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Ahí Adentro no Existe el Mundo, todos los viernes en el Espacio Callejón

Ahí Adentro no Existe el Mundo, todos los viernes en el Espacio Callejón

En el patio trasero de una pizzería de barrio que acaba de cerrar su jornada, Patricia le pregunta a Charly: “¿Viniste a pasar el rato o a esconderte?”, mientras Omar va a buscar una pizza para comer. ¿Es posible esconderse de unx mismx? El mundo allá afuera es hostil, problemático, caótico, y la posibilidad de estar en un espacio pequeño, ordenado y manejable es tentador para todxs, un mundo propio diseñado para comodidad de sus creadorxs. Pero los monstruos afloran cuando todo parece tranquilo y el caos externo reaparece a través del pasado que invade el presente para recordar que siempre somos con nuestras circunstancias. En Ahí adentro no existe el mundo, ese patio se convierte, así, en un mundo dentro del mundo: ese pequeño espacio reconstruye -exacerbando las emociones que se arrastran- los vínculos que se dan en el otro, el grande, como una mamushka de universos que se atraen y, poco a poco, se entremezclan y confunden.

Charly es el copropietario de la pizzería junto con su ex esposa Patricia, y hace unos meses contrataron a Omar, amigo de Charly en su adolescencia pero que desde allí habían dejado de encontrarse. Omar y Patricia cerraron el negocio, y se preparaban para, como siempre, ordenar, limpiar e irse a sus casas. Charly, que solía pasar a buscar la recaudación e irse, esta noche necesita de compañía, convencerse de algunas cosas y aclarar otras. No es el único, y entre cerveza y moscato empiezan a aflorar cuestiones del pasado, del presente y del futuro. Con consejos, reproches, risas y llantos construyen su(s) propio(s) mundo(s) por esa noche, con las ruinas de los palacios de sus pasados. “A veces es mejor quedarse calladito y no decir nada”, recomienda Patricia, pero lxs tres siempre dicen algo, y se intuyen el resto. La palabra es alivio pero la información es poder, y entre el desahogo de la confesión y el control de lo que lxs demás saben de unx buscan un equilibrio siempre inestable, muchas veces quebrado y remendado.

En este universo íntimo y cotidiano, la amistad, el amor, el deseo, las ambiciones, los sueños y las frustraciones emergen entrelazadas en una noche que pintaba para ser una más. Los personajes transitan una emocionalidad particular en la que se mezclan sus relaciones personales y las laborales, por lo que cada unx con sus problemas llenan ese patio luego de representar su papel de trabajadorxs atentxs y cordiales y arrancarse esa piel que lxs asfixia. “Yo también tengo problemas. Aunque a vos pueden no parecerte problemas…”, le recrimina Omar a Charly. ¿Se puede ponerse en el lugar del otrx pero también pensar con su cabeza? El juego de tres actorxs es central para la dinámica de la obra, porque permite un juego de tensiones en las cuales varía el vértice dominante: las alianzas (momentáneas, fluidas, cambiantes) reconstruyen los lazos que los unen con cada tema que surge en el diálogo, o configuran una intimidad confesional en la que sus pesares.

La noche suele ser acogedora para exponer las heridas. La iluminación recrea ese ambiente y abraza los diálogos, que van soltando, pliegue a pliegue, las preocupaciones de los personajes, y así le muestran (al público pero también a ellxs mismxs) qué llevan adentro. ¿Cómo se construyen las relaciones cuando hay otras cosas en juego, más antiguas o recientes? La puesta en escena tiene espacios entre cajones de cervezas, un banco hecho con tachos de pintura y una tabla, una repostera desvencijada que permiten la interacción entre lxs tres, y espacios en los que algunx puede desaparecer, y habilitar el diálogo más íntimo, personal, de a dos, y una pileta en la que cada tanto intentan lavar un pasado que insiste en presionar. El texto fluido (con un uso preciso de los silencios y que dice mucho, pero también insinúa) y la dirección dinámica de Alejandro Schiappacasse (que habilita la construcción de las distintas escenas de la obra) permite a Francisco Prim (Charly), Ayelén Dotti (Patricia) y Nicolás Vivante (Omar) desplegar cada historia entrelazándola con las otras, sin la necesidad de explicitar los hilos.

“No dudes más. ¡Somos amigos! No lo preguntés de vuelta”, le grita Charly a Omar, tantos años sin saber del otro y reencontrados hace poco como jefe y empleado, que le responde: “Para ser amigos hay que hacer cosas de amigos. Y yo no tengo plata para ser tu amigo”. ¿Somos lo que queremos ser? ¿Lo que podemos? ¿O somos lo que otrxs quieren que seamos para agradarles? En este triángulo actoral, una parte cumplirá la tarea de develar a lxs otrxs su verdadero deseo, y la responsabilidad que conlleva. Una especie de oráculo laburante, tanto por su profesión para vivir como por su tarea de develamiento.

En tiempos de vínculos lábiles y con frecuencia mediados por dispositivos, la construcción de relaciones está determinada por los recorridos que cada uno desarrolló en su vida. Se necesitan sin saberlo, tienen que tomar decisiones y a veces la soledad para hacerlo contribuye al autoengaño. A pesar de las distancias y sus diferencias, sus conexiones fluyen. Ese patio esa noche será el vórtice de historias que seguirán su camino con algunas cosas más claras. Y la certidumbre de la presencia de otrx/s -voluntaria o involuntariamente- para acompañar el proceso.

Autoría y dirección: Alejandro Schiappacasse

Intérpretes: Ayelén Dotti, Francisco Prim, Nicolás Vivante

Vestuario: Paula Molina

Escenografía: Paula Molina

Diseño de luces: Osmar Cravino

Funciones: viernes 22hs en Espacio Callejón (Humahuaca 3759)

Sebastián Ackerman/Página 12-Espectáculos

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