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Tommy Morrison, de la fama de Rocky V a un triste final

Los dos mejores momento de su carrera. La pelea con Foreman y el film con Stallone.

“Rocky V” fue el ocaso de la saga del legendario semental italiano que interpretó Sylvester Stallone. El quinto capítulo de la historia de Rocky Balboa no convenció ni al propio Stallone, pero permitió saltar a la fama a un hombre cuya biografía podría haber dado forma a una película muchísimo más taquillera que la que lo tuvo como actor secundario.

La vida de Tommy David Morrison incluyó buena parte de los clichés a los que el cine suele echar mano pero careció de la dulzura de los finales hollywoodenses: la imagen de su rostro todavía vigoroso y un par de guantes de boxeo adornan la modesta lápida de mármol en su tumba del cementerio Butler Creek de Benton County.

Mientras jugaba al fútbol americano en la escuela secundaria empezó a participar en campeonatos de boxeo no fiscalizados por dinero. Para eso debió fraguar su identidad porque era requisito haber cumplido 21 años para intervenir y él tenía sólo 15. Allí el corpulento Morrison juntó billetes y empezó a mostrar la potencia de su gancho zurdo.

Muy poco transcurrió hasta la incursión en el boxeo rentado: debutó en 1988, a los 19 años. Por entonces se ganó el sobrenombre de Duque ya que en sus primeras entrevistas aseguraba que era sobrino nieto del actor John Wayne (cuyo nombre real era Marion Morrison), a quien lo apodaban de esa manera. Ese supuesto vínculo familiar nunca se comprobó.

En una de las veladas televisadas de 1989 que lo tuvo como preliminarista lo vio Frank Stallone, el hermano de Sylvester, quien buscaba un boxeador de peso pesado para que interpretara el papel de su pupilo en “Rocky V”. Así Morrison llegó a la pantalla grande poniéndose en la piel de Tommy Gunn.

La película lo convirtió en un personaje público y le franqueó muchas puertas, algo que no manejó con prolijidad un muchacho de 21 años a quien le gustaba tanto el boxeo como la actividad nocturna, el alcohol en cantidades industriales y las mujeres. Aun así, en el boxeo estadounidense ya era señalado como la gran esperanza blanca de los pesados.

Su primera chance grande llegó en octubre de 1991 y terminó en una derrota durísima por el cinturón de la Organización Mundial de Boxeo ante Ray Mercer. Se recompuso sin dejar de lado su licencioso estilo de vida y tuvo una nueva oportunidad en junio de 1993 contra George Foreman. Ante un rival de 44 años, Morrison se impuso por puntos en decisión unánime en Las Vegas y se quedó con el cinturón de la OMB. “Fue la única vez que pudimos hacer que estuviera en óptimas condiciones porque Foreman lo asustaba mucho. Y el miedo es un gran motivador”, recordó John Brown, su entrenador y manager.

Su primera defensa debía ser contra Mike Williams, quien también había participado en “Rocky V”. Pero el mismo día de la pelea decidió no presentarse. Lo reemplazó el ignoto Tim Tomashek, que hasta un rato antes del inicio del combate había estado sentado en una de las tribunas comiendo un pancho. Más allá de esa desprolijidad, Morrison se encaminaba a un duelo unificatorio contra el inglés Lennox Lewis, campeón del Consejo Mundial de Boxeo. Estaba ya pactado para marzo de 1994 en Las Vegas y allí lo esperaba una bolsa de 7.500.000 dólares. Se organizó una defensa previa ante Michael Bentt en Tulsa, donde vivía. Apenas 93 segundos vieron sus vecinos. Morrison fue apabullado. “La noche anterior Tommy había ido a un concierto y había estado tomando cerveza”, recordó su tío Trent Morrison. Esa derrota pulverizó Las Vegas, Lewis y el dinero arreglado.

Después de la derrota volvió a Jay, el pequeño pueblo de Oklahoma donde había nacido. Se enfocó en el gimnasio, regresó con siete victorias y un empate y le llegó la chance de pelear con Lewis en octubre de 1995. Pero una vez más decepcionó y perdió.

Incapaz de encauzarlo, su manager Tony Holden se acercó a Don King, quien le propuso un trato millonario por tres peleas. Proyectaba que la última fuera con Mike Tyson. “Pensé que sería una salida fácil; no sabía que la pesadilla recién estaba empezando”, se lamentó Holden. Horas antes de aquel primer combate, la Comisión Atlética de Nevada lo excluyó de la cartelera por dar positivo de VIH en el análisis de sangre obligatorio.

Sus últimos años fueron penosos. El 1° de septiembre de 2013, a los 44 años, Morrison murió en Omaha por un shock séptico y una falla multiorgánica. Pocos amigos y un puñado de familiares estuvieron en el cementerio para enterrar el pequeño cofre con sus cenizas y protagonizar la escena final de una vida de película.

Luciano González/Clarín

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