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Teatro: Revelaciones de una Ilusión, el reencuentro entre Evita y Gardel

Sandra Márquez y el Chino Laborde serán los protagonistas.

No se trata solo de un disco. Es cierto, sí, tiene quince temas, una edición en formato de cd, lámina interna, créditos, arte de tapa, y todo lo que implica tal. Pero Sandra Márquez, hacedora de Revelaciones de una ilusión (Eva canta Gardel), pensó en bastante más cuando concibió la obra. Hizo mucho. La trabajó. Leyó libros. Miró películas. Escuchó programas de radio. Se interiorizó, a través de esos distintos soportes, sobre cómo –por caso– el zorzal criollo defendía la cultura argentina en el exterior, “y vio lo que otros no veían”. También la estudió a Evita. En especial, a través de un libro llamado Cuerpo femenino, duelo y nación (Un estudio sobre Eva Perón como personaje literario) de Viviana Plotnik. “Es extraordinario. Habla de la identificación con Eva, ya sea por su parte ‘santa’ o su parte de ‘puta’: y esto que te enfrenta con la vida y la muerte te aleja o te hace tanto amarla como odiarla”, cuenta Márquez, que también tomó el jugo del poema “Eva Perón en la hoguera”, de Leónidas Lamborghini, para musicalizar la primera revelación llamada “De un mundo”.

No es capricho entonces, con todo ese bagaje detrás, que la presentación del disco sea en clave de concierto performático. Músicos en vivo, cantantes, actores, proyecciones e instalaciones interactivas ensamblarán sentidos el sábado 7 de diciembre a las 18 en un lugar afín: la casa del morocho del Abasto (Jean Jaures 735) hoy transformada en Museo. “Empecé a pensar qué quería decir y qué me apasionaba de estos dos personajes, y con qué lenguajes quería abordarlos. Como conclusión, preferí lo performático al teatro convencional… que ambos dialoguen desde lo musical con un concepto fuerte”, grafica Márquez. Así, tangos, valses, canciones y temas originales especialmente compuestos para la ocasión por Guillermo Fernández y Luis Longhi entroncan con foxtrots, rumbas y boleros arreglados por Agustín Guerrero, Diego Kvitco y Federico Mizrahi. Todos en función de una matriz conceptual que gira en torno a un encuentro imaginario entre Eva y Carlitos. “Yo creo que los dos tenían algo masculino y femenino a la vez. También hay algo en él de diva y en ella, al menos en la etapa de vuelta de su gira por Europa, de muy masculino… de rodete y traje sastre. Trabajé esas cosas, y también sus voces, las voces de otros frente a estas voces, y cómo siguen estas en las voces del otro”, detalla la cantora y actriz.

–Además del principal, hay otros encuentros a lo largo de la obra. El de Charly García con Gardel, a través del encaje que proponés entre “Piano Bar” y “Rubias de New York” para abrir el disco. ¿Fue por esa frase inolvidable de Charly que abre la canción?

–“Rubias de New York, fantasmas de percal”… inmensa, sí. Se me ocurrió como una respuesta de Charly (García) a Charly Gardel. Apareció porque, además de homenajear a los héroes centrales del relato, el disco invita también a Spinetta que, junto con García, entró en mí orgánicamente, y sin pedir permiso (risas). Puntualmente, ese mix es una invitación a entrar a una historia que tiene que ver con el pasado, desde el futuro o el presente. “Piano bar”, además, es un juego con “Tango bar”, la película.

–¿Y cómo cuajó Spinetta en este marco?

Pensé mucho en esto de que Gardel y Evita se quemaron, literal y simbólicamente, que vivieron muy intensamente. Y la única canción en la que Spinetta habla del amor en este sentido es “Estoy atiborrado con tu amor”, donde hacía mucho hincapié en no quemarse. Por otro lado, la relación entre “Asilo en tu corazón” y lo que me preguntas, está en el resumen de a quien le dediqué el disco: los niños, los marginados y los humillados. La La La, el disco que contiene ambos temas, es uno de los preferidos de mi vida. Con él me he formado, he pensado, he crecido; he acompañado momentos inolvidables. En fin, es la reunión de dos grandes dando algo hermoso y maravilloso, muy nuestro, muy tanguero, con el amor en el centro de la obra.

–Otro participado es Discépolo. Escuchar esos temas en el contexto de una obra que mira a Eva invita a imaginarlos juntos, en los primeros cincuenta, sufriendo los embates del odio antipopular de la oligarquía y los contreras.

–Es un diálogo sublime, sí. Son ellos dos ¡cómo abordar el texto tan desgarrado, tan existencialista de Discépolo sin subrayarlo… sin desgarrarse!

–“La gente que es feroz cuando se ensaña”… cuánto dice esa frase de aquella y de esta argentina ¿no?

–Y sobre todo el final del popurrí es tremendo: “Yo siento que mi fe se tambalea, que la gente mala, vive ¡Dios! mejor que yo».

A propósito ¿cómo atravesaste estos cuatro años de macrismo en tu carácter de artista autogestiva?

–La pasé tan mal que la sigo pasando mal. No me puedo alegrar. Viví situaciones muy feas, de mucho maltrato, de juzgamiento, de haber sido acusada de cobrar ciertos subsidios o no haber trabajado, por haber trabajado en el ámbito de la cultura. El tango y nuestra cultura no fueron valorados en el ámbito de la nación. Es más, al principio me leía todos los boletines oficiales para entender lo que estaban haciendo a todo nivel. Luego dejé de hacerlo, luego dejé de leer las noticias, luego de escuchar la radio y en un momento casi deje de informarme, porque me angustiaba todo tanto que no podía soportarlo. La creación, en este contexto, me salvó.

Cristian Vitale/Página 12

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