogará entre el rigor alemán, el lirismo francés y el virtuosismo español, a través de obras de Beethoven, Franck y Sarasate.
Suwanai, reconocida globalmente tras hacer historia como la ganadora más joven del prestigioso Concurso Internacional Tchaikovsky de Moscú –en 1990–, es una de las intérpretes más impactantes de su generación, dueña de un sonido personal y un aplomo interpretativo apreciado por público y colegas, entre ellos nuestra Martha Argerich con quien compartió escenario en numerosas ocasiones. Por su parte, Yanagitani, doctorado en la Yale School of Music, es pianista refinado, atento y de una enorme solidez camarística. “La música es un lenguaje universal que trasciende las fronteras físicas y las líneas temporales de la historia”, dice Suwanai a Página/12 a propósito del concierto que ofrecerá junto a Yanagitani. “Aunque Japón y Argentina están geográficamente en lados opuestos del planeta, la música clásica nos proporciona un vocabulario emocional compartido que nos permite comunicarnos sin necesidad de palabras. Para mí, este 140° aniversario no es solo la conmemoración de un hecho del pasado, sino la celebración de una conexión viva”, asegura la artista japonesa.
“Es un verdadero honor que esta celebración tenga lugar en un escenario legendario como el del Teatro Colón”, continua Suwanai. “He tenido oportunidad de tocar ya dos veces en el Colón, junto a la orquesta, y tengo un profundo respeto por su mística y su increíble acústica. Sin embargo, ofrecer un recital de cámara es una experiencia diferente, mucho más íntima. Me entusiasma muchísimo volver a pisar este escenario para compartir este momento tan especial con el público”, agrega la violinista
—Usted mantiene una larga y estrecha colaboración artística con Martha Argerich. ¿Cómo la recuerda desde Buenos Aires?
—He sido increíblemente afortunada de compartir el escenario con ella en varias ocasiones y de pasar muchos días en su compañía durante los festivales de música. Martha es verdaderamente extraordinaria porque a pesar de ser una de las artistas más veneradas del mundo, no tiene absolutamente nada de arrogancia. Se mantiene perpetuamente pura, enfrentando la música con una sinceridad profunda que me inspira muchísimo. Siento el mayor de los respetos por ella, tanto como artista como en el plano humano. Aunque no hemos hablado específicamente de su patria, creo que sus raíces se reflejan con mucha fuerza en su forma de ser.
—El programa que presentará en Buenos Aires incluye obras maestras de Beethoven, Franck y Sarasate. ¿En base a qué relaciones pensaron este repertorio?
—Con Ryo Yanagitani buscamos una selección que resultara atractiva tanto para los entusiastas de la música clásica como para quienes se acercan por primera vez. Queríamos ofrecer un viaje diverso, combinando la estructura alemana, el lirismo francés y la energía española para mostrar los diferentes colores y matices que puede ofrecer el violín. La música de cámara se construye sobre la confianza, y Ryo es un compañero que escucha con la misma profundidad con la que toca. Me siento completamente libre en el escenario cuando tocamos juntos.
–Usted hizo historia como la ganadora más joven del Concurso Internacional Tchaikovsky. ¿Cómo ha evolucionado desde entonces su relación con el violín y qué consejo les daría a los jóvenes que hoy buscan hacer una carrera en la música clásica?
–Desde aquel Concurso Tchaikovsky, mi relación con el violín evolucionó de “dominar el instrumento” a “encontrar mi propia voz”, que es ni más ni menos el viaje de toda una vida. El violín ya no es solo una herramienta de trabajo; es una parte de mí. A los músicos jóvenes les diría: la técnica es importante, pero nunca pierdan la curiosidad. Escuchen, lean y sientan el mundo que los rodea, no se queden solo con las notas que están en la partitura. El verdadero arte proviene de quién eres como persona. Alimenten el alma con el mismo entusiasmo con el que practican la técnica del instrumento.
Santiago Giordano/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón