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Bob Dylan cumple 85 años tan vigente como siempre

Bob Dylan cumple 85 años tan vigente como siempre

Picasso deformó Las meninas poco antes de cumplir los 80. Kurosawa filmó Ran tras décadas de darle forma al cine moderno. Miles Davis electrificó el jazz en los 70, incluso después de varias revoluciones estilísticas: Kind of Blue, las orquestaciones con Gil Evans y el segundo gran quinteto. Johnny Cash grabó los American Recordings con una voz cascada y sonó más verdadero que nunca. Y Bowie convirtió Blackstar en despedida y mutación.

Bob Dylan hizo -o, mejor dicho, hace- algo parecido: sus últimos treinta años terminaron siendo otra obra maestra. Dylan, que ayer cumplió 85 años y hace al menos seis décadas dejó de ser el joven de Blowin’ in the Wind, cambió para siempre la relación entre rock y literatura. Sus canciones en su momento fueron interpretadas por medio planeta: desde el folk de Peter, Paul and Mary, Nina Simone, hasta el jazz de vanguardia de Keith Jarrett, que grabó el clásico My Back Pages en Somewhere Before, disco de sus comienzos.

Esa manera de volver invisible la frontera entre canción popular, poesía y tradición oral lo llevó al Nobel de Literatura en 2016. Desde Time Out of Mind hasta Rough and Rowdy Ways, Bob Dylan armó un cancionero nocturno, cinematográfico en su proeza narrativa y cada vez más libre: blues fantasmales, standards, swing, country-folk electrizado y canciones largas o a veces larguísimas sobre Estados Unidos.

La “gran novela americana” bien podría ser este período. También “los discos de Sinatra” -dos álbumes y el triple Triplicate- junto a una voz cada vez más rota y áspera. Y sobre todo, expresiva.

Greil Marcus habló hace años de una “segunda vida artística” para explicar esa etapa que empieza con Time Out of Mind. Un disco que apareció después de años erráticos y sonó como si Dylan hubiese encontrado otra (nueva) respiración. Parecido a lo que pasó con el Miles Davis eléctrico de Bitches Brew: artistas que dejaron de pelearse con el tiempo y empezaron a tocar dentro del tiempo.

Y mientras buena parte del público sigue esperando Like a Rolling Stone, Dylan hace décadas se mueve hacia adelante. Shadow Kingdom (2021), el especial audiovisual, reescribe su repertorio clásico con arreglos lentos, casi fuera del tiempo. Con Fito Páez ocurrió algo similar: ya no es cómo tocar los clásicos, sino qué hace un artista vivo con canciones que la gente cree saberse de memoria.

A la sombra de los discos de los 60 y 70 -y también de los documentales (monumentales) de Martin Scorsese, No Direction Home y Rolling Thunder Revue- yace, menos conocida pero accesible, otra obra igual de grande. Como si el músico que nació como Robert Allen Zimmerman gritara: “Vida número 2”.

Y el Dylan modelo 90 empezó a escribir canciones llenas de tipos cansados, pero revigorizados por el amor, casi obsesionados. Aún lejos del game over. Edward Said llamó “estilo tardío” a ese momento en que algunos artistas empiezan a tensar el lenguaje. En castellano: viejos son los trapos.

En el poema Sin llaves y a oscuras, de Fabián Casas, un tipo sale al pasillo a tirar la basura y una correntada le cierra la puerta. Solo, del lado de afuera, casi sin ropa, ni llaves ni luz, pero escuchando las voces de los vecinos, entiende que quizás la muerte sea eso: quedarnos solos en un pasillo oscuro.

Desde Time Out of Mind, los personajes avanzan en ese sentido. Como en Not Dark Yet: “It’s not dark yet, but it’s getting there”. (“Todavía no es de noche, pero ya casi”).

Un Dylan que siente el peso de los años pero sigue caminando en la oscuridad. Aunque lo que menos lleva en la mano es basura, sino canciones extraordinarias.

Oxidado y a la vez rejuvenecido, Dylan es niño y adulto como en Standing in the Doorway: “Ayer todo iba demasiado rápido, hoy va demasiado lento. No tengo a dónde ir, no tengo nada que quemar. Me dejaste plantado en la puerta llorando. Ya no tengo nada a lo que volver”. El narrador de las canciones parece correr incansablemente sin llegar a ningún lado, y al llegar, la aventura recién comienza.

Nicolás Pichersky/Clarín-Espectáculos

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