
El cantautor cubano Silvio Rodríguez dio este fin de semana los primeros dos de sus tres shows en el Movistar Arena (resta el del martes 21), convocando a un público ávido de canciones simbólicas y textos sociales que pintaron la realidad de América Latina durante las últimas cuatro décadas.
Silvio desgranó canciones nuevas junto a clásicos de su enorme repertorio (tiene compuestas y grabadas más de 600 canciones) ofreciendo un recital pleno de musicalidad y emociones.
Su regreso a nuestro país después de siete años de ausencia (“pido disculpas por eso”, dijo en un momento) no era solo un acontecimiento musical. El público argentino fue a encontrarse con una leyenda de otra época.
Una donde los corazones rebozaban de idealismo y resistencia. Y por eso, quizás más aún que la trovadora argentina Paula Ferré (una de las fundadoras del Movimiento Mujertrova, que abrió el show de Silvio), quienes oficiaron de anfitriones fueron las quince mil almas que llenaron el recinto con una íntima: revivir de alguna manera el recuerdo de aquellos años de fuego de la lucha social. Así el público cantó junto al cubano todos sus clásicos, desde Sueño con serpientes hasta Te amaré, El necio o Canción del elegido.
Estuvo rodeado por un octeto de músicos de primerísimo nivel, cuyo virtuosismo consistía en no querer demostrar ningún virtuosismo. El combo está integrado por dos de los músicos del Trío Trovarroco: Rachid López en guitarra y Máikel Elizarde en el tres cubano. Sumados a ellos el baterista Oliver Valdés, el contrabajista Jorge Reyes, el pianista Jorge Aragón y el vibrafonista Emilio Vega.
Para destacar, el trabajo de las dos mujeres del grupo. La flautista y clarinetista Niurka González, esposa de Silvio desde 2006, es dueña de un fraseo fluido y de un vocabulario musical inagotable. Dato que sumado a la presencia en armonías vocales y por momentos piano de su hija Malva Rodríguez han hecho de esta gira una indudable y muy loable cuestión familiar.
El show del sábado dio comienzo con Ala de colibrí y se extendió por algo más de dos horas. Afectado por un catarro que le alteró las cuerdas vocales (algo evidenciado particularmente en la segunda parte de su recital, pero que no diluyó la emocionalidad de sus interpretaciones), Silvio ofreció varias de sus sus páginas más memorables. Aunque para sorpresa de muchos y quizás por su condición vocal no interpretó piezas muy esperadas, como La maza o Unicornio.
En un clima de ritual tan respetuoso como emotivo, artista y público viajaron a través de todo el universo poético que este maravilloso y prolífico cantautor tejiera durante más de cuatro décadas de labor ininterrumpida.
Si incluso le quitáramos al show su peso específico de simbolismo sociopolítico, si él no interpretase sus clásicos, si no se conectara con su público como lo hace, este sería uno de los mejores shows del año. Por la solidez, originalidad y (falsa) simpleza de los arreglos grupales, por las armonías vocales junto a Malva (una de las voces más origiconsigna nales y distintivas de su generación), por la exquisitez de cada uno de sus músicos y por la calidez que genera desde el escenario.
Durante varios pasajes, la finísima labor de las guitarras de Silvio, Rachid y Máikel les otorgaron una sonoridad única a las canciones ya conocidas, renovándolas desde la raíz. Mientras que el trabajo de base de percusión y contrabajo ofrecía un paño aterciopelado sobre el que recostarse. Piano y xilofón complementándose, un verdadero placer para los oídos. Un aparte para el trabajo técnico, impecable en el sonido.
A mitad del recital Silvio presentó al poeta, periodista y compositor argentino Jorge Boccanera, que comenzó recitando como poema la letra de la canción ¿Será posible el sur? y continuó con varias de sus poesías más resonantes. Porque durante toda la noche, “poesía” fue el nombre del juego.
Tampoco faltó el homenaje a su compañero de ruta Pablo Milanés (murió en Madrid el 22 de noviembre de 2022) a través de una preciosa rendición a dos voces de Yolanda, una de sus páginas más conocidas y celebradas. La segunda parte de la presentación transcurrió con un Silvio algo más herido en lo vocal, pero que supo pilotear (experiencia al hombre no le falta) la nave hasta un muy buen puerto.
Finalmente y más obligado por su dolencia que por el propio deseo, cerró su primera noche con dos bises, Historia de la silla y Rabo de nube. Artista y público quisieron que esto no fuera solamente un show. Y como dice aquella letra se pareció antes bien a una declaración de amor. Eternamente… Silvio Rodríguez.
Eduardo Barone/Especial para Clarín
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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