0-0: Racing mereció más en Arroyito. San Lorenzo festejó con su gente

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Rosario Central y Racing igualaron 0-0 en el estadio Gigante de Arroyito por la segunda fecha del Torneo Clausura. Después de un buen primer tiempo, en el que dominó el local pero las más claras fueron para la visita, la intensidad decayó en la parte final. Este sábado el equipo de Avellaneda recibirá a Tigre, mientras que el domingo el Canalla visitará a River.

No está conforme la gente de Rosario Central con el entrenador Jorge Almirón. La recepción fue fría cuando la voz del estadio lo nombró e incluso hubo silbidos. Es que a pesar de haber logrado la clasificación a octavos de final de la Copa Libertadores, en los últimos partidos no dejó una buena imagen, antes y después del Mundial.

Perdió con Independiente del Valle en el cierre de la fase de grupos, con Estudiantes en la Copa Argentina y con Belgrano en el Clausura. El empate de local ante Racing, aunque dominó gran parte del juego, tampoco conformó, porque además la defensa mostró debilidades. La prueba de fuego será el 13 y el 20 de agosto, cuando defina la llave de octavos con Corinthians.

Juan Pablo Vojvoda sigue invicto desde que asumió Racing. Le ganó a Defensa por la Copa Argentina en el debut y después a Gimnasia en el comienzo del torneo. Y casi hilvana la tercera victoria consecutiva le faltó precisión en la definición en la etapa inicial. Aunque ya no juega copas internacionales (con Gustavo Costas quedó en el tercer lugar de la Sudamericana y fue eliminado), además del campeonato la apuesta está en la Copa Argentina: en octavos de final se medirá con Belgrano.

El desarrollo inicial mostró una dinámica cambiante en el Gigante de Arroyito, donde Racing arrancó con mejor impronta a través de una presión alta e intensidad para asfixiar la salida rival. Sin embargo, con el correr de los minutos, Rosario Central logró adueñarse de la pelota. A través de la tenencia sostenida en tres cuartos de la cancha y buscando lastimar mediante el dos contra uno por las bandas, el Canalla inclinó la cancha y generó algunas situaciones claras, aunque le faltó mayor movilidad y claridad en los metros finales para plasmar ese dominio en la red.

Aprovechando las constantes grietas y lo mal que se paraba defensivamente Central cada vez que se adelantaba, la Academia tuvo tres llegadas punzantes -dos de ellas contras clarísimas- que pudieron ponerlo arriba en el marcador. Pero se lo perdió primero Lautaro Díaz en un contraataque perfecto (la tiró por arriba del travesaño) y sobre el final Solari reventó el travesaño. Díaz tuvo otro mano a mano y definió mal, pero estaba adelantado. Si Racing no se fue al descanso en ventaja, fue pura y exclusivamente por su falta de contundencia en la estocada final.

Angel Di María fue el eje del equipo local, siempre conductor, buscando pases entre líneas, aunque tenía de opción a Cantizano. Lo mejor fue cuando habilitó a Coronel, el centro pasado del lateral lo tomó más Campaz, tiró un centro atrás para Pizarro y llegó Sosa justo a cortar. A pesar del dominio, fue la más clara del local. El contrapeso en la visita lo hicieron Matko Miljevic, de buen partido hasta que salió, y Alejandro Tello en ofensiva y Santiago Sosa, un todoterreno.

El segundo tiempo tuvo menos intensidad y situaciones de gol. Marcó Mallo pero el gol fue anulado por posición adelantada, marcada por el asistente y ratificada por el VAR. En tanto, Racing no encontró tantos espacios para golpear de contraataque. Y así el duelo de Academias quedó en cero.

Oscar Barnade/Clarín-Deportes

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Es todo a pulmón azulgrana. Con la tribuna empujando, con los jugadores metiendo, muy a pesar de sus limitaciones. Bombea el corazón, sobra sangre, falta juego. Pero San Lorenzo va. Y con una guapeada consigue el triunfo. Por el incansable Alexis Cuello, que corrió todas. Por Nicolás Tripichio, que enseña el camino con un pase al vació. Por Gregorio Rodríguez, que mete el centro atrás. Y por Rodrigo Auzmendi, fundamentalmente, el goleador. Porque la peleó siempre, sobre todo en el último tramo del partido, consiguió su primer triunfo del Torneo Clausura.

Y celebraron sus hinchas con el desahogo de la garganta y el aliento. Porque aquí, en el Bajo Flores, todo cuesta más. Ni siquiera jugaron los refuerzos, Juan Pablo Alvarez y Emiliano Amor porque era pretencioso contar a Del Prete, recién llegado. Entre las inhibiciones que lo aquejan, Gorosito se tuvo que arreglar con lo que tenía a mano.

El primer tiempo ofreció juego directo, pocos pases y muchas imprecisiones. En este contexto, Gimnasia mostró un mayor volumen de juego a bordo del 4-3-3 a partir de sus volantes, en especial Fermín Antonini y Facundo Lencioni. No obstante, le costó llegar claro hasta el área de Orlando Gill. Encontró alguna facilidad por afuera, sobre todo por la izquierda, donde Julián Ceballos profundizó, pero las jugadas terminaron sin éxito.

San Lorenzo volvió a presentar un 4-4-2 con la inclusión de Ladstatter a la derecha y Tripichio en el medio, tal cual había jugado en el segundo tiempo contra Lanús. El joven de 21 años fue el más atrevido. Entre tanta mediocridad creativa, al menos encaró, fue punzante e intentó alguna conexión con Cuello. Sin embargo, no generó situaciones claras, con la excepción de una pared con el 9 que terminó en un remate tan débil como sencillo para César Rigamonti.

Volvió a decepcionar Gulli, que arrancó por la izquierda y se soltó para intentar ser el enganche. El chico 20 años estuvo errático, apagado. Y en un juego de ida y vuelta, se perdió en el medio del vértigo que propusieron unos y otros.

Gimnasia tuvo la posibilidad más nítida en los primeros cuarenta y cinco minutos. Fue desde un tiro de esquina que ejecutó Lencioni y cabeceó Ezequiel Muñoz. Entonces, Gill mostró todos sus reflejos, igual que en el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México, para tapar una pelota envenenada.

En el segundo tiempo, Gorosito entendió que necesitaba más desequilibrio, sacó Gulli y apostó a Barrios. También entró Rattalino en el medio, aunque se destacó mucho más por el manejo de la pelota parada. Y de un tiro libre casi lo abre Franco Lorenzón tras un rebote.

Los mendocinos triangulaban mejor, pero no tenían peso en el área. Y los cambios de Franco no funcionaron. Salió Ladstatter, ya no tan gravitante, para que ingrese Rodríguez. Auzmendi merodeaba el gol y metió un tiro en el palo que no hubiera sido convalidado por offside, pero pareció un vaticinio.

Hasta que de tanto insistir, llegó el grito sagrado, los tres puntos y un poco de alivio para un club agitado institucional y económicamente.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

OTROS RESULTADOS

Argentinos Jrs. 3 – Estudiantes (Río Cuarto) 0

Banfield 3 – Sarmiento 2

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