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Chappell Roan, Soledad y Ángela Torres, lo mejor del sábado en San Isidro

Chappell Roan, Soledad y Ángela Torres, lo mejor del sábado en San Isidro

Casi finalizando el show de Panam en el Kidzapalooza, en el ocaso del sábado, la bruja que forma parte del espectáculo picanteó a la “Generación de cristal” por estar ahí en vez de ver a los otros artistas que actuaban en ese momento en los tablados vecinos. En el espacio del Lolla concebido para los niños, ganó la mayoría adolescente, que pogueó y cantó los temas de la creadora de contenidos infantiles de tal manera que por momentos ya no sabía cuál lenguaje usar. Algo similar a lo que le pasó a Piñón Fijo el día anterior. Esa transición generacional es hoy la columna vertebral del festival: no sólo en cuanto a público, sino también a nivel artístico. Aunque el plato fuerte de la jornada fue una zillenial, Chappell Roan, quien igualmente apeló por la fantasía en su recital, donde salió vestida como princesa medieval.

Pese a que el fandom de la de Misuri dijo presente en el Hipódromo de San Isidro con sombreros de vaqueros y pelucas rosas, e incluso algunas chicas se tomaron el trabajo de draguearse (fiel a la estética de su ídola), la novel ícono de la cultura “camp” (puente entre lo queer y lo kitsch) apareció sin maquillaje ni cowgirl hat. De hecho, a medida que avanzó su performance, en el Flow Stage, fue tomando forma de bruja. No como la de Panam, sino más bien al estilo pécora de Stevie Nicks, performáticamente y vocalmente. Tal cual lo demostró en el arranque, pero más tarde sonó a Bonnie Tyler. Y si esos símiles en algún momento parecían pura sugestión, su cover de “Barracuda”, temazo de Heart, el grupo de las hermanas Wilson, confirmó su debilidad por el hard rock. Lo que significó toda una sorpresa.

A la ganadora del Grammy a “Mejor nuevo artista” en 2025 se le conoce más por su afinidad con el electropop, de lo que da fe su único álbum, Rise and Fall of a Midwest Princess (2024). Sin embargo, en su estreno porteño, si bien no se desprendió de esa impronta, le dio una vuelta de tuerca más sarpada. Apoyada por tres músicas que cualquiera quisiera tener en su banda. Cada vez que las dejaba descargando toda esa energía, la headliner de la fecha daba vueltas por el castillo de la puesta en escena, que en las sombras evocaba la imaginería del heavy metal en los años 70. Y mientras de tanto en tanto se despojaba de su ropa, interpretaba “¿Por qué ningún hombre me puede calentar”, en “Femininomenon”, o “Estoy teniendo sueños perversos”, como versa su hit “Pink Pony Club”, con el que cerró su show.

Antes de que la artista estadounidense se convirtiera en la gran figura del evento, Marina, en el mismo escenario, se le adelantó conceptualmente al ofrecer una propuesta visual basada en las quimeras. Poniendo el foco en los videojuegos de los años 90, al punto de que se despidió en las pantallas con la tradicional frase “Game Over”. Ver a la galesa de 40 años en movimiento, y sobre todo escucharla cantar, evocaba a Judy Garland en alguno de sus musicales. Aunque en clave de electropop, uno muy sofisticado, por cierto. Este regreso a Buenos Aires, además con nuevo disco, Princess of Power (mejor título imposible para describir lo que llevó adelante en su hora de actuación), coincidió con los 10 años de su primer desembarco local, época en la que lideraba a The Diamonds.

En tanto esto sucedía, en el Alternative Stage se presentaba el otro gran vozarrón de la fecha: Soledad. Convirtiéndose así en la primera figura del folklore argentino en ser parte de la grilla del festival. Y vaya que se tomó en serio el hito, coronando una actuación igual de memorable que la celebración de los 30 años de su primer Cosquín. “Es muy difícil para los artistas de raíz acceder a espacios como éstos”, afirmó. Es por eso que preparó un cancionero adaptado para la ocasión, en la que mechó clásicos de la tierra con revisitas al pop. Porque en el fondo ella sabe desdoblarse. Que lo diga Miranda!, compañeros en el reality La Voz, con los que hizo un popurrí sobre la base de “Odiame”, “Propiedad privada” y “Que nadie sepa mi sufrir”, mientras el público revoleaba ponchos, remeras o lo que tuviera a mano.

No importa si la organización decide ponerlo a abrir un escenario, pero un artista nunca debe desaprovechar oportunidades como las que brinda Lollapalooza. Y más sin son argentinos. Eso lo entendieron perfecto Marttein y Ángela Torres. El primero encendió el Alternative Stage, encuerado, con peinado punk y siempre en ese filo electroclashero. Si bien su audiencia no superaba el centenar de personas, este revolucionario del under se plantó de la misma manera que si hubiese 10 mil. Pura actitud. Eso mismo puso en práctica la nieta de Lolita, en el Samsung Stage, donde evidenció su versatilidad estilística. Siempre en torno a la música popular. Tributando a Virus, con “Luna de miel en la mano”, y a Mercedes Sosa, con “Como la cigarra”. No sin antes recordar que pronto se conmemorará el 24 de marzo.

En ese mismo lugar, ahora despojado del VIP que levantó la polémica el viernes (también lo sacaron del Flow Stage), Paulo Londra encaró su vuelta al evento, tras siete años. Él mismo lo recordó, en medio de un show en el que demostró su aporte para la música urbana mundial. Teniendo en María Becerra a su invitada, con la que hizo primero el R&B “Ramen para dos”, y más tarde la sandunguera “Cuando te besé”. Preludio de un final de la mano de la lenta “Nena maldición” y la reggaetonera “Adán y Eva”. “El León” cordobés le dejó la vara muy arriba a Lewis Capaldi, el otro headliner del día dos, quien a continuación se subió a ese escenario. No obstante, el cantautor inglés hizo de tripas corazón”, y poco luego del inicio, con “Forever”, saboreó la ovación. Transformando a su actuación en una oda a la resiliencia.

Ya entrada la noche, ahora en el Flow Stage, Addison Rae inspiró la duda de si es una pupila de Britney Spear o si pretende ser un clon de la gran bestia pop. Para muestra estuvo su segundo tema, “I Got It Bad”, que tomó prestado un trozo de “Baby, One More Time”. Y a mitad de repertorio acudió a Charli XCX al versionar “Von Dutch”. Por más que la muchedumbre cayó rendida, carece de personalidad artística. Es de esas dudas que deja Tik Tok, de donde saltó a grabar su homónimo álbum debut, Addison (2025). De todas formas, no es la única a la que le gusta honrar a la libido en escena. La local Six Sex no paró de hacerlo en el Perry’s Stage, pero con su electrónica hardocre. Afín a la Brutalismus 3000, dupla berlinesa que le dejó la fiesta servida al Todopoderoso DJ Skrillex.

Yumber Vera Rojas/Página 12-Espectáculos

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